Esta decisión se suma a la batería de embates orquestados por el gobierno del presidente Donald Trump contra el orden internacional basado en reglas, consensos y seguridad colectiva que se forjó al calor de la Segunda Guerra Mundial y que, con todas sus inconsistencias, logró impulsar la cooperación y evitar la guerra entre las superpotencias por más de 80 años.
Y si bien podemos estar de acuerdo en que la arquitectura multilateral, sus reglas e instituciones necesitan reformarse, que algunas organizaciones internacionales “discuten mucho y operan poco”, “están mal manejadas” y podrían “hacer más con menos”, un orden basado en reglas, instituciones y organizaciones es importante para limitar el poder y contener el uso unilateral de la fuerza.
Sin una lógica autocontenida, sin la búsqueda obligada de consensos, sin el compromiso de hacer aceptable, tolerable y legítimo el uso de fuerza, lo que queda es una aproximación política que se basa en la agresión pura y descarada confirmada por Stephen Miller (ideólogo de Trump) o por el propio Trump en su reciente entrevista con reporteros del New York Times, donde planteó que la fuerza de los Estados Unidos solo puede ser contenida por su propia moral individual. Efectivamente, sin reglas, sin instituciones, sin cooperación y consensos, la moral de una sola persona podría decidir el destino de comunidades nacionales o del orden mundial.
No cabe duda de que el retraimiento masivo de Estados Unidos del orden internacional, del sistema de reglas y acuerdos multilaterales, los está llevando a lo que algunos analistas consideran el paso de America First a America Only, es decir, un país que está rompiendo con sus aliados, que agrede y desprecia a sus vecinos, que se desentiende de organizaciones internacionales con las que definió las reglas del juego, que prioriza el uso de la fuerza y que acerca aceleradamente un punto de inflexión.
La administración Trump ha usado diversas cartas para presionar o congelar el trabajo de organizaciones internacionales, sea evitando el nombramiento de los jueces del Órgano de Apelación de la Organización Mundial de Comercio (OMC); cancelando sus compromisos de financiamiento para el sistema humanitario, actividades para el mantenimiento a la paz o presupuesto regular de las Naciones Unidas; sancionando a los jueces o fiscales de la Corte Penal Internacional; o desvinculándose de agencias particulares como el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) y, recientemente, del retiro en masa de 66 organizaciones internacionales entre las que se encuentran algunas tan importantes como la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, que es la base de la gobernanza climática o el Fondo de Población que apoya la salud reproductiva en mujeres y niñas de todo el mundo.