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Los inversionistas activistas trabajan para cambiar el marcador en las empresas

El activismo financiero busca mejorar a la empresa, ya sea en rentabilidad, valor o en su estrategía ESG, pero en México enfrenta obstáculos.
mar 23 diciembre 2025 01:03 PM
Con solo 1% de las acciones, inversionistas pueden cambiar el rumbo de una empresa
La principal herramienta que tiene el inversionista para ejercer esos cambios es la posición accionaria. (Foto: triloks/Getty Images/iStockphoto)

Un partido de futbol se puede dividir en dos grandes grupos: los espectadores y los que están en el campo, el director técnico y los jugadores. En el mercado, en este último grupo entran los inversionistas activistas, quienes no solo se quedan en las gradas, sino que buscan incidir en las jugadas.

El activismo financiero busca hacer valer los derechos corporativos de un inversionista para ejercer cambios estratégicos. La principal característica de estos inversionistas es la búsqueda de valor. “Un inversionistas activista siempre va a entrar a una empresa en la que considera que el valor intrínseco de la compañía es mucho mayor que lo que está reflejando el precio de la acción en el mercado”, explica Eduardo Ovejas, Business Manager de Forandra Capital.

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La principal herramienta que tiene el inversionista para ejercer esos cambios es la posición accionaria. De acuerdo con Ovejas, no es necesario tener una gran parte de la empresa, ya que en mercados como Estados Unidos, por ejemplo, donde está pulverizada la tenencia de acciones, un inversionista es suficiente para impulsar cambios con el 1% de los títulos.

Otra forma de hacerlo es a través de coaliciones con otros inversionistas, ya sea de manera individual o institucional, dice María Concepción del Alto, directora nacional de la Maestría en Finanzas de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey.

Una vez que se tienen las acciones para ejercer algún tipo de presión, el activista se acerca a la empresa, presenta una consultoría integral del negocio y propone los cambios que, según su estudio, pueden aumentar el valor de la compañía.

Si bien el diálogo con la empresa puede ser amable y constructivo, cuando la compañía se niega existe otra vía, el proxy vote, es decir, poner a votación de la mayoría de los accionistas los cambios que se quieren proponer. También existen las cartas públicas, presión en redes sociales o medios de comunicación, indica Del Alto.

Entre los objetivos que busca un inversionistas activista se encuentran la alineación de incentivos, recompra de acciones, pago de dividendos o composición de la mesa directiva. Por ejemplo, si la empresa está haciendo una expansión global, pero no cuenta con una persona con esa experiencia, el inversionista activista puede empujar para colocar a alguna persona que ayude a ejercer esos cambios.

Los activistas también buscan modificar la situación financiera de la empresa, un uso eficiente del capital, apalancar más a la compañía para tomar préstamos a una mejor tasa, cambiar modelos de negocios, impulsar fusiones y adquisiciones o hacer desinversiones; así como impulsar estrategias ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) para alinear los intereses de los consumidores o del mercado. “A fin de cuentas, lo que se busca es que incremente el precio de la acción y que esto les dé un beneficio a estos inversionistas", dice Del Alto.

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El activismo silencioso

Aunque recientemente el activismo financiero suele asociarse al impulso de estrategias ESG, este término existe desde hace 100 años. Uno de los primeros casos documentados es el de Benjamin Graham, quien en 1926 llevó a cabo una campaña en contra de Northern Pipeline, una subsidiaria de Standard Oil, al descubrir que la empresa tenía grandes reservas de efectivo no utilizadas y presionó para que distribuyera esos fondos a los accionistas. “Al principio, los cambios eran empujados a periodicazos”, comenta Ovejas.

Después entró la parte legal, las votaciones de accionistas y, en la década de los 70 y 80 hubo casos de inversionistas que entraban a una empresa, vendían todas las áreas del negocio, extraían todo el valor posible e iban por la siguiente compañía. Uno de los inversionistas más conocidos que trabajaba en esta modalidad es Carl Icahn, actualmente de 89 años.

A partir del año 2000, con la mayor adopción de los pilares ESG, el activismo dejó de ser visto como una actividad que confronta y ahora es vista como algo constructivo, señala Ovejas. Mientras que en Estados Unidos este tipo de inversionistas son ampliamente reconocidos, en México la participación es escasa, por no decir nula.

Esto se debe a varios factores, como la alta concentración de propiedad en las empresas, donde los accionistas mayoritarios tienen un control casi absoluto dejando poco espacio para la influencia de los minoritarios. “El tema de que las empresas, aunque estén cotizando en bolsa, siguen siendo empresas familiares, dificulta cualquier intento de influencia externa”, comenta Del Alto.

Otro factor es la falta de una regulación que favorezca a los inversionistas minoritarios, ya que, en México, la regulación no permite el proxy vote; lo que se ejerce es el activismo silencioso, un fenómeno que se da cuando los inversionistas institucionales buscan influir en las decisiones de las empresas sin hacerlo público. Este activismo discreto puede ser efectivo en ciertos casos, pero limita la presión pública sobre las empresas.

En estos casos, Ovejas señala que el inversionista se acerca con su análisis y propuestas a la persona que se encuentra en la dirección general y le propone los cambios, para que los empuje desde su posición.

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Si bien en México no existe el activismo financiero, Ovejas y Del Alto son optimistas sobre su desarrollo, ya que la evidencia avala está práctica. Según un estudio de la Universidad de Harvard, las empresas que han sido blanco de inversionistas activistas muestran un mejor desempeño en el largo plazo, con un crecimiento de aproximadamente 10% en su rentabilidad operativa.

La creciente adopción de los criterios ESG ha abierto, por un lado, una nueva oportunidad para el activismo financiero, pues los inversionistas en todo el mundo exigen cada vez más que las empresas adopten prácticas sostenibles y responsables. Pero, por el otro, el hecho de que las empresas públicas en México señalen que sus compañías están subvaluadas, lo que ha llevado a algunas a deslistarse, puede propiciar a este tipo de inversionistas.

Además, con la nueva Ley del Mercado de Valores ya podrán entrar al mercado financiero los hedge funds, que en otros mercados suelen tener participaciones como activistas financieros. Y, aunque por ahora el mercado mexicano sigue siendo un partido en el que los inversionistas activistas aún no han salido a la cancha, su presencia se convertirá en un factor determinante para su crecimiento y desarrollo.

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