El primer paso ya lo dio: convertir al CONACHYT en una Secretaría de Estado. Este movimiento, más que elevar el perfil de la ciencia y la tecnología en la estructura gubernamental, demuestra el compromiso del nuevo gobierno con la investigación y la innovación. Además, Rosaura Ruiz, la secretaria de Innovación designada, tiene una vasta experiencia en la materia, y ha liderado proyectos similares en la Ciudad de México, lo que le permitirá gestionar con éxito las iniciativas que el país necesita para fomentar un ecosistema dinámico.
En este contexto, es fundamental que México no sólo mire hacia el nearshoring, sino que también aborde otros motores clave que pueden impulsar la innovación y el emprendimiento. El capital privado es uno de estos motores. Si bien México cuenta actualmente con más de 110 fondos de capital de riesgo que invierten en startups, la participación de capital extranjero aún es limitada en comparación con otros países de América Latina como Brasil y Chile, que han aprovechado mejor los recursos de capital para nutrir su ecosistema emprendedor. México tiene el potencial de superarlos si fortalece las políticas que atraen inversión privada hacia sectores de alta tecnología.
El país cuenta con un enorme potencial. Con más de 800,000 egresados universitarios anualmente, muchos de ellos en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), que le dan a México la fuerza laboral necesaria para apoyar un ecosistema de innovación robusto. Este talento joven, combinado con un enfoque renovado en la economía del conocimiento, puede transformar la estructura productiva del país. En lugar de depender exclusivamente de sectores tradicionales como la manufactura y la extracción de recursos naturales, la nueva presidenta puede diversificar la economía del país hacia sectores de alto valor añadido, como la biotecnología, la Inteligencia Artificial (IA), y las energías renovables.
En términos de comercio e integración, México también se encuentra en una posición privilegiada como el principal socio comercial de Estados Unidos. En 2023, México superó a China y Canadá como el mayor socio comercial de Estados Unidos, con un intercambio de casi 800,000 millones de dólares. Este estrecho vínculo comercial puede y debe ser aprovechado no sólo en el ámbito de la manufactura, sino también para impulsar el flujo de innovación y capital en ambos sentidos. México puede convertirse en un nodo clave para startups que buscan expandirse en América del Norte y más allá.
Sin embargo, para que todo esto suceda, es necesario que el gobierno amplíe su enfoque y colabore con una amplia gama de actores. No se puede caer en el error de pensar que la política económica debe limitarse a unos pocos actores tradicionales. El ecosistema emprendedor debe incluir a voces diversas, incluso aquellas que ofrezcan críticas constructivas, para enriquecer el debate y las políticas públicas. En un mundo tan globalizado, cerrarse a la innovación o a las ideas nuevas sería un error fatal.