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Responsabilidad Social de las Empresas… ¿una leyenda urbana?

En una situación como la que enfrentamos en estos momentos, además de la salud y la economía, se sacuden las prioridades y con ellas, las estrategias, señala Lilia Patricia López-Vázquez.
mié 11 noviembre 2020 11:57 PM

(Expansión) – En el momento en que la pandemia llegó a México, se hizo evidente que la crisis sanitaria derivaría en una crisis económica sin precedentes y ante la falta de una política pública clara y sostenible en ambos casos, se desató un “sálvese quien pueda” entre los actores económicos del país.

Los primeros cuestionamientos hacia las medidas tomadas en las empresas para contener costos en la búsqueda de su permanencia en el mercado fueron sobre su responsabilidad con la sociedad.

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Desafortunadamente, la responsabilidad social de las empresas sigue siendo solo un concepto que cada quien comprende y adopta según su mejor entender y permanece como un lineamiento de adhesión voluntaria.

Hay empresas que por el simple hecho de cumplir con las obligaciones mínimas de ley con sus trabajadores y pagar algo de impuestos se consideran así mismas socialmente responsables, como si no operar de manera ilegal fuera un mérito.

Otras más tienen tibias iniciativas de uso de materiales de empaque biodegradables, pero no atienden de manera integral la sustentabilidad de sus procesos productivos o bien, ignoran su impacto social.

Las certificaciones y distintivos resultan un incentivo comercial para sumarse a este tipo de iniciativas, tanto porque estimulan la buena reputación entre los consumidores como por abrir la posibilidad de integrarse a cadenas productivas de mayor escala, las cuales reciben mayor presión social para actuar de manera responsable.

Y el primer reclamo es justo ese: la mercantilización disfrazada de buena voluntad. Justo ahí es donde empieza el escepticismo, ¿realmente las empresas socialmente responsables existen o son solo una leyenda urbana?

Para entender la posición de las empresas respecto a la responsabilidad social nos sirve hacer una traspolación de la pirámide de necesidades de Maslow a las organizaciones. La responsabilidad social, en su forma de reputación positiva es una aspiración de la empresa que surge una vez que logra el nivel de estatus o de reconocimiento social, es decir, después de que la empresa haya garantizado su operación diaria y su subsistencia en el mediano plazo, además de lograr un posicionamiento en la mente y el presupuesto de sus consumidores.

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La consciencia de la empresa como un agente de creación de bien común sólo tendrá oportunidad de aparecer cuando el prestigio de la compañía se haya arraigado en su mercado, pero, sobre todo, en su autopercepción.

Pero en el caso de México, muchas empresas ya se encontraban en una situación complicada aún antes de la pandemia, de tal suerte que enfrentan dilemas complejos en la búsqueda de su supervivencia.

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Cuando no hay flujo de efectivo suficiente para completar la nómina y las presiones de los acreedores se intensifican, es difícil poner la mirada en el largo plazo; la atención está en resolver lo inmediato, satisfacer las necesidades más apremiantes y el panorama parece achicarse frente a los ojos.

Aquí, cualquier intención genuina por poner en primer lugar el bien común se pone en pausa, pues quien no está en posibilidades de resolver lo corto, difícilmente podrá hacerlo con lo largo. Y más cuando la propia política pública saca de la ecuación la sostenibilidad del bien común para atender solo lo clientelar, lo inmediato.

Muchas empresas, aún con gran propósito trascendente y un fuerte compromiso social, se enfrentan a que de golpe y porrazo han regresado al nivel de supervivencia, y se ven forzadas a tomar decisiones difíciles para que no se hunda el barco.

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Así, en una situación como la que enfrentamos en estos momentos, además de la salud y la economía, se sacuden las prioridades y con ellas, las estrategias. Pero al pasar la tormenta y recuperar el horizonte, quizás la leyenda de la responsabilidad social empresarial podrá resurgir con la consciencia que trae la lucha por sobrevivir.

Nota del editor: Lilia Patricia López-Vázquez es profesora de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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