Si bien el foco de estos dos últimos años ha estado en entender cómo y en qué parte del proceso de enseñanza- aprendizaje se puede utilizar la IA, la integridad académica se ha visto amenazada desde distintos flancos, más de los que los académicos y las instituciones pueden sortear o siquiera imaginar. Apenas logramos descifrar buenas prácticas para incorporar la IA generativa a la educación, una nueva actualización o una nueva plataforma habilita nuevos puntos ciegos que impiden la supervisión eficiente y oportuna del uso de estas herramientas en los trabajos de los estudiantes.
Sin ir más lejos este año ha habido un boom de tecnologías para eludir detectores de IA en las evaluaciones. Un caso que está resonando bastante son los humanizadores de texto, plataformas que hacen que los contenidos tengan tono “humano”, haciendo muy difusa la línea entre lo que escribe realmente el estudiante y el texto generado por IA. De hecho, según la última encuesta elaborada por GoStudent sobre el uso de la IA, el 18% de los alumnos encuestados señaló haber entregado trabajos completamente elaborados por una IA Generativa.
Son cifras que preocupan y se agravan si pensamos que, tras una consulta realizada por Turnitin y Venson Bourne, 2 de cada 3 alumnos participantes son conscientes del impacto que la IA tiene en su educación, pero deciden usarla para no quedarse atrás. En esta línea, si se difunde entre la comunidad estudiantil el uso de x o y plataforma para eludir a los detectores de IA, pronto se masifican, generando un gran dolor de cabeza para los académicos.
El punto es que estas herramientas seguirán saliendo como pan caliente en un mundo donde los estudiantes tienen acceso a tecnologías que pueden hacer sus tareas y evaluaciones por ellos. Lo más importante ante esto es trabajar en reforzar el valor de integridad académica. Formar estudiantes con conciencia ética ahorrará muchos problemas de conducta en el futuro y asegurará no solo la reputación de la institución, sino el correcto desarrollo del pensamiento crítico. Junto con esto, las instituciones deben apoyar a los educadores con información en tiempo real sobre cómo utilizan los estudiantes la IA, no solo para saber si la han usado o no. Esto transforma la incertidumbre en valiosos momentos de aprendizaje.