Publicidad
Revista Digital
Publicidad

El Super Bowl también se juega en México

La pregunta que deberíamos hacernos no es quién levanta el trofeo Vince Lombardi, sino una más relevante para nuestro país: ¿cómo gana México con el Super Bowl?
vie 06 febrero 2026 06:01 AM
youtube nfl robe grill skabeche
El Super Bowl no es solo deporte, es uno de los mayores fenómenos económicos del planeta. En 2025, el gasto total asociado al evento en EU superó los 16,000 mdd entre consumo en alimentos, bebidas, entretenimiento y apuestas, apunta Manuel Herrejón Suárez. (Chris Graythen/Getty Images)

Es febrero y el mundo mira hacia un mismo punto: el Super Bowl. Millones de personas discuten jugadas, analizan quarterbacks y esperan el medio tiempo. Es comprensible. Pero para quienes observamos la economía con la misma atención con la que otros esperan al campeón, el partido más interesante no está en el emparrillado, sino en un tablero mucho más amplio: el de las cadenas de valor, el consumo, la publicidad y la integración económica de Norteamérica.

Publicidad

La pregunta que deberíamos hacernos no es quién levanta el trofeo Vince Lombardi, sino una más relevante para nuestro país: ¿cómo gana México con el Super Bowl?

Para empezar, conviene decirlo sin rodeos: el Super Bowl no es solo deporte, es uno de los mayores fenómenos económicos del planeta. En 2025, el gasto total asociado al evento en Estados Unidos superó los 16,000 millones de dólares entre consumo en alimentos, bebidas, entretenimiento y apuestas. No es un partido: es una temporada de consumo concentrada en un solo día. Y ahí es donde México entra al juego, aunque muchas veces no lo reconozcamos.

Creo que el primer canal de impacto es el comercio y la manufactura. Buena parte de lo que se consume ese domingo (pantallas, electrodomésticos, sistemas de audio, empaques, bebidas, insumos alimentarios) está vinculado a cadenas productivas que pasan por México. Somos un eslabón central en la manufactura integrada de Norteamérica. Cuando el Super Bowl dispara la demanda, nuestras fábricas, puertos y proveedores también sienten ese impulso.

Pero hay un protagonista que merece mención especial: el aguacate mexicano. Se estima que cada Super Bowl detona el consumo de más de 150,000 toneladas de aguacate en Estados Unidos, gran parte de ellas provenientes de Michoacán. No es una cifra menor ni anecdótica. Estamos hablando de miles de productores, empacadoras, transportistas y exportadores que trabajan meses para abastecer ese pico de demanda. El guacamole del domingo no es solo botana; es ingreso, empleo y desarrollo regional.

En otras palabras, mientras millones celebran con chips y guacamole, México está literalmente dentro del plato.

Este dato revela algo más profundo, el Super Bowl expone la dependencia (y la complementariedad) entre ambas economías. No se trata de caridad ni de suerte; es integración productiva. México no es un espectador, es proveedor estratégico.

Publicidad

El segundo ángulo es el publicitario y mediático. Los anuncios del Super Bowl son los más caros y sofisticados ¡del mundo! Muchas campañas globales se adaptan para el mercado mexicano, activando agencias creativas, productoras, medios y talento local. Esto no es glamour superficial: es una industria que genera empleo altamente calificado y que proyecta a México como un mercado relevante, exigente y atractivo para marcas globales.

El tercer canal (y quizá el más interesante) es el turismo y la experiencia. Aunque el partido se juega en Estados Unidos, el Super Bowl detona viajes internos, eventos paralelos, activaciones de marca y experiencias premium en México. Hoteles, bares, restaurantes y centros de convenciones capitalizan el interés. Ciudades como Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México se convierten en sedes informales de celebraciones, con consumo elevado y derrama económica real.

Además, creo que el Super Bowl refuerza la posición de México como mercado estratégico para la NFL. No es casualidad que la liga haya decidido regresar en 2026 con otro partido de temporada regular, ni que las marcas nos vean como un público con alto engagement y capacidad de gasto. Esa visibilidad tiene efectos indirectos sobre inversión, patrocinio e infraestructura deportiva y de entretenimiento.

Desde mi óptica, el Super Bowl es también un recordatorio de algo que a veces olvidamos: México no está aislado, está profundamente integrado a la economía más grande del mundo. Cada pantalla vendida, cada aguacate servido y cada anuncio transmitido tiene trazas de valor agregado mexicano.

Ahora bien, no basta con “beneficiarnos por inercia”. Para maximizar estas ganancias, México debe seguir apostando por logística eficiente, certeza regulatoria y talento capacitado. El Super Bowl no nos define ni nos salva, pero sí amplifica oportunidades que ya existen.

Publicidad

Lo que me parece más relevante es esto: mientras muchos ven el Super Bowl como espectáculo, nosotros deberíamos verlo como termómetro de competitividad. Si nuestras exportaciones crecen, si nuestra agroindustria responde, si nuestra manufactura cumple y si nuestro consumo interno se activa, entonces estamos jugando bien nuestro propio partido.

En última instancia, el Super Bowl no se gana solo en el campo. Para México, se gana en fábricas, puertos, aduanas, huertas de aguacate, estudios de grabación, agencias creativas, hoteles y restaurantes en todo el país.

Y ese es un juego en el que, si hacemos bien las cosas, México puede seguir anotando, partido tras partido.
_____

Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad