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OPINIÓN: Tecnología, una oportunidad que el gobierno e inversionistas ignoran

México se encuentra por detrás de naciones con niveles de desarrollo similares en cuanto a la creación de empresas de base tecnológica, comenta Juan Alberto González Piñón.

Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es titular de Emprendimiento e Incubación en la Universidad Panamericana. Desde 2004 ha desarrollado actividades profesionales en gestión de la Innovación, gestión de inversión de capital privado emprendedor, la planeación, organización y conducción de las políticas de desarrollo del financiamiento del emprendimiento, la productividad y la innovación. Las opiniones expresadas en el texto son responsabilidad del autor.

(Expansión) - Actualmente existe una gran brecha entre emprendedores de base tecnológica e inversionistas para el desarrollo de proyectos. De acuerdo con el Conacyt, en México las empresas de este sector fondeadas en etapas tempranas es de 84%, mientras que la tasa de aquellas que no fueron apoyadas es del 20%.

La experiencia refleja que las empresas mexicanas muestran mucha resistencia al desarrollo de proyectos para innovación
Juan Alberto González Piñón

La OCDE señala que, pese a que las instituciones de investigación tienen resultados satisfactorios en producción científica y formación de personal altamente calificado, el país se encuentra por detrás de naciones con niveles de desarrollo similares en cuanto a la creación de empresas de base tecnológica.

La mayoría de los nuevos emprendedores no cuentan con recursos para financiar las etapas tempranas en la creación de empresas tecnológicas. Esta realidad -entre otras causas- se debe a la aversión hacia el riesgo del sistema bancario tradicional, factor que se ve agravado por un débil desarrollo de fondos de capital semilla, que se constituye como la inversión inicial para las empresas basadas en conocimiento.

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Otro factor que acrecienta la brecha entre inversionistas y emprendedores con proyectos de base tecnológica en busca de capital, es la reducida capacidad para evaluar el potencial de nuevos emprendimientos tecnológicos.

Las universidades tienen un rol preponderante en el surgimiento de emprendimientos de alto impacto. En países como Singapur o Alemania se han logrado establecer relaciones estrechas de cooperación en innovación con las universidades, el gobierno, el sector privado y la sociedad.

Lo anterior tiene soporte en la aplicación y transformación del conocimiento científico y tecnológico en soluciones reales a problemas concretos de la sociedad, vía la generación de nuevas tecnologías que se comercializan a través de empresas de alto impacto surgidas de centros de emprendimiento universitarios.

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En Finlandia, por ejemplo, los estudiantes titulados terminan su tesis en coordinación con una empresa, creando un enérgico flujo de ideas e intercambio de conocimientos. Las investigaciones de universidades se ven cada vez más cristalizadas en proyectos de spin-off realizados con la iniciativa privada, incluso las incubadoras de negocio ya son una constante en cualquier universidad.

Pero en México la escasa cartera de patentes para apoyar la creación de productos de base tecnológica restringe y limita su capacidad de acumular activos intangibles en forma de invenciones. Además se han reducido considerablemente los incentivos para que los investigadores y sus instituciones participen en la creación de empresas spin-offs.

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De acuerdo con la revista América-Economía, en 2006 las cinco empresas más grandes del mundo eran: ExxonMobil, General Electric, Microsoft, Citigroup y Bank of America. En el verano de 2018 el mismo ranking solo mantuvo a Microsoft e incluyó a Apple, Amazon, Google y Facebook.

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Las empresas cambian e innovan en respuesta a eventos como movimientos de la competencia, cambios en la tecnología, malos resultados financieros o nuevas demandas de los clientes. Justamente aquí es donde la vinculación con las universidades adquiere sentido para tratar de crear un nuevo producto, diseñar una tecnología prometedora o asegurar la entrada exitosa en un nuevo mercado.

La experiencia refleja que las empresas mexicanas muestran mucha resistencia al desarrollo de proyectos para innovación. El riesgo, la incertidumbre y la falta de confianza en el mercado han hecho que la cultura innovadora en las organizaciones no prospere como sería deseable

A diferencia de los proyectos de cualquier índole técnica, arquitectónica o industrial, los proyectos de investigación y desarrollo se caracterizan por el grado de incertidumbre asociado al riesgo de lograr el objetivo de los mismos. Sus resultados pueden dar origen a soluciones radicales; ser modificaciones de algo ya existente; localizarse en productos o en procesos; orientarse hacia el consumo, la industria o el gobierno, o estar basados en tecnologías compuestas.

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Si no hay inversionistas con experiencia en el manejo de emprendimientos de base tecnológica, es necesario crear mecanismos que incentiven ese aprendizaje. Un ejemplo de ello son los fondos de capital semilla públicos, que invierten en proyectos tecnológicos en etapas tempranas como contribución a la entrada de inversionistas privados a esos emprendimientos.

Por ello las incubadoras asociadas a universidades o centros de investigación deben asegurar la calidad de los proyectos para hacer una selección de los emprendedores de acuerdo con sus características personales y capacidades profesionales.

En ese sentido, es una oportunidad para que el gobierno mexicano y el sector empresarial impulsen el desarrollo de la industria de capital de riesgo orientado a la fase de validación técnica y comercial en etapas tempranas. Esto permitiría enlazar el flujo de proyectos tecnológicos con la cadena de financiamiento para estos proyectos, atacando simultáneamente los problemas de oferta y demanda de financiamiento.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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