En los últimos meses se ha escrito mucho sobre el ritmo tan pobre en el crecimiento económico de México, buscando sus causas y posibles soluciones. Factores externos e internos que obstaculizan la inversión y la creación de empleos abundan. La mayoría son ajenos a la voluntad de uno de los grupos que debería estar jugando un papel más importante en el impulso del país: los empresarios. Urge un cambio de mentalidad para hacerles frente.
Urge volver al pensamiento estratégico
Estos tiempos de incertidumbre están provocando un largo periodo de inactividad entre los hombres y mujeres de negocios. Son cifras muy concretas: Sólo el 39.5% de los empresarios mexicanos considera que este es buen momento para invertir, según datos de Coparmex. La OCDE proyecta un crecimiento de apenas 1.2% para México en 2026, luego de un crecimiento de 0.7% en 2025 y de 1.4% en 2024. El estancamiento es evidente, cuando no alcanzamos a crecer ni a un ritmo de 2%, que ya se consideraba insuficiente durante la década pasada.
La caída en la inversión fija bruta es responsabilidad tanto del sector público como privado, pero en este contexto llama la atención otra estadística. Según Coparmex mismo, el 67% de los empresarios encuestados ha decidido no modificar su estrategia comercial pese a los aranceles. Esto no es pesimismo: es parálisis cognitiva. Hay muchos empresarios dedicados a reaccionar en estos momentos. El mensaje que no quieren escuchar pero deberán hacerlo tarde o temprano es que este entorno no va a volver a la “normalidad”.
El entorno CIVA
Hace ya unos 25 años que la academia trajo al mundo de los negocios la siglas VICA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) como un diagnóstico del entorno global. Era éste un término militar para describir la realidad después de la Guerra Fría, pero recientemente Michael D. Watkins, autor reconocido en estrategia y negocios, prefirió cambiar el orden de las letras y hablar de un entorno CUVA, porque para él la complejidad es lo más relevante en este momento. Ya en español, hablaríamos de un entorno CIVA.
Watkins ha dedicado décadas a estudiar lo que distingue a los líderes que prosperan de aquellos que colapsan ante la turbulencia, pero una de sus premisas es que el entorno CIVA es un cambio estructural, no coyuntural. Es decir, para ponerlo en términos llanos, no hay vuelta al pasado.
Vale la pena detenerse en este punto, porque algunos empresarios pueden estar pensando que vendrá en cierto momento un regreso a la realidad como la conocían. No sucederá. Los cambios en el orden mundial, y en el acontecer económico y político de Estados Unidos no tienen indicio alguno de regresar al anterior status quo. El entorno en México tampoco.
La mayoría de los analistas coinciden en que los cambios que se han dado en el país, por positivos y negativos que sean, no van a dar marcha atrás. Esto es una señal muy clara para los empresarios en México: hay que adaptarse. Mantenerse a la defensiva y esperar a que el panorama se despeje por completo es una receta para quedarse atrás y, peor aún, colocarse en una situación aún más vulnerable. En este sentido, debe volver a aplicar el pensamiento estratégico en la clase empresarial, a todos los niveles.
A ejercitar ese músculo
Hay muchas definiciones de qué es el pensamiento estratégico, pero básicamente puede sintetizarse en la capacidad de analizar y entender el entorno, cambiar el enfoque mental, trazar un plan a futuro. Seguirlo de forma estructurada y planificada y evaluar el desempeño constantemente en el camino. Ahora bien, este pensamiento, coinciden los estudiosos, es un músculo que se atrofia si no se ejercita.
El 2026 es un año de mucha complejidad, incertidumbre, volatilidad y ambigüedad y por tanto de grandes riesgos y grandes decisiones. Pero las grandes decisiones requieren grandes pensadores estratégicos. Estos no nacen: se forman mediante disciplina, práctica deliberada y experiencia acumulada.
México no carece de activos, acceso a mercados ni relevancia estratégica. Lo que le falta son condiciones de certidumbre. Pero la certidumbre perfecta nunca llegará. La pregunta no es si el entorno se estabilizará –no lo hará– sino si nuestros empresarios desarrollarán (o recordarán) la capacidad de pensar estratégicamente dentro de la inestabilidad permanente. Volviendo a esa estadística de la encuesta de Coparmex: esa política comercial que no funciona debe cambiar, sí o sí, y ya vamos tarde.
El pensamiento estratégico no es un lujo de corporativos multinacionales. Es una disciplina; un conjunto de músculos mentales que puede y debe ejercitarse. La alternativa es seguir paralizados ante cada shock, reactivos ante cada crisis, sorprendidos ante cada cambio. Y en el entorno CIVA, quienes no piensan estratégicamente simplemente dejan de pensar y sus empresas dejan de existir.
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Nota del editor: Ismael Plascencia López es profesor e investigador de CETYS Universidad. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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