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El amor al planeta cuesta

La financiación pública deberá crecer casi al doble para catalizar la financiación privada y garantizar el desarrollo justo e inclusivo de la transición energética, considera Ramses Pech.
mié 19 enero 2022 12:06 AM
Energía limpia - energía verde - ley de transición energética
Las naciones deberán asumir deudas nuevas, las cuales deberán ser utilizadas en un nuevo rubro presupuestal llamado “Desarrollo ambiental”, señala Ramses Pech.

(Expansión) - Ha resurgido el amor al planeta ante la consciencia de que no puede con la carga que le hemos dado a lo largo de los últimos siglos, y todo por la convicción de evolucionar de forma económica, bajo el apostolado del conocimiento.

La Internacional Renowable Energy Agency (IRENA) ha estimado que el despliegue de tecnologías relacionadas con la transición energética, y necesarias para poner al mundo en la senda de los 1.5°C, requiere de 131 billones de dólares de inversión agregada entre 2021 y 2050. Esto representa un requerimiento de financiamiento anual promedio para el sector energético de aproximadamente 4.4 billones.

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Entonces el amor cuesta. Esto significa que el mundo no solo requerirá dinero para continuar operando en la toma de recursos del planeta y su transformados en energía, sino que deberá adicionar un dinero no contemplado en los planes actuales de todos los proyectos del mercado de energía, entre un 30 y un 40% de CAPEX e OPEX, y que deberá estar ligado en ser eficientes para y con el planeta.

La financiación pública deberá crecer casi al doble para catalizar la financiación privada y garantizar el desarrollo justo e inclusivo de la transición energética. Tener un papel crucial para facilitarla, ya que es probable que los mercados por sí solos no se muevan lo suficientemente rápido.

Un factor primordial será el financiamiento de la deuda pública actual, en la que las naciones deberán asumir deudas nuevas, las cuales deberán ser utilizadas en el nuevo rubro presupuestal llamado “Desarrollo ambiental”.

Este presupuesto deberá tener un financiamiento continuo público, cuya misión será crear un entorno propicio para la transición, así como garantizar que ocurra lo suficientemente rápido y con resultados socioeconómicos óptimos.

El 15 y 16 de enero pasados, los países se reunieron de nueva cuenta en el foro organizado por IRENA, con el objetivo de hablar sobre la transición energética que requiere el planeta, para el poder mitigar ya no el cambio climático, sino para mantener una temperatura por debajo de los 2 grados centígrados.

Al escuchar y leer los comentarios, al final de cada uno de los discursos, todo es limitado al dinero requerido, para poder rectificar lo que hasta el momento hemos realizado con desamor. La realidad actual es: No podemos dejar de utilizar a los combustibles fósiles en forma tácita, pero podemos disminuir su utilización de forma progresiva, y todo esto porque las grandes inversiones realizadas en el mundo en este sector mueven a economías completas que dependen de esta industria. Entonces tenemos un amor de conveniencia.

El amor cuesta, y en México solo tenemos papeles escritos en páginas web que solo algunos consultan. En 2021, para la Zona Metropolitana del Valle de México (Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo) se presentó el plan para mejorar la calidad del aire, y uno de los atrasos es la regulación ambiental en la norma 016 CRE 2016 de la calidad de los combustibles, la cual no está acorde con los cambios necesarios, sobre los tipos de oxigenantes, para mejorar la combustión en el motor.

Para todo esto se requiere dinero, ¿Mexico será capaz de conseguirlo? El 65% del presupuesto se destina al desarrollo social y la deuda pública ha crecido; ahora necesitamos dinero para estar acorde con los planes del resto de los países en su compromiso con el planeta.

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Los combustibles a base de fósil continuarán utilizándose en el mundo por más de cinco décadas y, por ende, deberán ser mejorados y/o evolucionar. En la transición energética mundial, uno de los sustentos es cambiar al uso de automóviles eléctricos, pero el gran reto para transitar está ligado al costo de las materias primas para generar las baterías.

En agosto del 2021, la tonelada de carbonato de lito costaba 10,000 dólares y hoy está entre los 35,000 y los 45,000 dólares. A esto debemos adicionar una falta de inversiones en infraestructura para la carga de las baterías. El costo de un auto eléctrico hoy está entre un 30 y un 50% más respecto a uno de combustión. Estos puntos limitan la transición y la convierten en un amor platónico.

El amor que profesamos al planeta solo fue usado al inicio de nuestra existencia por conveniencia, y actualmente ha estado condicionado a nuestra propia relación unilateral de narcisismo, justificado en la mejora del ser.

Nota del editor: Ramses Pech es analista de la industria de energía y economía. Es socio de Caraiva y Asociados-León & Pech Architects. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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