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Bad Bunny y la representación hispana en plataformas digitales

Siendo el artista con más reproducciones a nivel global en todas las plataformas digitales, es lógico que la apuesta de Apple Music se basara en temas comerciales y económicos, más que de representación hispana.
mié 11 febrero 2026 06:03 AM
El cantante puertorriqueño Bad Bunny actúa durante el Super Bowl LX Patriots vs Seahawks Apple Music Halftime Show en el Levi's Stadium en Santa Clara, California, el 8 de febrero de 2026.
La elección de un cantante, cuyo repertorio está completamente en español, es contingente de la necesidad de alcanzar a un vasto público cautivo que identifica la lengua como un factor de pertenencia, apunta Alejandra G. Marmolejo. (FOTO: JOSH EDELSON/AFP)

¿Bad Bunny es representante del malestar social que actualmente siente la comunidad hispana en Estados Unidos? Esta pregunta no debería responderse en menos de 140 caracteres, ni en la inmediatez de un blog de Substack. La nueva configuración geopolítica, la represión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los Estados Unidos hacia las protestas contra las políticas de deportación, los intereses comerciales de la NFL hacia las audiencias hispanoparlantes, entre otros, son algunos de los factores que inciden en la conversación digital sobre un evento que actuó como catalizador para la polarización del discurso migratorio que actualmente es prioridad en medios de información.

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Si nos fijamos solo en los números de Billboard y plataformas de Streaming como Spotify y YouTube, entendemos la decisión de Apple Music, realizador oficial del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl desde 2023, de llamar al boricua como showman estelar para la edición de 2026. El alcance de las audiencias hispanoparlantes en los Estados Unidos es cada vez más extenso, y siendo Bad Bunny el artista con más reproducciones a nivel global en todas las plataformas digitales, es lógico que la apuesta de Apple Music se basara en temas comerciales y económicos, más que de representación hispana.

De acuerdo con datos de 2024 del Buró de Censos del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, el 19.47% de la población se reconocía como hispanoparlante o “latina” (haciendo alusión a la pertenecía familiar y/o cultural de algún país de América Latina). La misma dependencia gubernamental reportó un año antes (2023) que el 71% del crecimiento de la población total en los Estados Unidos pertenecía a la comunidad hispana. Es decir, que de cada 100 nuevos habitantes, por nacimientos o migración, 71 se reconocen como hispanos o latinos.

Estos números podrían explicar parcialmente —pero nunca justificar— las nuevas políticas migratorias en materia de deportaciones, que se instauraron con la entrada del segundo periodo del mandato de Donald Trump. La elección de un cantante, cuyo repertorio está completamente en español, es contingente de la necesidad de alcanzar a un vasto público cautivo que identifica la lengua como un factor de pertenencia. Por eso es importante reconocer que la representación es un síntoma de un fenómeno más grande: la migración en los Estados Unidos y su instrumentalización en el discurso proteccionista del gobierno ultraconservador.

El argumento de la representación no se trata sobre si nos gusta o no Bad Bunny: una elección comercial está basada en números que permiten una campaña de marketing exitosa, porque hay gente que paga por entretenimiento; una industria cada vez más interesada en atraer nuevos consumidores. Sin embargo, la polarización sobre temas migratorios y discursos de odio, catalizados por el show de medio tiempo de Bad Bunny, genera tendencias negativas dentro de los usuarios de redes sociales.

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La plataforma de medición Brand 24 reporta que el 58% de todas las menciones sobre la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl ocurrió en el territorio estadounidense y menos del 20% en países de Latinoamérica. El alcance en redes sociales sobre este tema obtuvo alrededor de 120 millones interacciones, un tercio de ellas (28%) reflejó sentimientos positivos en las audiencias. La representación hispana, aunque sea por motivos comerciales, sigue siendo legítima.

Por su parte, Donald Trump expresó desde su cuenta en Truth Social que el performance le pareció “repugnante” y “el peor espectáculo de la historia”; a pesar de que la narrativa visual presentada por Bad Bunny no incluyó escenas hiper sexualizadas ni protestas políticas explícitas, como la de Colin Kaepernick en 2016, cuando se arrodilló durante el himno nacional estadounidense como protesta contra el racismo hacia la población afroamericana. Trump calificó ese gesto como una falta de respeto hacia los valores nacionalistas.

Es interesante que Trump y los seguidores del movimiento MAGA en plataformas digitales hagan los mismos señalamientos hacia gestos culturales, sin importar si son de protesta o pertenencia, que no validen los valores conservadores que tratan de enaltecer el estatus purista de una nación que está tomando acciones violentas —físicas y simbólicas— contra todas aquellas personas y organizaciones que no sean afines con la idiosincrasia del actual gobierno estadounidense.

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Con base en los números, no es equivocada la percepción de la existencia de narrativas de odio en redes sociales, diseminadas por los propios mandatarios de gobierno, que tratan de segregar la visibilidad del idioma español. El movimiento MAGA en plataformas digitales usa eventos como estos para diseminar discursos de odio y segregación cultural.

Las narrativas violentas son latentes en otros momentos del calendario deportivo, pero encuentran una válvula de escape cuando un elemento ajeno, como un artista de reguetón en el espectáculo anual más grande de los Estados Unidos, se convierte en un tema viral en redes sociales. Como audiencias, debemos tener cuidado en no participar en discusiones que tienen objetivos de desinformación y odio, aunque no sean del todo evidentes; sobre todo si no sabemos que una “minoría”, realmente representa al 20% de toda la población en los Estados Unidos.

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Nota del editor: Alejandra G. Marmolejo es doctora en Política Pública, profesora y miembro del Observatorio de Medios Digitales en el Tecnológico de Monterrey . Síguela en Threads como @alegmarmo. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

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