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México contra la inversión y la responsabilidad climática

El año pasado, los activos ESG recurrentemente lograron mayores retornos que los convencionales, mientras el mercado de bonos verdes entró en auge, señala Rodrigo Villar.
sáb 06 febrero 2021 12:03 AM

(Expansión) - Predecir a los mercados siempre es complicado, pero en contextos de incertidumbre y volatilidad puede ser imposible, así que seguir principios elementales de la inversión suele ser una buena idea: enfoque de largo plazo, portafolios diversificados de bajo costo e incluso evitar mirar obsesivamente las fluctuaciones del estado de cuenta.

No es suficiente para una mesa de dinero o fondos de cobertura, pero para el resto de los mortales generalmente funciona, lo mismo para el patrimonio de una familia, el crecimiento de una empresa o el desarrollo de un país.

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A partir de esos principios también es factible explicar, en retrospectiva, comportamientos de los mercados que en su momento parecieron irracionales. Como que el S&P 500, tras caer 33% en marzo, no sólo se recuperó, sino que cerró el año con un rendimiento de 16%, a pesar de la agudización de la pandemia y las elecciones por la Casa Blanca.

Como hemos comentado en este espacio, hay razones de largo plazo que inciden en esa tendencia alcista que puede prolongarse por un buen tiempo, aunque la incertidumbre persista en lo inmediato.

Si por un ataque de pánico alguien apostó a la baja en abril, pudo perder hasta la camisa. Lo mismo puede pasarle a México si, en lugar de ver a futuro, se toman decisiones desde las obsesiones y las confusiones del pasado, tras el prisma ideológico y el cortoplacismo de la política partidista.

Ya hablamos del boom del emprendimiento digital y quedamos de abordar otros dos propulsores: la revolución de la inversión de impacto y el cambio climático. Ante la retrógrada iniciativa de reforma eléctrica que acaba de presentar nuestro gobierno, se justifica modificar la secuencia para remarcar la divergencia frente a la ola de inversión en el mundo para la transición energética en la que confluyen gobiernos, empresas y ciudadanos.

En México, el riesgo es que las causas que han frenado la inversión desde la segunda mitad del 2018 se confirmen como tendencias de largo plazo y, por ello, razones de fondo no sólo para pausar proyectos, sino cancelarlos y buscar mejores opciones en otros países: retroceso tecnológico, ambiental, jurídico y democrático, congruente con una nación que se empobrece, atrasa y aísla, andando en sentido contrario de la avenida.

La Unión Europea va por 240,000 millones de dólares en bonos verdes; China se comprometió con una economía con cero neto de emisiones de carbono para 2060; Japón y Corea del Sur para el 2050, y lo mismo acaba de hacer Estados Unidos, como prioridad estratégica de la administración Biden.

Todo en el contexto del año más cálido en la era moderna, además del récord en concentración de dióxido de carbono en la atmósfera a pesar de la reducción en el uso de combustibles fósiles por la pandemia.

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El año pasado, los activos ESG recurrentemente lograron mayores retornos que los convencionales, mientras el mercado de bonos verdes entró en auge, al grado que ya hay una especie de “prima verde” que pagan los inversionistas respecto a los bonos convencionales, lo que ha permitido a muchos países, incluyendo México, lograr tasas más accesibles para su deuda.

No es difícil entender la racionalidad de la iniciativa Net Zero Asset Managers que firmaron 30 de las mayores firmas de inversión para ir borrando la huella de carbono de sus portafolios. Son previsibles las implicaciones en las prioridades y las prácticas de inversión de corporaciones de todos los sectores, máxime cuando se da por descontada la ampliación de obligaciones de divulgación de cumplimiento socioambiental en los estados financieros.

Lo piden los accionistas, ahorradores y pensionados a los gestores de fondos, electores a políticos, reguladores a empresas, la generación Y en sus hábitos de consumo.

Habría que ir más rápido: para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París y evitar los peores efectos del cambio climático se requieren inversiones en infraestructura por 90 billones de dólares. Pero cómo no advertir la tendencia: sólo viendo a otra parte, como nuestro gobierno.

Pareciera que se nos quisiera poner a la vanguardia contra la inversión y, de paso, de la irresponsabilidad frente al mayor desafío de la humanidad. Ahora con un proyecto de ley con patentes problemas de retroactividad y aplicación parcial del derecho, se insiste en un modelo monopolizador que implica subsidios a la ineficiencia ruinosos para el Estado, opacidad, sobrecostos a las actividades productivas.

Todo anclado a tecnologías obsoletas y fuentes contaminantes y no renovables, mientras sobra capital en el mundo para invertir en la provisión de energía cada vez más confiable, barata y limpia.

¿Sólo por una fijación política en ideologías que hace 50 años hicieron agua? Como dijo al respecto Mario Molina, el gran sabio mexicano del cambio climático, poco antes de su fallecimiento: “México está retrocediendo al siglo anterior o al anterior”.

De ese tamaño es el absurdo y cuánto podemos atrasarnos, cuando podríamos promover las mejores inversiones de nuestra historia.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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