El crecimiento económico, la competitividad y el desarrollo dependen de la capacidad de convertir ideas en activos que respondan a los retos sociales mediante invenciones con éxito comercial. Sin embargo, en México existe una desconexión crítica: la mayoría de los desarrollos tecnológicos universitarios se diseñan desde cero y se evalúan de forma aislada por su rendimiento individual, sin considerar las trayectorias de evolución, los contextos regulatorios ni las arquitecturas industriales existentes en las que deben insertarse. No basta con su originalidad ni con haber superado el proceso de patentamiento; es indispensable que su funcionalidad responda a retos industriales concretos.
La soledad del gadget. Una aberración funcional en el sistema de innovación
Esta falta de visión sistémica es especialmente problemática para tecnologías radicales o disruptivas que, aunque ofrecen beneficios globales, pueden mostrar un rendimiento inferior al ser analizadas de forma independiente. El desarrollo de invenciones es un "camino largo" sin estándares fijos, donde el tiempo de maduración varía drásticamente según la tecnología.
Lee más
Carecer de un enfoque de mercado y de integración sistémica condena a las invenciones —por sólidas que sean técnica o jurídicamente— a la falta de impacto y a la incapacidad de generar ventaja competitiva. El mayor riesgo es caer en el "ciclo negativo" del Technology Readiness Level (TRL), en el que las tecnologías validadas en laboratorio (TRL 4) fracasan al probarse en entornos relevantes (TRL 5). Este estancamiento incrementa el riesgo tecnológico, bloquea el financiamiento por incumplimiento de hitos y obliga a retrocesos costosos derivados de la sobreestimación de la madurez, lo que dificulta de forma permanente el paso de prototipos a la producción piloto.
La solución radica en transitar de la simple transferencia a la cocreación universidad-empresa, donde el conocimiento se genere conjuntamente mediante laboratorios compartidos y plataformas colaborativas. Es indispensable que las universidades trabajen con el sector productivo desde las etapas tempranas del diseño experimental para evaluar el impacto de las tecnologías en las rutas de innovación.
Este enfoque permite ponderar las necesidades de los stakeholders antes del diseño y establecer escenarios alternativos —como la optimización del rendimiento frente a un bajo costo de reparación—, asegurando que la funcionalidad se integre de forma efectiva en estructuras industriales concretas. Bajo esta perspectiva, universidades y empresas invierten conjuntamente en tecnologías que generen valor a largo plazo mediante eficiencias operativas y ventajas competitivas basadas en evidencia medible y relevancia funcional. Esto implica estimar no solo el beneficio, sino también la “invasividad” —el grado en que la tecnología altera el sistema original— y el riesgo asociado.
Una primera aproximación para avanzar en la cocreación es realizar:
A) una evaluación técnica que analice el impacto físico y estructural mediante un mapeo de las conexiones entre los componentes del sistema actual y los cambios necesarios para incorporar la nueva tecnología;
B) una medición del esfuerzo de adopción, evaluando la “invasividad” a partir del porcentaje de cambios requeridos en el sistema;
C) una evaluación del valor del producto, estimando cómo la nueva tecnología mejora su valor para los clientes con base en atributos funcionales; y
D) un análisis del impacto en los ingresos y los costos, considerando los cambios en la cuota de mercado y en los costos de producción y de servicio.
Para transformar los resultados de la investigación científica en activos capaces de responder a los retos sociales mediante invenciones, las universidades deben promover la disrupción científica. Esto implica implementar acciones como el desarrollo de sistemas de alerta temprana basados en el análisis de datos de investigación y tecnologías, que permitan identificar innovaciones potencialmente disruptivas en sus fases iniciales y aproximarse a trayectorias de conocimiento con menor dependencia de tecnologías previas.
Asimismo, resulta fundamental priorizar la calidad sobre la cantidad, de modo que los investigadores no se concentren exclusivamente en el volumen de publicaciones, sino que dispongan de tiempo suficiente para leer, reflexionar y mantenerse en la frontera del conocimiento.
Este enfoque debe complementarse con esquemas orientados al desarrollo de trayectorias científicas individuales, en lugar de proyectos de corto alcance, lo que permitirá a los científicos superar la cultura de “publicar o perecer” y enfocarse en la generación de impacto real.
_____
Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es Director Corporativo de Innovación y Transferencia de la Universidad Panamericana. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión