En efecto, más allá del futbol, este Mundial es uno de los eventos digitales más grandes de la historia. Millones de aficionados están interactuando simultáneamente mediante plataformas de venta de boletos, aplicaciones móviles, servicios de streaming, redes sociales, sistemas de acceso, servicios turísticos y ecosistemas en la nube. Esto significa que cada clic, transacción y conexión amplía una superficie digital que debe permanecer segura, disponible y operativa.
Tal aumento de actividad también incrementa la exposición a amenazas y existen al menos cinco amenazas que destacan por su potencial impacto durante el torneo:
La primera son los ataques de denegación de servicio distribuido (DDoS), diseñados para saturar plataformas en línea y volverlas inaccesibles. Un ataque dirigido contra sistemas de venta de boletos, aplicaciones oficiales o plataformas de streaming puede afectar a millones de usuarios en cuestión de minutos. Cabe recordar que en la Copa Mundial de Brasil 2014, el grupo de hacker activistas denominado “Anonymous” lanzó ataques DDoS coordinados contra el sitio web oficial del torneo, así como portales gubernamentales y patrocinadores corporativos, incluyendo Emirates Airline.
La segunda posible amenaza corresponde al phishing y fraude digital. Históricamente, los eventos masivos elevan la creación de sitios falsos relacionados con boletos, hospedaje, mercancía oficial o paquetes turísticos. En la Copa del Mundo de Qatar 2022, el esquema de fraude más recurrente incluyó la venta de mercancía oficial pirata y paquetes turísticos falsos que afectaron a millones de fanáticos.
La tercera amenaza se dirige hacia las APIs (Interfaces de Programación de Aplicaciones), que es el puente que conecta aplicaciones, servicios y plataformas digitales. Hoy funcionan como el sistema nervioso del ecosistema tecnológico, pero si no se protegen adecuadamente, pueden transformarse en puertas de entrada para ataques dirigidos.
El cuarto riesgo son los bots maliciosos, utilizados para acaparar boletos, realizar compras automatizadas o saturar plataformas.
Otro riesgo más, en fin, son las vulnerabilidades derivadas de infraestructuras híbridas (que combinan instalaciones de equipo de cómputo de manera local, así como nubes privadas y públicas) y modelos multicloud, donde múltiples proveedores y ecosistemas interconectados amplían la superficie de exposición.