La salud es un factor fundamental que se debe comprender para impulsar la productividad multigeneracional de las naciones cuya fuerza laboral está cambiando. Muchas personas de avanzada edad se quedan en situación de vulnerabilidad, principalmente económica, derivada de la dependencia o fruto de la exclusión social. Esta dependencia, que también puede ser afectiva y estar vinculada al abandono, es un problema social, pero también médico, ya que quienes la padecen ven deteriorado su estado de salud.
En relación con la salud, es importante considerar la evolución funcional a lo largo de la vida y las diferentes situaciones de salud física y mental que todas las personas atraviesan a lo largo de su vida. Sin embargo, la mala gestión de longevidad tiene su contraparte en las personas jóvenes, quienes asumen el cuidado de los adultos mayores desde su propia situación de vulnerabilidad. En Latinoamérica se observa que la edad de emancipación de una persona joven se sitúa entre los 27 y los 30 años; por ello muchas personas de mediana edad se convierten en la red de seguridad de los mayores y los menores de sus familias.
La colaboración intergeneracional se ve potenciada por la transición demográfica, a la par que emerge como elemento fundamental de un futuro longevo, próspero e inclusivo. Es decir, cuando hablamos de cooperación entre generaciones, también hablamos de edad, y cuando hablamos de edad, lo primero que deberíamos hacer es felicitarnos: las mejoras científicas y sociales alcanzadas han permitido a la población mundial alargar considerablemente su esperanza de vida media y llegar en mejores condiciones a su última etapa.
Gracias a estos logros la humanidad atraviesa el momento histórico en que más generaciones se relacionan entre sí. Sin embargo, dichos avances no han sido insertados adecuadamente en los mecanismos e instituciones diseñadas para una realidad demográfica anterior. Este desajuste plantea nuevos retos entre los distintos grupos etarios, los cuales deben ser superados o continuarán generando dificultades en la colaboración intergeneracional.
Los grandes avances sanitarios y las nuevas formas de autoaprendizaje son logros positivos que configuran una nueva realidad para el sector que tiene acceso a sus beneficios, pero, como ya hemos planteado, también surgen nuevas situaciones sociales con un panorama todavía incierto. Esto nos indica que la longevidad conlleva problemáticas que incluyen a todos los estratos sociales.
Resulta de suma importancia propiciar cambios: erradicar los prejuicios sobre el envejecimiento, aprovechar la tecnología para construir nuevos mercados, crear nuevos modelos de financiación, introducir nuevos modelos de estudios y pensiones, y promover el emprendimiento social para aprovechar las oportunidades de la economía de la longevidad.