En la actualidad, el consumo global de gas natural supera los 400,000 millones de pies cúbicos (MMMpdc). De este total, aproximadamente entre el 35% y el 40% se destina a la generación eléctrica. Se prevé un incremento en su utilización dentro del proceso de transición energética, con el objetivo de avanzar hacia fuentes de energía renovable antes de concluir el presente ciclo.
El gas natural, la crisis por venir a México en 2028
Estados Unidos cubre actualmente el 25% de la demanda total de gas natural con su producción, posicionándose como el país líder en extracción, principalmente a partir de cuencas donde el 80% proviene de pozos no convencionales. El número total de pozos productores de gas natural supera los 500,000.
Por otro lado, México enfrentará desafíos significativos a partir de 2028, debido al reglamento aprobado por la Unión Europea el 20 de enero de 2026, que establece la eliminación progresiva de las importaciones de gas natural y prepara la eliminación gradual de las importaciones de petróleo ruso.
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Esto posicionaría a Estados Unidos en el compromiso de priorizar a la Unión Europea, con el fin de satisfacer la demanda del continente y contribuir al mantenimiento de sus reservas estratégicas de almacenamiento en un nivel del 90% cada noviembre. Esta política permite enfrentar el invierno, cuyas condiciones se han intensificado año tras año.
Estados Unidos deberá gestionar los periodos de mayor demanda energética entre los meses de enero y marzo, asegurando no solo la cobertura de su propio mercado, sino también abasteciendo la demanda de la Unión Europea durante esas fechas. Esto dependerá del porcentaje de almacenamiento que se alcance anualmente a partir de 2028, así como de la eficiencia logística y, especialmente, de la disponibilidad de embarcaciones suficientes para transportar gas desde las costas estadounidenses hacia Europa. Actualmente, Estados Unidos cuenta con más de 2.8 millones de MMpc en plantas de GNL, con previsiones de alcanzar aproximadamente 4.5 millones para el año 2030, cifra que representa cerca de 1.3 veces la capacidad de almacenamiento de la Unión Europea (3.7 millones de MMpc).
Esta estrategia podría situar a México en una posición desfavorable, dado que la Unión Europea dependería del gas estadounidense, lo que implicaría costos de venta entre tres y cinco veces superiores en comparación con los precios obtenidos por México mediante ventas a través de ductos. Asimismo, esta dinámica favorecería el desarrollo del mercado interno de Estados Unidos a través de la construcción de nuevas plantas de GNL y permitiría una mayor exportación de gas proveniente de diversos campos dentro del país.
En la Unión Europea, el consumo promedio estimado para 2025 asciende a aproximadamente 38,000 millones de pies cúbicos diarios. De este volumen, entre el 30% y el 35% se destina a la generación eléctrica, con un incremento del consumo observado de noviembre a marzo debido a la demanda de calefacción. En cuanto al abastecimiento total, el 36% proviene de importaciones y solo el 26% corresponde a la producción interna. El saldo restante se cubre mediante las reservas estratégicas de almacenamiento gestionadas por los países miembros de la Unión Europea.
Para el año 2028, con la implementación total de la normativa que prohíbe la compra de gas ruso, la demanda alcanzará los 42,000 MMpcd. De este volumen, aproximadamente el 41% será cubierto mediante importaciones, principalmente de gas natural licuado proveniente de Estados Unidos; mientras que solo el 21% se abastecerá por producción interna. El restante 39% corresponderá al uso de reservas de almacenamiento, estrategia fundamental para garantizar el suministro durante los meses de invierno y en periodos de mayor consumo.
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Para 2030, se estima que el consumo alcanzará aproximadamente 46,000 MMpcd, impulsado por un cambio significativo en las condiciones climáticas, un aumento en el uso de gas natural debido a retrasos en ciertos proyectos de energía renovable, y una mayor capacidad de almacenamiento. De este volumen, se prevé que el 48% será cubierto mediante importaciones, mientras que el 17% corresponderá a la producción continental de gas natural, y el 36% procederá del almacenamiento.
Este escenario implica que la Unión Europea dependerá considerablemente de la estrategia de adquisiciones implementada entre mayo y octubre, especialmente con Estados Unidos, primero para alcanzar un nivel de almacenamiento del 90% antes del 1 de noviembre, y posteriormente para mantener las importaciones que garanticen la cobertura de la demanda. Además, ante el aumento en el uso de gas natural como parte de la transición energética para dejar atrás los combustibles fósiles, se espera que a partir de 2055 inicie la disminución progresiva de su uso en el continente.
Ante este contexto, se presenta un dilema que actualmente Estados Unidos está evaluando a través del Departamento de Energía (DOE), el cual ha implementado iniciativas como el Energy Storage Grand Challenge y el programa Storage Innovations 2030. Ambos están orientados al desarrollo de tecnologías avanzadas de almacenamiento de larga duración y al fortalecimiento de la cadena de suministro nacional de gas natural. El aumento en las exportaciones y la instalación de centros de datos requiere una estrecha integración con la red energética estadounidense, lo que ha impulsado la creación de plantas específicas para estos centros, muchas de las cuales operan bajo proyectos de ciclo combinado y, en algunos casos, emplean tecnologías nucleares modulares.
