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Paso en falso

La mala gestión de Miguel de la Madrid produjo una banca llena de créditos sin documentar o con garantías inexistentes.
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Los estados financieros de la banca nacionalizada reflejaban una fantasía, de la cual, Salinas de Gortari, inteligentemente, se quiso deshacer desde el primer día en la silla, apunta Gabriel Reyes. (Foto: ©iStock)

(Expansión) - El residente de Palacio ha construido una narrativa asida en los malos resultados económicos que trajeron los llamados neoliberales, cuyo padre no puede ser otro sino Jesús Silva Herzog, quien arrebató el control de las finanzas públicas a los políticos ajenos a la formación económica.

En aquel complejo fin del año 1981, José López Portillo escuchó múltiples opciones para tratar de paliar la desconfianza entre los mexicanos, y decidió dar la estafeta a quien se había encargado de la novedosa Secretaría de Programación y Presupuesto, un abogado que hacía sus mejores esfuerzos por afrontar una profunda crisis financiera ocasionada por el sobreendeudamiento y el despilfarro.

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Sin embargo, la forma en que manejó la terrible herencia de quien dijo defendería al peso como perro, fue poco afortunado. Dio poca o nula importancia a la mala idea de nombrar políticos al frente de instituciones bancarias, quienes convirtieron a la banca mexicana nacionalizada en un barril sin fondo al servicio del partido oficial, con cargo a él, se financió todo tipo de caprichos y absurdos abusos. El boquete creció a paso acelerado, pero fue puesto debajo del tapete.

No pocos recuerdan que incluso hubo instituciones de crédito que tuvieron en sus consejos de administración a declarados capos del narcotráfico. Aplicó a la banca el principio dejar hacer, dejar pasar. Prefirió desarrollar un sistema de financiamiento empresarial paralelo, permitiendo a las casas de bolsa apoderarse de enormes segmentos del mercado financiero. La laxa regulación de esos intermediarios y la inexperta supervisión, permitieron excesos que ocasionaron el crack de 1987, el cual, todo mundo sabe, cimentó grandes fortunas que han llegado hasta el día de hoy.

En pocos años, la mala gestión de Miguel de la Madrid produjo una banca llena de créditos sin documentar o con garantías inexistentes, tolerada por una Comisión Nacional Bancaria que cualquier director de banco podía aplastar con tan solo una llamada. Los estados financieros de la banca nacionalizada reflejaban una fantasía, de la cual, Salinas de Gortari, inteligentemente, se quiso deshacer desde el primer día en la silla. Sabía que, tarde o temprano, la insolvencia sería detectada, por lo que decidió embaucar a ambiciosos empresarios quienes, a cambio de la patente de corzo, alejarían la creativa contabilidad de los quebrados bancos, de las finanzas públicas.

A fines de su sexenio fue ya inevitable reflejar el verdadero valor de los créditos y demás activos registrados en el balance financiero de las instituciones de crédito, provocando, con razón, la preocupación de una quiebra generalizada de bancos y la consecuente crisis económica.

Salinas, quizá azuzado por Madrazo, se despachó a quien financiaba al rijoso político que no pudo ser el candidato oficial al gobierno de Tabasco, y lo dejó sin su principal financiador, dado que tuvo que huir del país, dejando al de Macuspana a su suerte.

Llegó entonces el fatídico error de diciembre. Las alternativas de Zedillo eran refinanciar el enorme costo de los Tesobonos, emitidos de manera irresponsable a lo largo del año 1994, sí, la friolera de 29,000 millones de dólares pagaderos en el corto plazo, teniendo 4,000 en la reserva, o bien, declarar que el país se enfrentaba a un problema mayúsculo, ya que para entonces los ilusos compradores de los bancos querían regresarlos, al constatar, que el valor que pagaron no tenía justificación alguna y que la valuación fue, por decir lo menos, engañosa.

El no poner a flotar libremente el peso, ampliando la banda en que se movía, agravó aún más el desastroso perfil financiero del país, provocando que todas las tormentas ocurrieran al mismo tiempo.

Serra Puche no vio lo duro, sino lo tupido, pero casi logra ser, por un mes, Secretario de Hacienda y Crédito Público. El peso mexicano se venía revaluando, mostraba gran fortaleza, permitió alcanzar el grado de inversión a mediados del 1994, pero, unos meses después, retornaría a su triste realidad teniendo un brusco ajuste.

Ya desde 1988, José Ángel Gurría descollaba como subsecretario en asuntos económicos internacionales, al calmar los airados ánimos de los acreedores del país, garantizándoles una reestructura que les cerró la boca al llenarles los bolsillos. Acreedores que, tarde o temprano, encontrarían en él a un estupendo directivo gerencial del organismo que el mundo desarrollado opera para vender la idea de que todo el orbe puede pertenecer al primer mundo, claro, pagando costosísimas cuotas por pertenecer al selecto, pero anodino club.

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En pocas palabras, en 30 años, a los mexicanos nos quedó claro cómo el mejor Secretario de Hacienda y Crédito Público fue un abogado, don Antonio Ortiz Mena, y que el mejor director del banco central no fue economista, sino don Rodrigo Gómez. Después de ellos, ningún secretario de ese ramo volvió a llevar con orgullo la divisa de “don”.

Gurría supo convencer a López Obrador, en 1999, de que enderezara su ira en contra del Fobaproa, a pesar de que el Congreso no aprobó que se consolidaran sus pasivos con la deuda pública, y que todas sus operaciones fueran canceladas y dejadas sin efectos antes de la contienda electoral del 2000. La prioridad era permitir que el IPAB, desde la sombra, hiciera posible que el pasivo del rescate bancario adquiriera la condición de deuda pública, pero después de las elecciones, esto es, ya enterrado el acribillado fideicomiso que no vio el fin de siglo. La paz de su sepulcro bien valía una Jefatura de Gobierno.

El Frente Amplio por México es corto de memoria y poco avezado en entender la narrativa oficial, dado que fue precisamente el infausto y poco recomendable modelo económico implantado por los economistas que quisieron ser políticos, lo que ha permitido a López Obrador sembrar el odio en el ánimo de millones de mexicanos.

Por ello, sólo hubiera sido peor encargar el diseño del nuevo modelo económico a José Yves Limantour, quien ya descansa en paz. En su lugar, postulan la desastrosa idea de propalar públicamente que, quien coordinará la elaboración del modelo económico común, sea quien tiene más de tres lustros fuera del país, mismo que dejó con un amargo sabor de boca. Ignoran que tendrán que convencer a millones de mexicanos que el personaje es capaz de aprender nuevos trucos y que caminará por un sendero distinto al que ha transitado por más de 50 años.

Afortunadamente, para los locuaces directivos del Frente, otros asuntos eclipsaron la que será una de las más cuestionables decisiones que tendrá que defender quien encabece el esfuerzo en pos de la presidencia.

Lejos de renovarse y crear una fresca y novedosa postura, se ha preferido, innecesariamente, hundirse en el cuestionable pasado. Cada vez que da un paso hacia adelante la oposición, encuentra alguna forma de ir en reversa. Aún hay tiempo de recapacitar, ponerse a trabajar, y no desempolvar un viejo currículo que ya dio de sí. De lo contrario, los mexicanos no tendremos más que temblar ante las propuestas de integrantes del gabinete de esa opción, en caso de ganar.

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Nota del editor: Gabriel Reyes es exprocurador fiscal de la Federación. Fue prosecretario de la Junta de Gobierno de Banxico y de la Comisión de Cambios, y miembro de las juntas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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