Al abandonar el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START, 2010), Estados Unidos y Rusia rompieron las ataduras y los compromisos sobre límites verificables a sus arsenales nucleares estratégicos; dejaron de estar legalmente obligadas a respetar topes cuantitativos, intercambiar información o permitir inspecciones in situ. Tales mecanismos, limitados como es lógico, contribuían, sin embargo, a reducir la probabilidad de que se cometieran graves errores de cálculo o accidentes catastróficos.
Ciertamente, el tratado firmado por Barack Obama y Dmitri Medvédev (2010) fue producto de un equilibrio político y militar siempre frágil, difícil de sostener. Sin embargo, el deterioro en la relación entre Rusia y Occidente y el advenimiento de nuevas realidades geopolíticas terminaron por politizar fuertemente estos acuerdos y, tanto Estados Unidos como Rusia, dejaron de valorarlos como instrumentos efectivos de control de riesgo. Salirse de tratados, amenazar con no renovarlos o atarlos a concesiones del contrario se volvió la forma perfecta de politizar estos acuerdos, ejercer presión y ganar puntos ante la opinión pública interna y externa. Todo lo cual debilitó justamente el frágil acuerdo político de control nuclear que esos acuerdos pretendían proteger.
Llegar a nuevos acuerdos no será fácil pues priva la politización y la desconfianza. Y, porque además, habrá que incluir a China a cualquier acuerdo futuro.
Aunque por años China se mantuvo fuera del sistema de reglas sobre armas nucleares, conservó un arsenal nuclear relativamente pequeño y no tuvo que asumir compromisos de reducción ni obligaciones de verificación; en los últimos años, esto ha cambiado y el país ha emprendido una expansión nuclear acelerada, superando las 600 ojivas operativas en 2024 (mientras diversas estimaciones prevén que podría acercarse o incluso superar las 1,000 para 2030). China muestra una capacidad de respuesta más robusta y diversificada, con nuevos silos, misiles de largo alcance y mayor énfasis en la supervivencia del arsenal frente a un primer ataque, de modo que, la pregunta no es si debe incluirse en las negociaciones, sino ¿cómo hacerlo?