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San Valentín no se improvisa. Cuando el amor del consumidor depende de la operación

En un entorno donde la experiencia del cliente define la lealtad y la rentabilidad, contar con suministros confiables y alineados con la operación es una decisión estratégica, no táctica.
jue 12 febrero 2026 06:00 AM
San Valentín no se improvisa. Cuando el amor del consumidor depende de la operación
San Valentín deja una lección clara: el consumidor puede comprar con el corazón, pero juzga con la experiencia. Y esa experiencia no se improvisa. Se construye con una operación preparada, apunta Ernesto Hernández. (Foto: iStock)

San Valentín es una de esas fechas que ponen al retail bajo una lupa implacable. El consumidor compra con emoción, muchas veces con prisa y casi siempre con expectativas altas. No hay segundas oportunidades: el regalo tiene que estar disponible, el precio debe ser claro y la experiencia fluida. En ese contexto, el romanticismo dura lo que tarda en aparecer la primera fricción.

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Cada año, las marcas concentran sus esfuerzos en campañas y promociones diseñadas para conectar emocionalmente con el comprador. Sin embargo, pocas veces se habla de lo que sostiene esa promesa en el punto de venta: la operación diaria. Y dentro de esa operación, hay un elemento que es esencial e invisible al mismo tiempo, los suministros.

Cuando pensamos en San Valentín, rara vez pensamos en etiquetas, impresión, códigos de barras o identificación de productos. Pero sin ellos, la experiencia simplemente no funciona. Un precio mal impreso, una promoción confusa o un código ilegible pueden arruinar en segundos una compra impulsada por emoción. En fechas de alta demanda, lo operativo deja de ser secundario y se convierte en protagonista.

El consumidor no distingue entre áreas ni procesos internos. No le importa si el problema fue un error en el etiquetado, una falla en la reposición o una desconexión entre sistemas. Para él, la experiencia es directa: encontró lo que buscaba o no; entendió la oferta o se frustró; compró o abandonó la tienda. Y ese juicio es inmediato.

Los suministros se convierten en el lenguaje operativo del retail. Permiten que la tienda “hable” con claridad: que el precio sea correcto, que la promoción se entienda, que el producto esté bien identificado y que el proceso de cobro sea ágil. Cuando todo se acelera, como ocurre en San Valentín, ese lenguaje tiene que ser impecable.

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Además, estas fechas no solo tensionan al punto de venta. Detrás hay una cadena completa respondiendo contra reloj: manufactura, centros de distribución y logística ajustándose a picos de demanda. En todos esos eslabones, los suministros permiten orden, trazabilidad y precisión cuando el margen de error es mínimo.

Durante años, los suministros fueron vistos como un “commodity”, una línea más del presupuesto. Hoy esa visión ya no es suficiente. En un entorno donde la experiencia del cliente define la lealtad y la rentabilidad, contar con suministros confiables y alineados con la operación es una decisión estratégica, no táctica.

San Valentín deja una lección clara: el consumidor puede comprar con el corazón, pero juzga con la experiencia. Y esa experiencia no se improvisa. Se construye con una operación preparada, donde los detalles más básicos —los que casi nadie ve— son los que realmente hacen que el amor por la marca perdure.

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Nota del editor: Ernesto Hernández es Gerente General para Zebra Technologies en México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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