Publicidad
Revista Digital
Publicidad

El streaming se convirtió en lo que odiaba

Mientras las plataformas de contenido puro negocian con sus propias contradicciones, otros jugadores resolvieron el problema desde un lugar distinto.
El streaming quitará ventas de propaganda política a Televisa y TV Azteca
Millones de personas aceptaron volver a ver publicidad a cambio de pagar menos. La plataforma que se construyó sobre la promesa de eliminar los anuncios ahora proyecta triplicar sus ingresos publicitarios a 9,000 millones de dólares para 2030, apunta Matías Carrocera. (Giuliano Benzin/Getty Images)

Hay una pregunta que nadie está haciendo en voz alta todavía: ¿el streaming ganó la guerra contra la televisión tradicional o terminó convirtiéndose en ella?

Durante una década, la promesa del streaming fue simple y poderosa. Sin horarios, sin intermediarios, sin comerciales. Se pagaba por una mensualidad razonable y el contenido era tuyo. El enemigo declarado era el cable: caro, inflexible y plagado de publicidad que nadie pidió. Esa narrativa funcionó tan bien que destruyó un modelo de negocio centenario en menos de 10 años.

Publicidad

Sin embargo, el problema es que el modelo que lo reemplazó tampoco resultó ser sostenible. Solo en Estados unidos, en 2023, apenas el 20% de los nuevos suscriptores de Netflix elegían el plan con anuncios. En 2024, la cifra subió al 40%. Para el primer trimestre de 2026, ese porcentaje ya superaba el 60% de los nuevos registros en los mercados donde el plan está disponible.

Nadie lo llamó traición porque la ejecución fue inteligente. No son bloques de ocho minutos de comerciales como en la televisión abierta. Son dos o tres interrupciones cortas, anunciadas con anticipación, con un contador que te dice exactamente cuándo termina. Ese es el punto: se diseñó para ser tolerable, no para ser invisible.

El resultado es que millones de personas aceptaron volver a ver publicidad a cambio de pagar menos. La plataforma que se construyó sobre la promesa de eliminar los anuncios ahora proyecta triplicar sus ingresos publicitarios a 9,000 millones de dólares para 2030.

Mientras las plataformas de contenido puro negocian con sus propias contradicciones, otros jugadores resolvieron el problema desde un lugar distinto.

Amazon Prime Video no es, estrictamente, un servicio de streaming. Es un beneficio colateral de un programa de fidelidad construido sobre el comercio electrónico. El usuario no abre Amazon para ver series; abre Amazon para comprar, y el contenido está ahí. La frecuencia de uso no depende del catálogo: depende de los envíos, los pagos y la rutina de consumo. El contenido es el gancho; el hábito de compra es el ancla.

Disney entendió algo distinto, pero igualmente válido: el catálogo por sí solo no genera suficiente frecuencia. La transmisión de deportes en vivo, la Fórmula 1, la NFL, los grandes eventos de entretenimiento, crea una razón para abrir la aplicación cada semana, con urgencia para disfrutarlo en vivo, o en algunos casos, para verlo diferido. Esa inmediatez es exactamente lo que faltaba en el modelo de catálogo.

En febrero de 2026, Mercado Libre lanzó en México el plan Meli+ Mega: Netflix, Disney+, HBO Max y Apple TV agrupados en una sola factura. El precio regular es de 399 pesos al mes, frente a los más de 550 pesos que costaría contratar las cuatro plataformas por separado. Lo llamativo no es el descuento. Lo llamativo es quién lo hace y por qué.

Publicidad

Mercado Libre dejó de ser solo un marketplace para convertirse en el agregador de contenido más potente de la región. El movimiento no es una apuesta por el entretenimiento: es una apuesta por la retención. Cada plataforma que el usuario consume dentro de Meli+ es una razón más para no cancelar la membresía, para seguir comprando, para que el ecosistema sea más difícil de abandonar. De esta forma, el contenido no es el producto; es el cemento.

