El involucramiento de Estados Unidos en el conflicto se da por la participación de la Unión Soviética en este. De no haber sido por esto, el actuar de Washington hubiera sido seguramente similar al de sus socios europeos que optaron por la negación de asistencia a Israel por temor a represalias de los países árabes, miedo que no estaba del todo carente de fundamento. A partir del apoyo de Estados Unidos a Israel los países árabes imponen un embargo petrolero que significaría la crisis energética más importante de la historia moderna hasta antes de la crisis en el Estrecho de Ormuz.
Para 1974, luego del embargo, los precios del crudo se habían cuatriplicado. Lo más relevante de dicho suceso son dos elementos: la reconfiguración de la arquitectura de seguridad de Medio Oriente -derivada de la intervención estadounidense-, y su parecido con el presente, en el que enfrentamos la disrupción energética más grave desde entonces.
Fin de la convertibilidad del dólar al oro y la financiarización
Podríamos dividir el sistema financiero de la posguerra en cuatro periodos: el primero, de 1945 a 1960, caracterizado por la reconstrucción de la posguerra; el segundo, que termina a finales de los años 70 y definido por el desafío de los países del Sur global, el fin de la convertibilidad del dólar al oro y el inicio de un periodo estanflacionario; el tercero asociado con el inicio de los años 80 hasta entrado el nuevo milenio, el fin de la Guerra Fría, la globalización y la unipolaridad estadounidense; y, el cuarto, que iniciaría con la reconfiguración económica mundial luego de la crisis financiera de 2008, con iniciativas de desdolarización y de órdenes financieros alternativos entre los que destaca el propuesto por los BRICS+.
El periodo que nos interesa es el segundo. Los años de 1970 que se inauguraban con el “choque de Nixon” en 1971 y el fin de la convertibilidad del dólar al oro, tendrían consecuencias tan significativas que se extienden hasta nuestros días. Para 1960 dicho modelo se encontraba ya en riesgo. La convertibilidad del dólar al oro, establecido en 1944 con el sistema Bretton Woods, establecía que la única moneda convertible al oro sería el dólar a una tasa fija de 35 dólares por onza, mientras que el resto de las divisas estarían vinculadas a la estadounidense. El superávit de dólares en el exterior, motivado por los altos niveles de inversión extranjera, ayuda al exterior y gasto militar, volvía insostenible tal sistema debido a la alta circulación de la moneda a nivel internacional, la cual se encontraba sobrevaluada.
A pesar de los intentos implementados por las administraciones de Kennedy y Johnson, estos no tuvieron éxito. No fue hasta el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente Nixon anuncia su Nueva Política Económica. Resulta irónico que las medidas implementadas debían “proteger al dólar de los ataques provenientes de los especuladores internacionales de dinero”, lo que pretendía lograrse con el fin del sistema de convertibilidad del dólar al oro, y que esto ocasionara lo contrario. El objetivo de la medida, junto con el establecimiento (cualquier parecido con el presente es mera coincidencia) de una tarifa del 10% a todas las exportaciones dirigidas a los Estados Unidos, buscaba fomentar un mismo efecto por doble partida: una revaluación de las monedas extranjeras frente al dólar, fortaleciendo así las exportaciones estadounidenses, corrigiendo los desequilibrios en la balanza de pagos; reforzada por la segunda medida que buscaba reducir el déficit estadounidense.