Según estadísticas proporcionadas por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), cada ciudadano mexicano consume en promedio 48 kilos de plásticos al año, lo que representa 216 millones de galones de petróleo y 9,000 millones de botellas de plástico que terminan en rellenos sanitarios. México podría ser considerado uno de los países responsables en la contaminación global, al ocupar el 12º lugar en el consumo de plásticos y ser el productor del 2% de plásticos a nivel mundial.
Los plásticos de un solo uso son productos que están hechos principalmente de productos químicos a base de combustibles fósiles y están destinados a ser eliminados inmediatamente después de su uso, con frecuencia en cuestión de minutos. El uso más común proviene de la compra de comida a domicilio o en el establecimiento -el cual se presenta en botellas, envoltorios, pajillas y bolsas- para una mayor comodidad tanto para las empresas como para los clientes.
En un esfuerzo por disminuir el problema, varias ciudades en el país han emitido leyes y normas para prohibir el uso de bolsas de plástico y plásticos de un solo uso. Una de las primeras, fue la capital en 2019, de acuerdo a la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la Ciudad de México, la cual produce diariamente 12,816 toneladas de desechos sólidos, de las cuales 123 toneladas son plásticos. Sin embargo, la pandemia obstaculizó su aplicación y adicionalmente intensificó su uso. Otras regiones más avanzadas, como la Unión Europea, han buscado todas las formas de prohibirlos y han elaborado leyes para reducirlos de manera sistemática, con la intención de que estén completamente prohibidos para 2030. Los expertos son conscientes de que la mejor manera para lograr una economía circular, evitar la contaminación y prevenir que los plásticos terminen en los rellenos sanitarios o en el mar es reducir su uso.
Los defensores del medio ambiente reconocen el progreso en la implementación de leyes que prohíben el uso de bolsas, popotes y artículos desechables en el país, pero afirman que el logro de esta medida requiere un cambio cultural. Según un informe reciente de la ONU, alrededor de 13 millones de toneladas de plástico son vertidas en los océanos anualmente, y si esta tendencia continúa, para el 2050 habrá alrededor de 12 millones de toneladas de desechos plásticos en los basureros y en la naturaleza. Como consecuencia, se utilizan cinco billones de bolsas de plástico al año y se compran un millón de botellas de plástico cada minuto.
Para reducir las emisiones de plástico y la contaminación necesitamos una combinación de acciones intersectoriales que funcionen conjuntamente. Y nos enfrentamos al desafío de unificar al sector gubernamental (Federal y subnacional), industrial, académico, y social para desarrollar nuevos materiales que reemplacen a los plásticos y reduzcan significativamente el impacto ambiental. Aunque ese futuro parece lejano, los especialistas esperan que llegue el momento en que los plásticos de un solo uso desaparezcan por completo de la industria. E incluso si la industria continúa trabajando en campañas de reciclaje y tecnología para convertirlos en una economía circular, los consumidores deben ser conscientes de los efectos negativos y evitarlos, ya que la industria seguirá produciendo y la cadena de contaminantes seguirá existiendo mientras los consumidores existan.