México encabeza la lista de mercados con más de 1,100 bundles de streaming disponibles, y Latinoamérica lidera en número de ofertas activas a nivel global. Las alianzas ya no son exclusividad del sector telecomunicaciones: en Europa, Netflix se alió con cadenas de supermercados en Francia y España; en Brasil, bancos fintech integran planes de streaming como beneficio para clientes seleccionados. El contenido migró al ecosistema de servicios cotidianos.

Pero a todo esto, se le suma una variable que los ejecutivos del sector conocen pero raramente admiten en público: el mercado informal lleva años perfeccionando su producto.

Los repositorios de torrents de los 2000 evolucionaron. Hoy existen servicios IPTV no autorizados con interfaces similares a las plataformas legales, miles de canales en vivo y catálogos de series y películas actualizados, a precios de entre tres y cinco dólares al mes. No es un fenómeno marginal. Según BB Media, en 2024 la piratería audiovisual mantuvo una penetración superior al 40% en los hogares con acceso a internet en América Latina, lo que equivale a casi 24 millones de hogares en la región. A nivel global, las visitas a sitios de streaming ilegal pasaron de 130,000 millones en 2020 a 216,000 millones en 2024, un incremento del 66% en cuatro años, según MUSO.

En México específicamente, el impacto es cuantificable: la piratería audiovisual generó pérdidas estimadas en 1,600 millones de dólares para la industria de televisión y cine en 2022, de acuerdo con el Centro de Estudios de Telecomunicaciones de América Latina.

La piratería no es el enemigo romántico de los años 2000. Es un termómetro. Cuando sube, es porque la propuesta de valor del mercado legal falló en algún punto: precio, acceso, fragmentación del catálogo, o las tres cosas juntas. Especialistas del sector señalan que el encarecimiento de los servicios audiovisuales legales es el principal motor de este crecimiento exponencial de la oferta ilegal.

Visto así, los planes con publicidad, los bundles tipo Meli+ Mega y las alianzas con ecosistemas de e-commerce no son solo estrategia de crecimiento. Son también una respuesta implícita a esta presión desde abajo: bajar la barrera de entrada para que la opción legal sea, por primera vez en años, genuinamente competitiva en precio.

Publicidad

En este contexto, Netflix es el caso más incómodo de analizar porque es el único de los grandes que no tiene un ancla fuera de la pantalla. No tiene e-commerce. No tiene deportes propios de manera consistente. Los videojuegos fueron un intento de crear retención fuera del contenido lineal que no escaló como se esperaba.

Pero lo que sí tiene es el catálogo más grande del mundo y una base de más de 300 millones de suscriptores pagos, lo cual es una fortaleza real pero también una presión constante: cada trimestre tiene que justificar por qué ese número no cae.

La respuesta que encontró fue rendirse parcialmente a la lógica que decía combatir: publicidad controlada. Deportes en vivo. Alianzas con ecosistemas de terceros. Es una estrategia coherente, pero también es la confirmación de que el modelo original, un catálogo, una suscripción, cero fricciones, no era tan robusto como se pensaba en los inicios.

El streaming no está muriendo. Está mutando hacia algo que todavía no tiene nombre preciso pero que se parece bastante a lo que existía antes de él: un servicio empaquetado, con publicidad opcional, integrado en plataformas más grandes que tienen otras razones para retenerte, compitiendo silenciosamente contra un mercado informal que no para de crecer.

La diferencia es que esta vez los datos del usuario son infinitamente más precisos. La plataforma sabe qué viste, cuándo lo pausaste, qué anuncio ignoraste y qué te hizo cancelar la última vez. La televisión de los años noventa nunca tuvo eso.

Ganaron la guerra. Solo que en el camino se convirtieron en lo que decían reemplazar, pero con mejores herramientas. La pregunta que queda abierta es si eso es una derrota o simplemente la madurez inevitable de cualquier industria que sobrevive.

_____

Nota del editor: Matías Carrocera es experto en liderazgo, capital humano y visión empresarial, con una trayectoria destacada en el desarrollo de estrategias innovadoras. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad