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Nación ESG y México: ¿socio o patio trasero?

Podemos ser socio y colega de nuestro poderoso vecino en el salto que puede dar hacia una economía consecuente con los desafíos del Siglo XXI o quedarnos atrás, opina Rodrigo Villar.
sáb 28 noviembre 2020 12:00 AM

(Expansión) – Como comentamos en el artículo anterior sobre las buenas noticias del Plan Biden, a la inversión de impacto y ESG le espera un crecimiento a tasas exponenciales en Estados Unidos. Las estrellas se alinean: la coincidencia entre el mundo del dinero, que ya apuntaba en ese sentido, con el del poder político (al menos en la Casa Blanca) es capaz de detonar sinergias incluso revolucionarias para el capitalismo norteamericano.

El que allá pueda darse esa sintonía entre los intereses del capital con los de la sociedad, la naturaleza y los gobiernos, es una oportunidad irrepetible para México como reflejo y ejemplo, aunque también puede ser una fuente más de problemas si nosotros vamos en reversa.

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Podemos ser socio y colega de nuestro poderoso vecino en el salto que puede dar hacia una economía consecuente con los desafíos del Siglo XXI o quedarnos atrás, en nuestra propia polarización y estancamiento, con esa imagen deshonrosa de patio trasero, atascados en la economía del Siglo XX o del XIX, en el carbón, el petróleo y las ideologías obsoletas que ponen en bandos contrapuestos a los sectores privado, gubernamental y social, en vez de hacer que trabajen juntos.

No es solo la llegada de un “Presidente verde”. Cuenta mucho su plan de infraestructura de 2 billones de dólares con énfasis en el cambio climático, las energías renovables y los vehículos eléctricos, para poner rápidamente a su país al corriente ante el avance de la Unión Europea e incluso de China, que se les adelantó en el compromiso para la neutralidad de carbono. Pero la significación está en la empatía con el contexto y una tendencia fundamental en los mercados.

A fines de 2019 había unos 120,000 millones de dólares en activos sustentables solo en Estados Unidos; este año ha sumado 60,000 millones, no a pesar de la pandemia, que en realidad fortaleció un proceso emparentado con el manifiesto de 2019 por el stakeholders capitalism de la Business Roundtable, para redefinir la responsabilidad de la corporación más allá del valor accionario; del muy leído ensayo que publicó el gurú de los fondos de cobertura Ray Dalio: “¿Por qué el capitalismo necesita ser reformado?”; y la aún más influyente carta 2020 a los CEOs de Larry Fink, de BlackRock, que anunció una transformación profunda en el análisis y la conformación de los portafolios de inversión en función de criterios socioambientales.

Es la misma corriente que hizo de Elon Musk, icono del emprendimiento de impacto ambiental, la segunda persona más acaudalada, ante el ingreso de Tesla al S&P 500. La misma que, hacia la izquierda del arco político, explica por qué una política como Alexandria Ocasio-Cortez y su llamado a un green new deal tienen cada vez más seguidores.

Durante ese tiempo, además, se presentaron las protestas masivas de grupos marginados tras el homicidio de George Floyd en Minneapolis y otros incidentes de violencia racial, empujando en la misma dirección: a la necesaria confluencia.

Y todo eso durante la administración Trump, que mantuvo una postura reaccionaria lo mismo en materia ambiental que de diversidad, con apuestas como respiración artificial a la industria del carbón y alentar la división social para sacar raja política.

Ahora pensemos en lo que puede venir con esos temas en el corazón de la agenda y una política pública nacional ex profeso, de entrada, en materia ambiental y de justicia social, y potencialmente para detonar la economía de impacto.

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Acciones, retos y cambios en el sector financiero en la nueva normalidad | #CómoReactivarMéxico

Si la fórmula Biden-Harris hizo campaña sobre cuestiones como cambio climático, inclusión, equidad, diversidad, derechos humanos y responsabilidad de las empresas, y éstas venían trabajando en los mismos factores o se han visto presionadas en ese sentido lo mismo por accionistas que por sus consumidores, es clara la oportunidad.

Las premisas son claras: el gobierno no puede resolver por sí solo esos problemas; el sector privado tiene un rol no sólo fundamental, sino corresponsable; si surgen obstáculos presupuestales en el Congreso para fondear los proyectos de Biden, se puede complementar con inversión privada de impacto y ESG, máxime en un entorno de tasas cero o negativas, como las que incluso ya consiguió China.

¿Qué viene? Entre otras cosas, podríamos ver la estandarización de las divulgaciones corporativas de responsabilidad socioambiental y en los reportes financieros, con el involucramiento de la SEC. Algo en lo que el sector financiero, de hecho, ya viene avanzando con proyección internacional. Incluso con cierta urgencia, porque no se trata sólo de portarse bien, sino de compliance y de prepararse para un nuevo paradigma de la inversión: riesgo-rentabilidad-impacto.

Por una parte, regulación y desincentivos para la economía del carbón; por otra, estímulos para la sustentabilidad. Lo mismo revivir la Oficina de Innovación Social y Participación Cívica cerrada por Trump que acabar con la incertidumbre arancelaria que redujo el crecimiento vertiginoso de la industria solar por el encarecimiento de insumos de China y de México.

En suma, adquiere consistencia la visión de un capitalismo ESG y de una ESG Nation.

¿No puede ir en México por su propio boom de inversión de impacto? La promesa de renovación en Estados Unidos de la forma en que los sectores público y privado pueden hacer equipo para resolver problemas y habilitar inversiones con rendimiento financiero y socioambiental debería inspirarnos para superar la desconfianza, la obstinación ideológica y la vía de la imposición, que sólo traerán atraso, erosión de la inversión y pobreza.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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