En este contexto, el modelo de negocio exitoso se fundamenta en la comercialización de gas natural licuado (GNL), aprovechando la existencia de un mercado cautivo en Europa para las próximas décadas. Por otro lado, se minimizan las exportaciones a México y Canadá a través de ductos, dado que estos países forman parte del acuerdo comercial y actualmente el gas natural no está sujeto a ningún arancel.
En los Estados Unidos, el consumo promedio diario en 2025 fue de aproximadamente 95,000 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), mientras que la producción alcanzó los 107,000 MMpcd. Del total producido, el 14% se exportó como gas natural licuado (GNL) y el 9% a través de ductos. Para cubrir el consumo diario, se utilizaron entre 12 y 15 mil MMpcd provenientes del almacenamiento.
Para 2028, se estima que el consumo ascenderá a 103,000 MMpcd y la producción llegará a 113,000 MMpcd, con una proyección de exportación del 17% en modalidad GNL y un 10% por ducto. Se prevé retirar aproximadamente 21,000 MMpcd de las reservas de almacenamiento para satisfacer la demanda. En ese año, Estados Unidos deberá compensar la posible disminución de compras por parte de Europa a Rusia; durante el invierno será prioritario abastecer el mercado interno y, posteriormente, evaluar cuánto podrá enviarse a Europa antes y durante el invierno, así como determinar la capacidad de exportación por ductos según el balance de almacenamiento disponible y la continuidad de la producción durante bajas temperaturas. Este escenario es relevante para las proyecciones energéticas de México.
De cara a 2030, Estados Unidos podría consumir más de 115,000 MMpcd y producir hasta 117,000 MMpcd, estableciendo una relación casi 1:1. Para mantener su posición en el mercado de exportación, se proyecta que el 21% del total producido se exporte como GNL y el 11% a través de ductos, lo que implicaría un retiro de aproximadamente 38,000 MMpcd de los centros de almacenamiento.
Estados Unidos podría optar por reducir su capacidad de almacenamiento o definir una nueva estrategia a partir de 2030, priorizando las economías que puedan pagar el GNL, en respuesta a un cambio geopolítico ocurrido en 2026. Esta decisión implicaría dejar de lado a dos países que forman parte de su tratado, vendiendo únicamente lo disponible para no comprometer la seguridad energética que actualmente mantiene a nivel mundial.
México enfrenta desafíos significativos en el abastecimiento de gas natural. Al cierre de 2025, la demanda promedio observada fue de 9.11 mil millones de pies cúbicos diarios (MMpcd), de los cuales aproximadamente el 70% se importa desde Estados Unidos para satisfacer las necesidades del mercado interno. Entre el 65% y el 70% de esta demanda se destina a la generación eléctrica, especialmente ante el crecimiento de proyectos de la Comisión Federal de Electricidad que utilizan gas natural en nuevas plantas bajo contratos mixtos o directos. Se prevé que el consumo aumente a más de 9.90 mil MMpcd para 2028, manteniendo el porcentaje de importación, y que en 2030 el consumo alcance los 11,000 MMpcd, con una importación constante no mayor al 70%, siempre que la producción nacional de gas natural seco se mantenga estable durante este periodo.
En 2025, el precio promedio observado del gas natural por ducto fue de 3.2 USD/MMBtu, mientras que el GNL en Europa presentó fluctuaciones entre 13 y 15 USD/MMBtu. El GNL requiere una infraestructura logística más compleja, que incluye una planta de licuefacción, transporte marítimo especializado entre puertos y una planta de regasificación en el destino para su almacenamiento o distribución por ductos en toda la Unión Europea.
Reflexión
México dependerá del gas natural proveniente de Estados Unidos por más de cinco décadas. Por otro lado, Europa dejará de adquirir gas ruso y se espera que el consumo aumente durante las próximas cuatro décadas, lo que implicará que una proporción significativa del suministro mundial provenga de Estados Unidos. Ante este escenario, Estados Unidos enfrentará la decisión de priorizar su seguridad energética respecto al almacenamiento de gas natural, considerando el aumento en la demanda interna.
El país solo podrá sostener los volúmenes actuales y atender incrementos en exportaciones si amplía su capacidad de almacenamiento y producción en sus cuencas gasíferas. De no hacerlo, priorizará su propio almacenamiento, el mercado local y las exportaciones hacia naciones con mayor intercambio comercial, negociando aranceles y acuerdos sobre la compra de gas natural. Cabe destacar que tanto Europa como Estados Unidos iniciarán una reducción en el uso de gas natural a partir de 2050, mientras que México continuará dependiendo de la disponibilidad, capacidad y condiciones de negociación con su vecino del norte durante las próximas décadas. La situación será especialmente desafiante para México a partir de 2028.
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Nota del editor: Ramses Pech es analista de la industria de energía y economía. Es socio de Caraiva y Asociados-León & Pech Architects. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
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