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¿Sustitución de importaciones? Mitos, confusiones y precisiones

Como país tenemos una oportunidad envidiable: lo que nuestros socios nos piden es estar en el centro del proceso de 'nearshoring', por así decirlo, de dos sectores estratégicos, apunta Sergio Luna.
mié 18 enero 2023 06:10 AM
importaciones china
Necesitaríamos aranceles comunes, es decir, la formación de una unión aduanera, que es una forma de integración más ambiciosa que un tratado de libre comercio, plantea Sergio Luna.

(Expansión) - Me refiero por supuesto a la declaración del gobierno mexicano sobre la creación de un “Comité” de Sustitución de Importaciones (SI) en Norteamérica en el marco de la X cumbre de lideres de la región. Los comunicados oficiales de nuestros socios comerciales no hablan de SI. ¿De dónde salió el término entonces?

Sospecho que de donde surgen las interpretaciones históricas de este gobierno: una deficiente formación académica, fincada en conceptos que se aprenden, pero que no se estudian ni se comprenden. Entre ciertas corrientes nominalmente de izquierda, el término SI es muy socorrido porque aparentemente hace referencia a un pasado glorioso, a una alternativa al perverso neoliberalismo. Es una visión engañosa porque quien la enarbola piensa que ha dicho algo muy trascendente, progresista y útil. No es el caso y conviene explicar por qué.

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La SI respondió a una premisa concreta: que los precios de las materias primas que Latinoamérica produce están sujetos a un deterioro secular respecto a los precios de los productos manufacturados que la región compra. De ser cierta esta tesis – originalmente formulada por Raul Prebisch y Hans Singer – la región debe moverse al lado “correcto” de dicha ecuación. La industrialización por SI es el conjunto de políticas orientadas hacia ese propósito.

La primera pregunta es si efectivamente ocurre ese deterioro secular. Se ha estudiado mucho el tema (Carlos Urzúa, por cierto, hizo uno de los estudios empíricos más relevantes), la respuesta más honesta es que en realidad no lo sabemos. Lo que es cierto es que Estados Unidos y sobre todo Canadá son grandes productores de materias primas y no parecen muy preocupados por el asunto.

Pero aun suponiendo que lo estuvieran, poner en marcha un esquema de SI a nivel regional implica compromisos que no creo que el gobierno mexicano realmente pretenda promover. Necesitaríamos aranceles comunes, es decir, la formación de una unión aduanera, que es una forma de integración más ambiciosa que un tratado de libre comercio.

Y ya que estamos en el tema de uniones aduaneras, Jacob Viner nos explicó ya hace algún tiempo que a diferencia del libre comercio – que “crea” transacciones entre países que antes no ocurrían – un acuerdo de integración regional puede “desviar” comercio. Es decir, la existencia de un arancel desvía la transacción más ventajosa a favor de un país que goza de exención a dicho arancel. Cuando la desviación es superior a la creación de comercio, hay pérdidas agregadas de bienestar, cosa que me extraña, que nadie mencione al hablar de nearshoring, por ejemplo.

Es en este frente donde las limitadas capacidades del actual gobierno son más costosas, me parece. Lo que sí acordó el comité aludido es reforzar las cadenas de suministro regional en áreas concretas como semiconductores y vehículos eléctricos. Eso indica un interés en ciertas formas de política industrial y una política comercial más activa. Es, además, consistente con los tiempos que corren, en los que globalización y libre comercio están a la defensiva y la lucha hegemónica entre China y los Estados Unidos, así como la conformación de bloques, parecen ser el nuevo normal.

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Como país, y siendo pragmáticos, tenemos una oportunidad envidiable: lo que nuestros socios nos piden es estar en el centro del proceso de nearshoring, por así decirlo, de dos sectores estratégicos. Si entendemos esto como un compromiso de SI en estas actividades, lo único que vamos a garantizar es que la desviación de comercio sea mayor a la creación de comercio que prevalecía cuando China era una opción. Viner nos anticipa que eso sería en perjuicio del bienestar regional, es decir, de todos los habitantes de Norteamérica.

Como socios responsables, y para evitar ese resultado, debemos proponer hacer ingeniería en reversa, revisar los factores que originalmente dieron ventaja a China y recrearlos en nuestra región. En otras palabras, generar ventajas competitivas, más que descansar en la protección. Ello involucra una combinación de factores (capacidades técnicas, compromiso intelectual y entendimiento de opciones estratégicas) que existen en abundancia en Norteamérica y por supuesto en México, pero que – a juzgar por las referencias a la SI de mediados del siglo XX – no caracterizan a quienes hoy están a cargo de estos temas. Es lamentable porque entre más lejos llegamos, más importante es entender dónde estamos.

Nota del editor: Sergio Luna estudió Economía en la UNAM y la Universidad de Londres. Fue economista en el Banco Nacional de México durante 33 años y continúa en dicha profesión, ahora de manera independiente. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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