Publicidad
Revista Digital
Publicidad

La soledad, la máquina y nosotros: la compañía digital

Estamos en una época en la que la regulación emocional se encuentra en alerta y se percibe a la soledad como una epidemia global.
Los mexicanos usan ChatGPT para expresar su amor
Lo que está emergiendo es un nuevo tipo de afecto que obliga a pensar en cómo se define el amor, la identidad y el apego. No solo es analizar que se están desarrollando sentimientos hacia una IA, sino que nos invita a pensar sobre qué es lo que les lleva a establecer esa experiencia emocional y cómo sucede, apunta Julián Nevárez Montes. (Lidiia Moor/Getty Images/iStockphoto)

El 2025 fue el punto de inflexión tecnológico del siglo XXI. Entre cambios y disrupciones, se vino una nueva forma de relacionarse afectiva y emocionalmente.

Un artículo llamado Amor, Matrimonio y Embarazos que fue publicado en Computers in Human Behavior: Artificial Humans, puso una sacudida a la conversación pública al mostrar cómo los participantes reportaron estar en relaciones “románticas” con sus chatbots de inteligencia artificial (IA). Algunos tienen matrimonios simbólicos, vidas domésticas imaginarias y otros hasta embarazos. Incluso, generaron fotografías para aparecer junto a sus parejas digitales.

Publicidad

Como si fuera una película de ciencia y ficción, hay una creciente reconfiguración en la interacción de las personas y de su propia intimidad.

En 2024, los principales usos de la IA generativa pasaron de proporcionar ideas, al acompañamiento y terapia en 2025; seguido de organización de la vida y encontrar propósito.

Actualmente existen compañías que están proporcionando este acompañamiento digital. Crecieron de manera acelerada desde la llegada de la pandemia de Covid-19; periodo que definitivamente intensificó la soledad, la ansiedad y la necesidad de sentirse conectado.

Pero más allá de solo ser una tendencia, lo que realmente está emergiendo es un nuevo tipo de afecto que obliga a pensar en cómo se define el amor, la identidad y el apego. No solo es analizar que se están desarrollando sentimientos hacia una IA, sino que nos invita a pensar sobre qué es lo que les lleva a establecer esa experiencia emocional y cómo sucede.

El cerebro ama lo que le responde

Desde la teoría del apego, hasta investigaciones contemporáneas que critican dicha perspectiva. La realidad es que los vínculos humanos se forman sobre tres ejes principales: proximidad, consistencia y responsiva emocional. ¿Y qué es lo que ofrecen los chatbots? Justo eso, pero de una forma completamente amplificada, ya que responden las 24 horas del día y rápido. Además, validan las emociones sin juicios, sin conflictos y se van adaptando a los gustos del usuario, “aceptándole” de manera absoluta.

La neurociencia nos explica que los circuitos cerebrales encargados del apego y la recompensa son activados no por la misma naturaleza del interlocutor, sino por esa capacidad de generar una sensación de conexión. Es decir, el cerebro no alcanza a distinguir completamente una interacción realizada con una persona a una con un ente digital que simula una reciprocidad emocional.

Publicidad

Objetos transicionales 2.0: una explicación desde la psicología del desarrollo

Para entender mejor este fenómeno, es útil retomar un concepto clásico de la psicología: los objetos transicionales. Desde 1950, se define a los objetos transicionales como artículos que representan seguridad, consuelo y continuidad emocional cuando la figura tutora no está presente. ¿Recuerdan la manta favorita o el peluche para dormir? Esos son algunos ejemplos simples. Sin embargo, no es el objeto lo que produce dicha tranquilidad, sino lo que el objeto simboliza: compañía, presencia y estabilidad emocional.

Hoy, se estudia a las tecnologías de compañía como teléfonos inteligentes, redes sociales y chatbots, que funcionan como objetos transicionales contemporáneos y su impacto en el manejo de la soledad y las emociones. Ahora, los chatbots responden, sostienen una conversación y abren paso a una intimidad sin conflicto.

A estos, se les podría denominar como objetos transicionales interactivos o incluso objetos transicionales inteligentes. No es que el usuario tenga un apego con la máquina en sí, sino a esa sensación de ser escuchado, visto y acompañado.

Un nuevo término para describir esta orientación afectiva

El fenómeno actual abre la posibilidad de una categoría para quienes sienten atracción emocional o romántica hacia entidades digitales. En 2017, se describían ya a estas relaciones como digisexuales: personas quienes tienen su identidad sexual vinculada a la tecnología. Se podría definir como el establecimiento de relaciones afectivas significativas, románticas o íntimas con entidades digitales.

El problema no es que se desarrollen sentimientos y emociones hacia dichas entidades digitales, sino que vienen riesgos implicados en dicha relación. Por ejemplo, la gestación de una dependencia emocional, al ser la IA esa fuente principal de apoyo, incluso por encima de otras relaciones humanas. La idealización extrema del otro al no recibir contradicciones. También, el duelo digital, ya que diferentes plataformas administradas por humanos, podrían dejar de existir y generar ese vacío.

¿Qué dice esto sobre nuestra sociedad?

Definitivamente, estamos en una época en la que la regulación emocional se encuentra en alerta y se percibe a la soledad como una epidemia global. La Organización Mundial de la Salud identifica a la soledad como un problema que afecta la salud tanto como el fumar. Bajo este contexto, no es ninguna sorpresa que millones estén buscando consuelo en sistemas que parece que les comprenden y acompañan.

Las relaciones en línea con personas o con inteligencias artificiales ya son una realidad. Lo disruptivo en este momento, es que la línea entre lo emocional y una simple simulación se va difuminando. Esto no es un capricho ni una moda: es simplemente la consecuencia de un mundo hambriento de emociones y tecnológicamente saturado.

Esto solo revela la necesidad y la fragilidad en la búsqueda de sentido y propósito en la vida que ya trasciende de lo biológico.

Publicidad

“Las inteligencias artificiales no sienten ni se emocionan, pero lo provocan. Y eso cambia absolutamente todo”: Julián Nevárez Montes.

_____

Nota del editor: El autor es director de Posgrados de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Monterrey (UDEM), en Nuevo León. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad