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Comienza la colonización espacial humana, ¿qué sigue?

La tecnología nunca había tenido tanta capacidad para proteger la vida… ni para extinguirla. Esa ambivalencia exige una filosofía explícita, no implícita.
mar 17 febrero 2026 06:00 AM
Musk quiere llevar centros de datos al espacio por la IA: qué significa la unión de SpaceX y xAI
La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos podría casi duplicarse antes de 2030, impulsado principalmente por la IA (IEA, 2024). En la Tierra, esto ya genera fricción social, cuellos de botella regulatorios y límites físicos, apunta Juan Carlos Chávez. (ipopba/Getty Images/iStockphoto)

Hasta hace poco, la colonización espacial era una fantasía cara. Bandera, épica y discursos, pero sin un modelo económico que la sostuviera. Hoy eso cambió. No por un ideal filosófico, sino por una necesidad brutalmente concreta: energía, cómputo y escala para la inteligencia artificial. Por primera vez, el espacio dejó de ser un “después” y se volvió un “ahora” rentable.

La razón es sencilla y profunda a la vez. La IA moderna no avanza sin centros de datos. Entrenar y operar modelos de frontera exige cantidades colosales de electricidad, enfriamiento constante y estabilidad física.

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La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos podría casi duplicarse antes de 2030, impulsado principalmente por la IA (IEA, 2024). En la Tierra, esto ya genera fricción social, cuellos de botella regulatorios y límites físicos: redes eléctricas saturadas, conflictos por agua y restricciones ambientales.

De hecho, esa industria ya arrancó en papel y en estructura corporativa: la fusión de xAI con SpaceX, presentada como un paso para integrar cohetes, satélites y demanda de IA, se acompaña de la solicitud de SpaceX ante la FCC para desplegar hasta un millón de satélites ‘solares’ concebidos como centros de datos orbitales” (Reuters, 2026a; Reuters, 2026b).De hecho, esa industria ya arrancó en papel y en estructura corporativa: la fusión de xAI con SpaceX —presentada como un paso para integrar cohetes, satélites y demanda de IA— se acompaña de la solicitud de SpaceX ante la FCC para desplegar hasta un millón de satélites ‘solares’ concebidos como centros de datos orbitales” (Reuters, 2026a; Reuters, 2026b).

El espacio ofrece una salida inesperada. En órbita, la energía solar es casi continua, sin noches ni nubes. El enfriamiento, aunque técnicamente complejo, puede realizarse por radiación térmica sin consumir agua. Además, la ausencia de clima, sismos y fronteras políticas reduce riesgos que en la Tierra son cada vez más costosos. El gran obstáculo histórico (el precio de lanzamiento) está cayendo de forma acelerada gracias a la reutilización de cohetes y a economías de escala que hace una década parecían imposibles.

En este contexto surge la idea, ya no marginal, de redes masivas de satélites que no solo transmiten datos, sino que procesan información: centros de datos distribuidos en órbita. No es casualidad que los planes más ambiciosos de infraestructura espacial hoy estén íntimamente ligados a la IA. El cómputo es poder. Y quien controle el cómputo controlará productividad, defensa, ciencia y narrativa geopolítica durante décadas.

La dimensión estratégica es evidente. La historia demuestra que cada revolución tecnológica redefine jerarquías globales. El vapor, la electricidad y el internet no solo transformaron economías: reorganizaron imperios.

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La IA es el siguiente salto, y su infraestructura será tan determinante como los oleoductos lo fueron en el siglo XX. Llevar esa infraestructura al espacio no es solo eficiencia técnica; es una apuesta por soberanía tecnológica a escala planetaria, y, pronto, extraplanetaria.

Pero aquí aparece una consecuencia aún más profunda. Para instalar, mantener y escalar infraestructura orbital de este tipo, no bastan robots. Se requieren estaciones de ensamblaje, mantenimiento humano, manufactura avanzada fuera de la Tierra y, eventualmente, bases lunares como nodos logísticos. La reducción de costos hará que viajar al espacio deje de ser un privilegio excepcional y se convierta en parte de una cadena industrial extendida. Así es como nacen las sociedades espaciales: no por conquista, sino por mantenimiento.

Este es el punto en el que conviene detenernos y hacer la pregunta incómoda: ¿para qué? La tecnología avanza más rápido que nuestra reflexión sobre su propósito. En el concepto que llamo Telos de La-Vida-Primero, aparece una brújula crucial: maximizar utilidad sin sacrificar diversidad ni erosionar la base misma de la vida. La historia de la Tierra es clara: cuando una tecnología optimiza solo eficiencia y poder, termina degradando aquello que la hizo posible.

La colonización espacial impulsada por la IA nos obliga a una reevaluación moral. Si vamos a expandirnos más allá del planeta, no puede ser replicando los mismos errores: extractivismo ciego, concentración extrema de poder y desprecio por la fragilidad de los sistemas vivos. La tecnología nunca había tenido tanta capacidad para proteger la vida… ni para extinguirla. Esa ambivalencia exige una filosofía explícita, no implícita.

Quizá esta sea la verdadera oportunidad histórica. No solo salir de la Tierra, sino salir de una lógica puramente económica. Diseñar desde ahora estructuras técnicas, políticas y culturales que integren progreso con cuidado; poder con responsabilidad; expansión con sentido. La colonización espacial ya comenzó. La pregunta es si llevaremos con nosotros solo servidores… o también una ética a la altura del universo que estamos a punto de habitar.

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Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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