Sheldrake nos explica muchos fenómenos que suceden con los animales, basado en experimentos científicos. Por ejemplo, hace un experimento dejando perros en sus casas con cámaras grabando. Durante el día, de forma aleatoria, le marca por celular al dueño y le pide que regrese a su casa. En más del 58% de los casos, cuando el dueño toma la decisión de regresar, esté a la distancia que esté, el perro se inquieta o empieza a ladrar, de la misma forma que lo hace cuando ya huele al amo, porque está cerca, pero en este caso, no lo está, ni es a la hora habitual, por eso les marcó de forma aleatoria.
Esto nos habla de una conexión entre perro y dueño. Muy parecida a la que hay entre un jinete y su caballo. En este último caso, llega un punto en que es tal la sincronización, que pareciera una especie de telepatía. Increíblemente los caballos tienen mejor rendimiento en las carreras cuando tienen una conexión con el jinete.
La conexión es algo que se trabaja con la convivencia, dar de comer o jugar juntos, según sea el caso, pero esto hace que jinetes y caballos, perros y dueños tengan un entendimiento superior a los que solo hacen un entrenamiento formal, sin convivencia.
¿En qué se parece esto a lo que le pasa a un equipo deportivo? Pues que la conexión, la coordinación, la capacidad de entenderse, ceder, intuir hacia dónde va el compañero, o hablarse con una mirada para ir al ataque o defender, no es un tema de una declaración o generación espontánea.
Además de entrenar juntos, la conexión se genera, se trabaja. La frase que mejor lo ejemplifica es el título del #librochido de Jon Gordon y Mike Smith: El Juego se Gana en los Vestidores. Por supuesto, la convivencia no sustituye al talento, a la disciplina, al entrenamiento, a la estrategia, pero el espíritu, eso intangible que hay en la cancha, se construye en el vestuario.
De tal manera que un asado, una reunión, simplemente convivir y conocerse, sí suma. Y aunque como en todo, siempre hay excepciones a la regla, y podríamos decir que hay equipos que han ganado torneos sin que los jugadores sean los mejores compañeros, regularmente un mal vestuario reduce el performance de un equipo. Por el contrario, un buen vestuario aumenta la probabilidad de éxito. Al grado de que muchas veces un entrenador toma la decisión de dejar fuera a un talento cuando este no hace equipo.
El partido se empieza a ganar entonces, generando confianza, entre perros y dueños, jinetes y caballos, jugadores de equipos o compañeros de emprendimiento.
En el mundo empresarial, ya sea en un corporativo, un pequeño emprendimiento o un negocio familiar, el partido se empieza a ganar en el vestuario.