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Sin respuesta ante la tendencia recesiva, aún hay tiempo

El país se reinventa, políticamente, cada seis años con un solo resultado conocido: estancamiento económico y precarización social, opina José Luis de la Cruz.
jue 24 octubre 2019 01:06 PM
Desaceleración económica
El costo social de frenar la economía siempre es elevado, particularmente para una sociedad atrapada por la trampa de pobreza, por la precarización de su mercado laboral y de sus empresas, considera José Luis de la Cruz.

(Expansión) – Sin un cambio en la estrategia de política económica, la sociedad y empresas nacionales enfrentarán un escenario similar al de otros momentos en los últimos 50 años: desaceleración que se transforma en recesión y ante lo cual la respuesta es una reforma fiscal recaudatoria que termina por limitar, aún más, la capacidad de crecimiento económico y que redunda en mayor precarización social.

En agosto se ha confirmado el grado de debilidad de la economía mexicana: el IGAE cayó (-) 0.4% respecto al mismo mes del 2018.

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La consecuencia es clara: el IGAE únicamente creció 0.06% en los primeros nueve meses del sexenio, una cantidad similar a la observada en el periodo enero-agosto del 2019. El menor crecimiento para el inicio de un sexenio desde el observado en 1995.

Además de representar la segunda caída consecutiva del IGAE, con el resultado de agosto se confirma que la dinámica negativa se ha convertido en la parte dominante de la economía: es el tercer resultado negativo en los últimos cuatro meses y el cuarto en el último semestre: el promedio de crecimiento del IGAE en el semestre marzo-agosto es de (-) 0.2%. Con ello se confirma la tendencia recesiva de la economía.

Durante los primeros ocho meses del año, las mayores afectaciones se encuentran asociadas a la actividad industrial: se encuentra en recesión con un promedio de crecimiento de -1.7%. Además, acumula 11 meses de caídas consecutivas.

Durante el periodo enero-agosto, el sector de los servicios registra una pérdida de fuerza: el comercio al por mayor retrocedió (-) 1.3%, transportes, correos y almacenamiento; información en medios masivos sólo aumentó 0.2%, los servicios educativos; servicios de salud y de asistencia social disminuyeron (-) 0.2%, las actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales y extraterritoriales bajaron (-) 3.3%.

Por su parte los servicios de esparcimiento culturales y deportivos, y otros servicios recreativos; otros servicios excepto actividades gubernamentales crecieron 0.6% y los servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas 0.4%.

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En resumen, de los principales componentes del IGAE sólo cuatro crecen más del 1%, 10 crecen menos de 1% o tienen tasas negativas.

Con ello se puede confirmar que la tendencia recesiva se ha exacerbado: el ciclo de la economía sigue a la baja, no se ha tocado fondo y a ello se debe agregar la caída de la capacidad potencial de la industria, una situación que provocará una afectación estructural para el crecimiento económico futuro de México.

En este sentido se debe recordar una lección de la historia del país que ha sido muy clara: la mayor parte de la factura de una recesión económica se recarga sobre la espalda de los trabajadores y de las empresas.

Ante las crisis reiteradas es ampliamente conocido que, durante los últimos 50 años, los sucesivos gobiernos han asegurado su ingreso haciendo cambios fiscales para elevar la recaudación tributaria, aunque ello únicamente ha elevado la magnitud del freno económico.

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El costo social de frenar la economía siempre es elevado, particularmente para una sociedad atrapada por la trampa de pobreza, por la precarización de su mercado laboral y de sus empresas, y por la falsa división creada por ideologías que evitan la creación de acuerdos que prioricen el desarrollo de México.

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El país se reinventa, políticamente, cada seis años con un solo resultado conocido: estancamiento económico y precarización social.

Aún es tiempo de romper con ese círculo vicioso. Lo único que debe priorizarse son los resultados: crecimiento que genere oportunidades de inclusión y movilidad social.

El Gobierno de México tiene la oportunidad de romper con esa inercia si se realizan las modificaciones pertinentes al Paquete Económico que se encuentra en el Congreso de la Unión: el fomento a la inversión, la protección y la generación de empleo formal, así como el impulso al crecimiento económico deben ser una prioridad, de otra manera el 2020 no sólo repetirá la historia que el IGAE ha presentado: México pasa de la desaceleración a la recesión.

Nota del editor: José Luis de la Cruz Gallegos es Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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