El legado de Alberto perdura en la solidez del conglomerado y en la continuidad de la familia al frente de sus negocios.(Foto: Diego Simón Sánchez/Cuartoscuro)
Alberto Baillères González pasó a la historia como uno de los empresarios más prominentes de México, gracias al éxito de El Palacio de Hierro y a sus negocios en la extracción de plata. Sin embargo, su primer emprendimiento estaba lejos del lujo: vendía huevos en Cuernavaca.
Su padre, Raúl Baillères, ya un empresario destacado que se había trasladado de Guanajuato a la Ciudad de México, le inculcó desde muy temprano la importancia del trabajo y el gusto por los negocios.
De esta manera, el pequeño Alberto, nacido el 22 de agosto de 1931, comenzó a formar su propio legado. Según contó él mismo, sus primeros años fueron complicados académicamente, ya que no le gustaba mucho la escuela, aunque finalmente se convirtió en un alumno destacado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
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Alberto Baillères y su primer negocio vendiendo huevo
Antes de convertirse en uno de los empresarios más importantes de México, Alberto Baillères González comenzó a forjar su experiencia en los negocios en la casa familiar de Cuernavaca, según una entrevista que concedió y que fue retomada por el ITAM .
Mientras estudiaba en la universidad, su padre, Raúl Baillères, le dijo: “Sería bueno que trabajaras, porque una cosa es la academia y otra cosa es la práctica. Así podrás ir aprendiendo lo propio de los negocios”.
Así, Alberto combinó sus estudios con un trabajo en Bancomer como office boy en un programa llamado “puestos especiales”, que lo movía de un departamento a otro para conocer todos los procesos de un banco. Cada experiencia terminaba en un informe que enseñaba disciplina y atención al detalle, y aunque nadie parecía leerlo, el aprendizaje estaba en hacerlo bien.
Al mismo tiempo, decidió transformar la granja familiar en Morelos, que tenía algunas gallinas y vacas para consumo de la casa, en un emprendimiento propio. Su padre le dio la libertad de operarlo, siempre y cuando asumiera los gastos y consultara para decisiones mayores:
“Está bien, pero los gastos e inversiones también tienen que ser por tu cuenta… ¡no vayas a arruinar mi casa!”, le advirtió Raúl Baillères.
La granja creció rápidamente: vendía más de 1,500 huevos al día, producía miel siguiendo consejos de apicultores alemanes y comercializaba leche. Alberto aprendió de todo: desde cuidar a las gallinas hasta administrar el negocio y los recursos, mientras equilibraba clases y su trabajo en el banco. Incluso su primera luna de miel se financió con las ganancias de este pequeño negocio.
Como él mismo recordó: “Desde muy joven empecé a tener una vida muy activa, muy intensa, en cosas que me gustaban y las hacía con gusto. Sin duda, haber nacido bajo la influencia de mi padre fue lo que me llevó a dedicarme a los negocios”.
Alberto Baillères González nació el 22 de agosto de 1931 y comenzó vendiendo huevos en Cuernavaca.(AFP)
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De irse de pinta a graduarse en el ITAM
Baillères González no siempre fue un estudiante aplicado. Durante la primaria se “iba de pinta” y le costaba adaptarse a la escuela, mientras su padre, Raúl Baillères, ya le inculcaba la importancia del aprendizaje práctico
“Yo venía de la primaria en un colegio marista donde éramos puros niños, y en el Colegio Americano era mixto y me encantaba andar con las niñas. Y a cada rato me iba de pinta y a fumar tabaco”, recordó.
Su padre, convencido de que hablar inglés era fundamental para la vida de los negocios, lo envió al Colegio Americano, y más tarde sugirió que continuara su educación en la Culver Military Academy en Estados Unidos. Allí, Alberto aprendió inglés, disciplina militar y a montar a caballo, además de consolidar una actitud de responsabilidad y perseverancia.
Al regresar a México, su padre lo orientó hacia la Economía y lo recomendó para estudiar en el ITAM: “Yo creo que Economía, y sería bueno que estudiaras en el ITAM, porque te da una plataforma, una visión, una idea que puedes aplicar en el mundo de los negocios”.
A pesar de la presión de ser hijo del fundador y de los señalamientos sobre privilegios, Alberto destacó académicamente, terminando con un promedio de 9.9 en cinco años: “En Culver me enseñaron a estudiar… en el Americano me iba de pinta, no me gustaba el colegio, y en Culver aprendí realmente a investigar”, relató.
Alberto Baillères González heredó un gran negocio familiar, pero su camino no fue sencillo: desde muy joven tuvo que asumir enormes responsabilidades y hacer crecer las empresas más allá de lo que su padre había construido, según cuenta en la entrevista.
Originalmente, su hermano mayor, Raúl, estaba destinado a liderar la parte industrial de los negocios, mientras Alberto se enfocaría en la parte financiera. La trágica muerte de Raúl en un accidente automovilístico cambió la línea de sucesión y colocó a Alberto al frente de las operaciones clave. Junto con su padre, participó en la compra de El Palacio de Hierro, supervisando desde la logística hasta el análisis financiero y estratégico de la cadena de tiendas.
Pocos días después del fallecimiento de su padre, el 3 de enero de 1967, con apenas 34 años, Alberto tuvo que asumir la dirección total de las empresas familiares, incluida la Cervecería Moctezuma y El Palacio de Hierro.
Apenas cuatro días después del deceso, fue recibido en Los Pinos por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien le advirtió sobre los desafíos que enfrentaría como joven empresario:
“Lo más probable es que tú vayas a ser el sucesor de tu padre, y quiero decirte que vas a tener dos problemas muy grandes: uno, que estoy seguro de que vas a tener mucho éxito, y dos, que estás muy joven; esa combinación en México no la soportamos, tú joven y con éxito, te van a odiar… Ahora tienes una ventaja: lo de la juventud se pasa a la carrera y sin que hagas nada. Sabes que cuentas con el apoyo del gobierno de la República, porque tienes una responsabilidad endemoniada”, le dijo el mandatario.
Al salir de Los Pinos, Alberto comprendió la magnitud de lo que se le venía encima: apenas habían pasado cuatro días de la muerte de su padre y ahora él debía tomar decisiones que afectarían todo el legado familiar.
Heredó un imperio, sí, pero su verdadero mérito fue asumirlo y expandirlo desde muy joven. Con disciplina, experiencia práctica, liderazgo y visión estratégica, Alberto consolidó y multiplicó los negocios familiares, incluyendo El Palacio de Hierro y la minería de plata con Industrias Peñoles, entre otras empresas, formando así el conglomerado Grupo Bal. De esta manera, se convirtió en uno de los empresarios más destacados y poderosos de México, así como en uno de los más acaudalados.
Expandió y consolidó los negocios familiares, incluyendo El Palacio de Hierro, Industrias Peñoles y otras empresas, formando Grupo Bal.(Presidencia)
La actualidad de la familia Baillères
Alberto Baillères González falleció el 2 de febrero de 2022 a los 90 años, dejando un imperio diversificado que abarca tiendas de lujo, minería, salud, educación, entretenimiento, casas de bolsa, seguros y otros sectores. Tras su muerte, el negocio fue asumido por su hijo Alejandro Baillères Gual.
De acuerdo con el índice de multimillonarios de Bloomberg , Alejandro ocupa el tercer lugar en México, solo detrás de Carlos Slim Helú y Germán Larrea, y el puesto 187 a nivel mundial, con una fortuna estimada en 16,000 millones de dólares.
Alejandro preside hoy Grupo Bal, consolidando el legado de su padre. Según el ranking 2025 de las 500 empresas más importantes de México de Expansión , Grupo Bal reportó ingresos por 371,523.8 millones de pesos en 2024 y cuenta con 47,683 empleados, ocupando la posición 11 del listado.
Por divisiones, Industrias Peñoles se ubicó en el puesto 46 con 121,895.9 millones de ingresos, un crecimiento de 16% respecto a 2023, mientras que El Palacio de Hierro alcanzó el puesto 98 con 56,079.5 millones, 11.1% más que el año anterior.
El legado de Alberto Baillères no solo perdura en la solidez de Grupo Bal, sino también en la continuidad de la familia al frente de sus negocios.