Hubo un momento en que una laptop podía ser azul translúcido, naranja brillante o verde limón. Aunque lo parecía, no era un juguete, sino una iBook G3 “Clamshell”. A finales de los noventa, Apple convirtió la computadora portátil en un objeto de deseo con asa incluida, colores llamativos y carcasa robusta. Desde entonces, estos dispositivos cambiaron de forma, en su evolución sumó potencia, pero también tuvo que hacer sacrificios.
Así cambiaron las laptops, son más delgadas, más potentes y menos tuyas
El primer gran cambio apareció en el peso y el grosor. Las portátiles de hace dos décadas resultaban voluminosas y pesadas, pero el avance del diseño industrial impulsó cuerpos más delgados, ligeros y fáciles de transportar. Modelos como la MacBook Air marcaron un estándar que el resto de la industria adoptó.
La potencia también dio un giro decisivo. Una laptop actual ejecuta tareas que antes exigían una computadora de escritorio, como edición de video en alta resolución, modelado en 3D o videojuegos complejos. Los procesadores actuales consumen menos energía y entregan mayor rendimiento. Las baterías duran más horas y la dependencia constante del enchufe pierde fuerza.
La pantalla pasó a ocupar el centro de la experiencia, con páneles que crecieron no solo en tamaño sino en definición, brillo y fidelidad de color.
El WiFi y el Bluetooth redujeron la presencia de cables en escritorios y mochilas. La laptop se integró con monitores, audífonos, discos externos y redes sin grandes obstáculos técnicos. Además, cámara, micrófonos y sensores pasaron al interior del equipo.
Pero así como el equipo ganó, hubo otros elementos en él que desaparecieron. Por ejemplo, la variedad de puertos se redujo. En los equipos más actuales, la delgadez eliminó conexiones tradicionales como HDMI, USB de tamaño estándar o ranuras para tarjetas SD y el usuario tiene que recurrir a adaptadores para tareas básicas.
El diseño también perdió diversidad. Los colores intensos y las formas arriesgadas dieron paso a una estética sobria de grises, plateados y negros que dominan vitrinas y oficinas.
Además, la reparabilidad cayó de forma evidente; antes un usuario podría ampliar la memoria RAM o cambiar el disco duro con relativa facilidad. En la actualidad, los sistemas integrados y las decisiones de fábrica limitan la intervención directa. La experiencia resulta más estable y pulida, pero menos abierta a modificaciones profundas.
La historia de las laptops no muestra una línea de mejora simple. Presenta una cadena de intercambios, en la que para lograr equipos más delgados, silenciosos y potentes, la industria aceptó menos modularidad, menos puertos y menor margen de intervención del usuario.
De acuerdo con Mordor Intelligence, el mercado global de laptops movió 222,640 millones en 2025 y se espera que siga creciendo hasta llegar a 372,680 millones en 2031. Esta mejora tras la caída que sufrió la industria tras la pandemia.
Parte del empuje proviene del uso creciente de inteligencia artificial directamente en las máquinas, de la fecha en que termina el soporte de Windows 10, que obliga a muchas empresas a renovar sus equipos, y de la forma de trabajo híbrida que combina oficina y casa.
De acuerdo con la firma global de consultoría e investigación, las decisiones de compra ya no se concentran en funciones básicas, sino en aspectos como la capacidad para ejecutar tareas de IA, la duración de la batería y la gestión del calor del equipo.