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2025 no fue el problema. El problema fue cómo se leyó el mercado

Las empresas que lograron estabilizar su desempeño no fueron las que reaccionaron con mayor intensidad, sino las que entendieron mejor qué estaba pasando y por qué.
mié 14 enero 2026 06:05 AM
confianza del consumidor febrero 2024 inegi
Las ventas no caen por una mala decisión puntual. Caen cuando el sistema completo de decisiones comerciales deja de estar alineado con la realidad del mercado. Precio, canal, portafolio y ejecución operan como un todo, apunta Iván Franco. (JackF/Getty Images)

Durante 2025 escuché la misma explicación repetirse en juntas y conversaciones con equipos directivos de distintas industrias de consumo: “Las ventas cayeron por la economía”. El argumento parecía lógico. Crecimiento cercano a cero, inflación acumulada, consumidores más cautos. Todo eso es cierto. Pero no explica lo que realmente ocurrió.

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Porque una cosa es que el mercado se estanque. Y otra muy distinta es observar caídas abruptas y desproporcionadas en categorías específicas, en ciertos canales o en marcas concretas. Cuando el deterioro es tan marcado, la macroeconomía deja de ser la causa principal y pasa a ser solo el contexto.

2025 no fue un año de crisis generalizada. Fue un año que expuso estructuras mal diseñadas. Dejó al descubierto qué empresas entendían de verdad cómo se genera la venta y cuáles seguían operando con supuestos que ya no corresponden al consumidor actual.

Muchas organizaciones miraron hacia afuera buscando respuestas. Pocas miraron hacia adentro para cuestionar si su sistema de decisiones comerciales seguía siendo válido. Y cuando se hace ese ejercicio con datos —no con percepciones— aparece una conclusión incómoda: la venta no se perdió por una sola razón, sino por la acumulación de fricciones mal gestionadas.

La venta no desapareció: se desplazó

En la mayoría de los casos que analizamos durante 2025, la caída no comenzó con un colapso repentino, sino con una pérdida gradual de tracción en puntos muy concretos del negocio. El primer síntoma fue el tráfico. El shopper dejó de llegar por los canales habituales. Parte migró hacia autoservicios, tiendas especializadas y plataformas online; otra parte cambió de misión de compra. La conveniencia empezó a pesar más que la asesoría y la rapidez más que la experiencia en tienda.

Ese cambio expuso un segundo problema: la ejecución en punto de venta dejó de convertir. No porque la tienda estuviera mal operada, sino porque el layout no guiaba la decisión, la asesoría no resolvía la nueva misión de compra, la visibilidad era insuficiente y los quiebres rompían la recompra. La venta no se perdía en la entrada; se perdía en la conversión.

El tercer factor fue el precio. En 2025 no vimos simplemente consumidores buscando lo más barato, sino una alta sensibilidad al precio mal explicado. El problema no era el nivel, sino la incoherencia entre precio, canal y beneficio. A esto se sumaron brechas de portafolio: surtidos incompletos, formatos inadecuados y beneficios que dejaron de ser relevantes. Mientras tanto, competidores más enfocados y con mensajes más claros capturaron al shopper con propuestas simples y fáciles de entender.

Nada de esto ocurre de golpe. Pero cuando confluyen pérdida de tráfico, baja conversión, sensibilidad al precio y una competencia mejor ejecutada, la caída se vuelve abrupta. No porque el mercado haya desaparecido, sino porque la venta se movió más rápido que las decisiones.

El error fue reaccionar sin sistema

Frente a este escenario, muchas empresas recurrieron a la respuesta conocida: más promociones, más descuentos, más presión comercial. Tácticas aisladas para un problema sistémico.

Las ventas no caen por una mala decisión puntual. Caen cuando el sistema completo de decisiones comerciales deja de estar alineado con la realidad del mercado. Precio, canal, portafolio y ejecución operan como un todo. Ajustar una variable sin entender su impacto en las demás suele acelerar la erosión, no corregirla.

Las empresas que lograron estabilizar su desempeño no fueron las que reaccionaron con mayor intensidad, sino las que entendieron mejor qué estaba pasando y por qué. Las que midieron qué variables explicaban realmente la caída y decidieron en consecuencia. No hicieron más cosas; solo tomaron mejores decisiones.

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La lección de 2025

La solución no es esperar a que la economía mejore, sino decidir mejor. Cuando el análisis se hace bien, no se obtiene un reporte, sino un sistema de decisión con claridad para enfocar recursos donde sí se genera la venta: qué canal priorizar, qué dejar de hacer y cómo alinear precio, beneficio y misión de compra.

2025 dejó una lección clara. El crecimiento de 2026 no se va a ganar con más intensidad operativa, sino con mejores sistemas de decisión. La pregunta ya no es si el entorno mejorará, sino quién llegará preparado cuando eso ocurra.

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Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en X como @IvanFranco555 y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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