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OPINIÓN: La ausencia de Trump en Davos fue una buena decisión

Parece que el mandatario es incapaz de distinguir entre los grupos que merecen que los ignore y aquellos que hay que preservar, comenta David A. Andelman.

Nota del editor: David A. Andelman es investigador visitante del Centro para la Seguridad Nacional de la Escuela Fordham de Derecho y director de su Red Lines Project. También colabora con CNN. Sus columnas le valieron el Premio Deadline Club 2017 al Mejor Artículo de Opinión. Escribió el libro A Shattered Peace: Versailles 1919 and the Price We Pay Today y tradujo el libro An Impossible Dream: Reagan Gorbachev and a World Without the Bomb, de Guillaume Serina. Fue corresponsal internacional del New York Times y de CBS News. Síguelo en Twitter como @DavidAndelman. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - Este martes 22 de enero, el mundo de la riqueza, el privilegio y la fama coinciden en Davos, el opulento centro vacacional suizo al que unas 3,000 personas hacen su peregrinación anual para felicitarse por sus logros y pintar un panorama que, para muchas personas, parece cada vez más ajeno a la realidad mundial.

Si Trump no es capaz de apegarse a los objetivos, tal vez el mundo tenga que encontrar una manera de perseverar sin él
David A. Andelman

Este año, hay una silla vacía. Varias, de hecho, porque ni Donald Trump ni la delegación estadounidense asistirán a las reuniones programadas. Los secretarios del Tesoro, Steven Mnuchin; de Estado, Mike Pompeo; de Comercio, Wilbur Ross; y el representante de comercio, Robert Lighthizer (sin mencionar a sus equipos de seguridad), se quedarán en casa. Es por el cierre de la administración, ya saben.

En realidad, el tema proclamado de la reunión de este año —Globalización 4.0, "que convoca a 3,000 líderes de todos los sectores de la sociedad para moldear una nueva arquitectura global", como lo delinearon los organizadores— podría tener algo que ver con la decisión de Trump de no asistir. A nadie le sorprende que la antipatía de Trump al concepto de la globalización lo lleve a rechazar la invitación en nombre de todo su gobierno. En su universo, la globalización es anacrónica y el nacionalismo (Estados Unidos es primero) reina sobre todas las cosas.

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Pero resulta (y esto parecerá una herejía a muchos de mis lectores) que la decisión que Trump tomó en este caso es la correcta, aunque sea por las peores razones y con poca comprensión de los principios que deberían guiar sus decisiones.

Es verdad que Trump tiende a evitar prácticamente cualquier evento en el que no sea claramente el centro de atención. Lo demostró en su paso petulante por París, en noviembre pasado, durante el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, cuando los líderes de gran parte de Europa se reunieron para rendir tributo a este momento clave de cooperación para derrotar a la tiranía. Trump rechazó un viaje a un cementerio de guerra estadounidense y desdeñó a otros líderes mundiales, particularmente a su anfitrión, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien apeló a las fuerzas de la globalización. Además, su conducta en varias cumbres internacionales, como el G7 y el G20, ha sido muy parecida.

El problema es que parece que Trump es totalmente incapaz de distinguir entre los grupos que merecen que los ignore o los rechace y aquellos que hay que preservar; el costo de una mala decisión es potencialmente incalculable.

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Desde hace mucho creo que muchas de las reuniones mundiales tienen como objetivo satisfacer los egos de sus fundadores y sus asistentes, pero no tienen una meta auténticamente positiva ni logran algo definido. Davos ciertamente tendría que encabezar esta lista. Además, hay toda una serie de clones de Davos y en algunos incluso se han robado el nombre, para el disgusto de los "verdaderos" organizadores de Davos.

"Davos en el Desierto", en Riad, el año pasado, fue uno de los clásicos y estuvo diseñado para pulir la imagen del príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán luego de que se afirmara que había tenido que ver en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi (acusaciones que niega vehementemente).

Sin embargo, he asistido a varios foros similares. En Venecia se llevaba a cabo una reunión anual, que durante años organizó el finado director de Fiat-Chrysler, Sergio Marchionni, en donde conocí a toda clase de personas interesantes, pero cuyos resultados fueron mínimos. También hay una reunión anual de altos funcionarios, titanes corporativos y premios nobel en Kioto, en donde examinan temas de ciencia y tecnología.

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Cada uno de estos eventos promueve, de una forma o de otra, un ideal de globalización que podría ser totalmente loable. Pero, como lo indica una simple búsqueda en Google, pocas tienen efectos importantes en cuanto a visibilidad o resultados.

Hay una necesidad urgente de distinguir entre "una fiesta de pompa y lugares comunes", como Andrew Gowers, del Sunday Times de Londres, llamó a Davos, y las organizaciones y reuniones mundiales que producen resultados tangibles, sobre los que se puede actuar para proteger la vida en nuestro planeta o la democracia como ideal social y político.

De alguna manera, parece que Trump es incapaz de distinguirlos. Una de las primeras acciones del presidente de Estados Unidos fue retirarse del Acuerdo de París para el Clima. El pacto de la COP21, al que se llegó en París en 2015, en una asamblea de 195 países, es un acuerdo mundial sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y proporciona al menos un objetivo para cada país.

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Trump también ha amenazado, en incontables ocasiones, con retirarse de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que ha garantizado la seguridad de Estados Unidos y Europa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. También está el acuerdo nuclear con Irán, un tratado sobre misiles de alcance intermedio con Rusia, y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, todos ellos producto de reuniones internacionales intensas. Cada una dio resultados reales y tangibles y han servido su propósito admirablemente. Trump las rechazó todas.

Entonces ¿cómo hará Trump (o en todo caso, cualquier líder mundial) para distinguir entre las reuniones que vale la pena respaldar y las que vale la pena pasar por alto?

Las mejores reuniones son las que producen un plan de acción o un objetivo alcanzable. Las reuniones de la OPEP, de las cuales he cubierto varias, al menos han dado cierto grado de certidumbre, si no es que estabilidad sostenible, a los mercados petroleros mundiales. Las reuniones anuales del FMI y del Banco Mundial ofrecen servicios similares para los mercados financieros mundiales y los proyectos de desarrollo. Además, hay reuniones regionales, como las de los bancos de desarrollo de Asia y África. Otras, como la OTAN o la Organización del Tratado del Sudeste Asiático (SEATO), brindan seguridad regional o mundial.

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Lo principal es que cada una funciona dentro de un marco de globalización y una falta de egoísmo o engrandecimiento que, al menos por el momento, parece que contradice totalmente todo lo que Trump aprecia.

Si Trump no es capaz de apegarse a los objetivos o de participar en las actividades de estas organizaciones, tal vez el mundo tenga que encontrar una manera de perseverar sin él. Tal vez, a final de cuentas, Davos sirva a un propósito real: ser una prueba de ácido muy ilustrativa.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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