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Nuestras Historias

El monopolio contra-ataca: El plan para Pemex

Al pensar en Pemex, pienso en Darth Vader, una presencia que algunos amamos odiar y que odiamos amar, dice Miriam Grunstein.
vie 26 julio 2019 09:00 AM
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Darth Vader (der) es un personaje y padre temido en la saga de Star Wars.

(Expansión) - Un ejercicio que entretiene mucho a los jóvenes en clase consiste en que busquen una película o un personaje como emblema para un fenómeno o evento económico y social. Al pensar en Pemex, la que escribe piensa en el lado oscuro de la fuerza, en Darth Vader, en una presencia que algunos amamos odiar y que odiamos amar. Y se nos enchina la piel cuando, al mirarlo a los ojos, nos dice con voz cavernosa: “Yo soy tu Padre.”

Para bien o para mal, Pemex ha sido el padre de la industria nacional pero, como el ocio, también la madre de todos nuestros vicios. A él le debemos que, por más de 80 años, en este país haya habido hidrocarburos para exportar y para consumo nacional.

Pemex ha sido el colchón de los evasores fiscales, de todos los tamaños y suertes. También fue el conquistador de varias ciudades petroleras. Quien es de Coatzacoalcos, Ciudad del Carmen o de Poza Rica es ciudadano pemexiano más que otra cosa.

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El lado oscuro es que la vista a través del cristal de la abundancia ha causado distorsiones en la percepción de nuestro potencial petrolero. México ha sido un productor relevante, no colosal, en términos relativos. Gracias a Cantarell, en 2005 México se situaba entre el “top ten”de los países productores con alrededor de 3.4 millones diarios. En ese momento, Estados Unidos producía 5.7, que no eran suficientes barriles para su consumo nacional. De ahí que México, teniendo producción sobrante, exportara a Estados Unidos. Esos fueron los tiempos en que ellos codiciaban lo nuestro. Ya no es así.

Hoy, al otro lado del río Bravo, brotan 13 millones de barriles de crudo equivalente, mientras de nuestra tierra brotan tan solo 1.6. Desde hace un poco menos de una década las empresas privadas de allá rompieron la barrera de las lutitas y nos dejaron atrás. Nosotros, que defendíamos celosamente nuestra riqueza petrolera, ahora debemos vivir con la preocupación de que, en una de esas, nos quedemos sin nuestro comprador más importante. Y es que estamos en el peor de los mundos posibles: con un monopolio en casa y un monopsonio de vecino.

Es tan malo para el país carecer de distintos oferentes, como tener un comprador casi único que, además, nos desprecia. Hace unos días la Secretaria Nahle afirmó que somos un país “petrolero” con una riqueza irrenunciable. La realidad es que somos un país productor con reservas decrecientes en un mercado muy competitivo, con precios bajos.

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De nada de esto parece haberse tomado nota en el recién lanzado Plan de Negocios de Pemex, nuestro padre envejecido, al que mantenemos vivo con respiración artificial. ¡Vivo se lo llevaron los distintos gobiernos! ¡Vivo lo queremos!

¿De verdad? ¿En serio buscamos la sobrevivencia de Pemex? ¿O acaso este gobierno pretende que el monopolio prevalezca, aun a costa del mismo? Porque dejarlo solo con la producción en caída libre, en campos con una promesa limitada, es desconectarlo del oxígeno, a Pemex y a México. Más aún si tiene que llevarse a cuestas una refinería cuya racionalidad económica, financiera y comercial es hasta el momento invisible. ¿Dónde, por piedad, está el “plan de negocios,” para el rescate de Pemex?

Lee: S&P ve en el Plan de Negocios de Pemex un regreso “casi monopólico”

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