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¿Para qué ha servido la ‘Ley Fintech’?

Las fintech se han decantado como las líderes de la bancarización y han sumado a sus servicios a personas físicas y morales por igual, apunta Sebastián Medrano.
sáb 22 enero 2022 12:07 AM
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A lo largo de tres años sólo 24 fintech han recibido la autorización definitiva para operar en México y hay 93 solicitudes de autorización en proceso, destaca Sebastián Medrano.

(Expansión) - En marzo de 2018 fue promulgada en México la Ley para Regular a las Instituciones de Tecnología Financiera conocida como ‘Ley Fintech’. La idea original de la legislación era proveer un marco regulatorio a una industria disruptiva -y en constante crecimiento- para impulsar mecanismos de certidumbre, incentivar la innovación y competencia, así como para brindar mejores productos y servicios a los usuarios, pero, ¿qué tanto de esto ha sucedido?

En su momento, la entrada en vigor de la ‘Ley Fintech’ se presentó como esperanzadora para un ecosistema que anhelaba de dónde apalancarse para proyectar su crecimiento. México, en aquel entonces, se posicionaba como una potencia en ciernes en el sector y las previsiones solían ser positivas. Sobre todo si se consideran las brechas de inclusión financiera que había - y que aún hay- en el país.

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Con una regulación naciente y con un vasto mercado, las fintech se han decantado como las líderes de la bancarización y han sumado a sus servicios a personas físicas y morales por igual. La pregunta es: ¿esta bancarización es producto de la regulación, del esfuerzo de las fintech o de las necesidades del país?

Procesos de aprobación

Sin duda la legislación ha jugado un papel relevante en la proyección de estas empresas; no obstante, los procesos de regulación han sido uno de los grandes pendientes y sin él las posibilidades de las fintech se están diluyendo.

En definitiva, la burocracia y el retraso para la aprobación de permisos han jugado en contra de más de una fintech que anhelaba adherirse a la normatividad. Hace tres años muchos vieron en estos mecanismos la posibilidad de crecer con el respaldo de las autoridades; lo cierto es que algunas han tenido que renunciar a este sueño.

A lo largo de tres años sólo 24 fintech han recibido la autorización definitiva para operar en México y hay 93 solicitudes de autorización en proceso; sin embargo, el más reciente reporte Fintech Radar 2021 de Finnovista señala que en el país hay más de 512 empresas de este rubro, con un crecimiento estrepitoso anual de 16% en relación con 2020. Esto sitúa a México en el segundo lugar de América Latina, sólo superado por Brasil.

Es decir, no hay una correlación entre el crecimiento del sector y los avances en la aprobación de permisos de la CNBV. Hay una demanda creciente de servicios digitales que se reflejan en el florecimiento de las fintech en México y se deben encontrar las formas para solventar los cuellos de botella actuales.

No obstante lo anterior, esto no puede llevarse a cabo mediante negativas generales a las operaciones, como ha sido el caso de empresas como Flink y Cacao, que recientemente fue adquirida por la brasileña Dock.

Certeza para los clientes

La ‘Ley Fintech’ ha traído consigo aspectos muy positivos para el sector en los últimos años. No es fortuito que el crecimiento de las fintech en México haya venido acompañado de una captación de inversión importante. Nada más en 2021, de acuerdo a datos del reporte Fintech in Latin America. The State of the Ecosystem de Latam Fintech Hub, se han invertido más de 1,072 millones de dólares, lo que representa al menos 14% del total del capital de riesgo en América Latina.

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Las sinergias que se han creado entre gobierno e iniciativa privada han permitido que el ecosistema fintech sea robusto y se mantenga en constante crecimiento, lo que, a la postre, deviene en mejor y mayor competencia entre las empresas que ofrecen productos financieros novedosos.

En consecuencia, la ‘Ley Fintech’ ha otorgado mayor certeza tanto a clientes como a empresas para saber que hay un sostén institucional detrás de un sector que en ocasiones causa desconfianza en el público general por lo disruptivo de sus propuestas.

Al final del día, esta legislación ha servido para apoyar la consolidación de un ecosistema bullente y vibrante. Lo único que hace falta es afinar lo perfectible. Con suerte, el 2022 será el año en el que, por fin, los rezagos de tres años se conviertan en el impulso que necesita un sector que se proyecta imparable.

Nota del editor: Sebastián Medrano Gallo es economista y especialista en temas fintech. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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