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Ansiedad funcional, la epidemia silenciosa en el mundo corporativo en México

Necesitamos cambiar la narrativa. Dejar de romantizar el agotamiento. Dejar de asociar el valor profesional con la capacidad de resistir todo.
mié 15 abril 2026 06:03 AM
Ansiedad funcional, la epidemia silenciosa en el mundo corporativo en México
Muchas personas ni siquiera se reconocen como ansiosas. Solo creen que están “estresadas”, “ocupadas” o “en una etapa demandante”, apunta Melissa Villanueva. (Foto: iStock)

Hay una ansiedad que no se nota.
No grita, no paraliza, no siempre rompe.
Al contrario: cumple, entrega, responde correos a tiempo, lidera juntas, sonríe en videollamadas y hasta felicita a otros por sus logros.

Es la ansiedad funcional. Y en México, se ha convertido en una epidemia silenciosa.

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Durante mucho tiempo pensé que sentirme constantemente alerta, revisar pendientes incluso antes de dormir o despertar con la sensación de “ya ir tarde” era parte del compromiso profesional. Que vivir con esa presión interna era el precio de hacer bien las cosas. Nadie nos enseña que no es normal vivir con el pecho apretado mientras todo afuera parece estar en orden.

Hoy sé que no es un caso aislado.

Datos del Inegi revelan que más del 49% de los mexicanos ha experimentado síntomas de ansiedad, una cifra que refleja la magnitud del problema en nuestra vida cotidiana. Además, cerca del 20% de la población adulta presenta síntomas severos de ansiedad y más de 30% los presenta de forma leve o moderada, lo que confirma que no se trata solo de estrés pasajero, sino de una condición que impacta profundamente la salud y la calidad de vida.

Pero hay algo más preocupante: muchos de esos casos están en oficinas, en salas de juntas, en chats de trabajo. Personas que siguen funcionando… mientras se desgastan por dentro.

La ansiedad funcional es especialmente peligrosa porque se disfraza de productividad.

Se aplaude. Se premia. Se normaliza.

Es esa persona que nunca desconecta. La que siempre está disponible. La que “puede con todo”… hasta que ya no puede.

En entornos corporativos, donde el rendimiento se mide en resultados y no en bienestar, esta forma de ansiedad se vuelve invisible. Incluso deseable. Porque mientras alguien cumpla, nadie pregunta cómo está.

Y sin embargo, el cuerpo… pasa factura.

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Una crisis de ansiedad, al menos como yo lo he vivido es sentir que te mueres. No puedes respirar, no se te llenan los pulmones de aire, te sudan las manos, sientes que se te sale el corazón y una sensación insoportable e indescriptible en el estómago.

Lo más duro es que muchas personas ni siquiera se reconocen como ansiosas. Solo creen que están “estresadas”, “ocupadas” o “en una etapa demandante”.

Yo misma tardé en entenderlo.

Hasta que un día te das cuenta de que vivir en alerta no es vivir. Que el éxito no debería sentirse como una carga constante. Que estar bien no es un lujo, es una necesidad.

Hablar de ansiedad en el mundo corporativo no es debilidad. Es urgencia.

Necesitamos cambiar la narrativa. Dejar de romantizar el agotamiento. Dejar de asociar el valor profesional con la capacidad de resistir todo.

Las empresas tienen un rol clave, sí. Pero también lo tenemos nosotros. Poner límites. Escuchar al cuerpo. Pedir ayuda. Normalizar la terapia como parte del cuidado integral, no como último recurso.

Porque la ansiedad funcional no se ve… pero se acumula. Y cuando explota, lo hace en silencio.

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Quizá el verdadero liderazgo hoy no está en hacer más, sino en aprender a sostenernos mejor. En entender que la salud mental no compite con la productividad: la hace posible.

Y en recordarnos, todos los días, que no vinimos a sobrevivir al trabajo… sino a vivir también fuera de él.

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Nota del editor: Melissa Villanueva es directora de Marketing de Compañía Global de FMCG. Fundadora de Mel Borrón y Cuenta Nueva. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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