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Nuestras Historias

En México no morimos, dejamos de existir cuando los que nos quieren nos olvidan

No tiene caso hacer una ofrenda si no podemos exigir, así como evitar que cientos de niñas, niños, hombres y mujeres mueran de forma injusta cada día, opina Jimena Cándano.
vie 30 octubre 2020 11:59 PM

(Expansión) – Los mexicanos vivimos de la mano con la muerte, desde tiempos prehispánicos caminamos a su lado, nos burlamos de su existencia, le tememos, pero la desafiamos y al final comulgamos con ella.

Sabemos que la “calaca” se ha llevado a nuestros seres queridos, pero también que no mueren mientras no los olvidemos, por eso, cada año preparamos la ofrenda, con el objetivo de guiarlos en su regreso a casa, para poder compartirles aquello que tanto les gustaba.

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Deseamos transmitir a los más chicos los recuerdos de aquellos que se adelantaron, contar anécdotas, recordar historias; en pocas palabras, mantenerlos vivos en nuestra memoria y en la de los jóvenes.

Es importante tener una buena ofrenda que tenga agua para calmar la sed, así como depurar el alma; sal para purificar el cuerpo, con el que harán el viaje de ida y vuelta; veladoras para alumbrar su camino; copal para espantar a los malos espíritus; las tradicionales flores para guiarlos; los alimentos favoritos de las almas que esperamos; fotografías de las personas amadas y, por supuesto, las calaveras de azúcar junto con el pan de muerto.

Cada 1 y 2 de noviembre los mexicanos invitamos y esperamos a nuestros difuntos, los grandes y pequeños, deseando convivir con ellos, aunque sea una noche más, así mantener vivo su recuerdo para siempre. Cada año nos burlamos de la muerte, hacemos “calaveritas” con rimas burlonas, bailamos con ella y los difuntos.

Por desgracia, en los últimos años, convivir con la muerte en nuestro país se ha vuelto una realidad diaria y no anual. Una de las principales causas de muerte en nuestras y nuestros jóvenes es la violencia, 10 mujeres mueren al día a manos de un hombre por el simple hecho de ser mujeres.

Las madres se han tenido que organizar para buscar cuerpos en fosas clandestinas porque las autoridades no lo hacen. Han tenido que cambiar las fotos de las ofrendas para usarlas en las marchas, en las redes y en cualquier otro medio que sirva para encontrar a tantas y tantos desaparecidos en nuestro país.

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La pandemia causó una crisis de salud mental y violencia doméstica, según OPS

Este año, con la pandemia, hemos perdido a más de 200,000 mexicanos, todas y todos con nombre y apellido, hermanas, hermanos, hijos, hijas, padres, abuelos, abuelas, tíos, tías, amigas, amigos. Han sido tantas personas las que han fallecido, que nos han querido hacer verlos solo como una cifra, un número que crece día con día y, pese a esto, no hemos podido hacer un cambio de estrategia para evitarlas o reducirlas.

En México mueren a diario entre 300 y 600 personas por COVID-19, según cifras oficiales, pero por exceso de mortalidad podríamos multiplicarlas por 3, lo cual nos da entre 900 y 1,800 personas que pierden la vida cada día a causa de la epidemia.

En contraste, aproximadamente 100 personas mueren cada día víctimas de la violencia, 10 mujeres son víctimas de feminicidio, esto sin contar a las personas que mueren por falta de medicamentos y atención médica, por falta de alimento o por vivir en condiciones infrahumanas.

Son demasiadas las muertes diarias en nuestro país, las cuales podrían ser prevenidas. La parálisis del gobierno, la desidia, la corrupción y la ignorancia son cómplices de estas muertes, mientras que los mexicanos poco a poco hemos ido acostumbrándonos a los números, mirando hacia otro lado, volviéndonos también cómplices.

La muerte nos ronda y, sin duda, es la única certeza que tenemos en este mundo tan incierto, pero no podemos dejar de levantar la voz por aquellos que se han ido antes de tiempo, sobre todo porque, como sociedad, pudimos prevenir su muerte.

No tiene caso hacer una ofrenda si no podemos exigir, así como evitar que cientos de niñas, niños, hombres y mujeres mueran de forma injusta cada día.

No morimos mientras alguien nos recuerde, tampoco desaparecemos mientras alguien siga levantando la voz en nuestra memoria. Es nuestro deber recordar y seguir exigiendo justicia por los que ya no están y prevenir que niñas, niños, jóvenes, hombres y mujeres mueran cuando puede ser evitable.

Nota del editor: Jimena Cándano estudió la licenciatura de Derecho en la Universidad Iberoamericana. Obtuvo el grado de Maestría en Administración Pública con enfoque en Desarrollo Comunitario y Transformación Social en la Universidad de Nueva York. Actualmente es la Directora Ejecutiva de la Fundación Reintegra. Síguela en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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