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Ciberseguridad, el “partido invisible” que se juega en este Mundial

La Copa Mundial de la FIFA 2026 está poniendo a prueba estadios, infraestructura turística, movilidad y logística, así como la madurez digital de México.
Ciberseguridad en el Mundial 2026
Cuando se habla de ciberseguridad, a menudo suele pensarse únicamente en sistemas y tecnología. Sin embargo, durante este Mundial las consecuencias podrían extenderse a toda la cadena económica asociada al evento, señala (Foto: Jack Gorman/Getty Images)

Esta Copa Mundial de la FIFA 2026 será recordada por múltiples razones: por ser la primera edición organizada simultáneamente por México, Estados Unidos y Canadá; que tendrá un alcance global sin precedentes y movilizará más personas dentro y fuera de los estadios. Pero existe otro elemento que definirá el éxito del torneo y que permanece fuera de la conversación pública: la ciberseguridad.

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En efecto, más allá del futbol, este Mundial es uno de los eventos digitales más grandes de la historia. Millones de aficionados están interactuando simultáneamente mediante plataformas de venta de boletos, aplicaciones móviles, servicios de streaming, redes sociales, sistemas de acceso, servicios turísticos y ecosistemas en la nube. Esto significa que cada clic, transacción y conexión amplía una superficie digital que debe permanecer segura, disponible y operativa.

Tal aumento de actividad también incrementa la exposición a amenazas y existen al menos cinco amenazas que destacan por su potencial impacto durante el torneo:

La primera son los ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS), diseñados para saturar plataformas en línea y volverlas inaccesibles. Un ataque dirigido contra sistemas de venta de boletos, aplicaciones oficiales o plataformas de streaming puede afectar a millones de usuarios en cuestión de minutos. Cabe recordar que en la Copa Mundial de Brasil 2014, el grupo de hacker activistas denominado “Anonymous” lanzó ataques DDoS coordinados contra el sitio web oficial del torneo, así como portales gubernamentales y patrocinadores corporativos, incluyendo Emirates Airline.

La segunda posible amenaza corresponde al phishing y fraude digital. Históricamente, los eventos masivos elevan la creación de sitios falsos relacionados con boletos, hospedaje, mercancía oficial o paquetes turísticos. En la Copa del Mundo de Qatar 2022, el esquema de fraude más recurrente incluyó la venta de mercancía oficial pirata y paquetes turísticos falsos que afectaron a millones de fanáticos.

La tercera amenaza se dirige hacia las APIs (Interfaces de Programación de Aplicaciones), que es el puente que conecta aplicaciones, servicios y plataformas digitales. Hoy funcionan como el sistema nervioso del ecosistema tecnológico, pero si no se protegen adecuadamente, pueden transformarse en puertas de entrada para ataques dirigidos.

El cuarto riesgo son los bots maliciosos, utilizados para acaparar boletos, realizar compras automatizadas o saturar plataformas.

Otro riesgo más, en fin, son las vulnerabilidades derivadas de infraestructuras híbridas (que combinan instalaciones de equipo de cómputo de manera local, así como nubes privadas y públicas) y modelos multicloud, donde múltiples proveedores y ecosistemas interconectados amplían la superficie de exposición.

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Y es que, cuando se habla de ciberseguridad, a menudo suele pensarse únicamente en sistemas y tecnología. Sin embargo, durante este Mundial las consecuencias podrían extenderse a toda la cadena económica asociada al evento.

El primer impacto sería la interrupción de servicios digitales, en la cual la caída de plataformas críticas podría paralizar operaciones, afectar sistemas de acceso, servicios turísticos o aplicaciones de movilidad.

El segundo impacto es reputacional.

Patrocinadores, organizadores, hoteles, aerolíneas y proveedores tecnológicos dependen de la confianza digital. Una brecha de seguridad no solo genera pérdidas inmediatas; también deteriora la percepción pública.

El tercer impacto es económico.

México espera captar más de mil millones de dólares por consumo turístico, además de crear 24,000 empleos directos. En este escenario, ataques dirigidos contra plataformas de reservación, sistemas de pago o aplicaciones asociadas al evento podrían afectar directamente la actividad económica.

Esto adquiere especial relevancia considerando que el Mundial beneficia no solo a grandes corporaciones, sino también a pequeñas y medianas empresas vinculadas a hospedaje, gastronomía, movilidad y comercio.

El reto no ha pasado desapercibido.

La Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) impulsa actualmente el Plan Nacional de Ciberseguridad 2025-2030, iniciativa que contempla la creación de un Consejo Nacional de Ciberseguridad y el desarrollo de una Ley General de Ciberseguridad. La estrategia busca articular gobierno, academia e industria para fortalecer la resiliencia digital del país. El contexto es oportuno, porque el desafío ya no consiste únicamente en proteger redes; ahora se trata de proteger ecosistemas completos.

Además, existe otro factor que transforma el panorama del Mundial 2026: la inteligencia artificial (IA).

Su papel es dual.

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Por una parte, los ciberdelincuentes ya utilizan IA para automatizar ataques, desarrollar bots avanzados y generar campañas de fraude más sofisticadas.

Por otra, esta misma tecnología está revolucionando la defensa.

La IA permite analizar grandes volúmenes de tráfico en tiempo real, identificar anomalías y anticipar amenazas antes de que se materialicen.

En eventos donde millones de personas interactúan simultáneamente —y en el cual México espera recibir 5 millones de visitantes extranjeros adicionales— esta capacidad puede marcar la diferencia entre una operación resiliente y una crisis digital.

De esta manera, la Copa Mundial de la FIFA 2026 está poniendo a prueba estadios, infraestructura turística, movilidad y logística, así como la madurez digital de México.

Con más de 100 millones de usuarios de internet en México (según cifras del INEGI, 2024), millones de turistas esperados, una derrama económica superior a mil millones de dólares y miles de empleos vinculados al evento, la seguridad digital deja de ser un tema técnico y se convierte en un componente estratégico para el país.

Porque mientras el mundo mire las canchas, hay otro partido desarrollándose en silencio:

Uno donde están en juego la confianza, la continuidad operativa y la resiliencia digital del Mundial más conectado de la historia.

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Nota del editor: Roberto Ricossa es un mexicano a quien le apasiona impulsar la innovación y promover la diversidad en el sector tecnológico. Con más tres décadas en esta industria, es Vicepresidente para Latinoamérica de la trasnacional F5, y ha sido reconocido como uno de los hispanos más influyentes del sector con el premio “HITEC 50”. También utiliza sus habilidades de coaching y mentoría para desarrollar y potenciar equipos de alto rendimiento. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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