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Sin cargador, sin jack, sin SIM: todo lo que el teléfono perdió para convertirse en smartphone

Desde el teclado físico hasta la tarjeta SIM, el smartphone moderno se construyó eliminando piezas que alguna vez fueron esenciales.
vie 09 enero 2026 05:55 AM
Sin cargador, sin jack, sin SIM: todo lo que el teléfono perdió para convertirse en "smartphone"
Ahora, incluso la tarjeta SIM, uno de los símbolos fundacionales de la telefonía móvil, se encamina a desaparecer. (Foto: Selene Ramírez)

Durante poco más de dos décadas, el teléfono móvil vivió una transformación silenciosa pero radical. En su carrera hacia la sofisticación, la delgadez y la “experiencia premium”, fue despojándose de piezas que durante años parecieron indispensables.

Primero desaparecieron los teclados físicos, luego los cargadores en la caja, el orificio para los audífonos, la ranura para la tarjeta de memoria y ahora, en plena transición hacia las eSIM, incluso la tarjeta SIM amenaza con convertirse en un vestigio del pasado.

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Cada ausencia responde a decisiones tecnológicas, económicas y estéticas, pero también redefine la forma en que usamos, poseemos y entendemos nuestros dispositivos. Esta historia no es solo sobre lo que ganaron los smartphones, sino sobre todo lo que fueron dejando atrás para convertirse en lo que hoy llevamos en el bolsillo.

Del botón al vidrio: cuando escribir era presionar

Antes de que el teléfono fuera una superficie de vidrio, escribir un mensaje era un ejercicio casi mecánico. Los primeros móviles funcionaban con un teclado numérico en el que cada letra exigía presionar varias veces el mismo botón: una vez para la “A”, dos para la “B”, tres para la “C”. Enviar un SMS requería memoria, paciencia y destreza.

Con el crecimiento de la mensajería móvil, llegó la etapa del teclado QWERTY físico. BlackBerry se convirtió en su mayor exponente y símbolo de productividad, al ofrecer correos, chats y documentos en un dispositivo que permitía escribir con ambas manos y gran velocidad. Para millones de usuarios, aquel teclado no era un accesorio, era el teléfono.

La ruptura ocurrió en 2007 con la llegada del iPhone. Apple eliminó por completo los botones físicos del frente y apostó por una pantalla táctil que podía transformarse según la aplicación. Lo que al principio parecía una pérdida de precisión terminó convirtiéndose en la base del smartphone moderno, con más espacio para el contenido y menos piezas móviles, pero también se llevó consigo el dinamismo de diseño que presentaban los equipos previo a ello.

El cargador que dejó de incluirse

Poco después, otro objeto cotidiano empezó a desaparecer de la caja: el enchufe de carga. Aunque la mayoría de las marcas aún incluyen el cable USB Tipo-C, dejaron de ofrecer el adaptador bajo el argumento de reducir el impacto ambiental.

Sin embargo, no existe consenso claro de que esta medida haya disminuido significativamente la contaminación. Aunque los fabricantes sostienen que reducen residuos electrónicos y emisiones de carbono, la realidad es más compleja pues el mercado de accesorios se disparó, los residuos electrónicos globales continúan aumentando y los precios de los teléfonos no disminuyeron.

De acuerdo con Global Market Insights, el mercado de accesorios móviles fue valorado en 89,700 millones de dólares en 2024 y se espera que alcance 161,400 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual del 6% entre 2025 y 2034.

El auge de los smartphones (el 78% de la población mundial posee un dispositivo móvil, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones) impulsa directamente la demanda de cargadores, cables, audífonos, bancos de energía y fundas.

La desaparición de piezas dentro de la caja no eliminó el consumo, simplemente lo desplazó.

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Adiós al puerto para audífonos

Apple también es protagonista en esta historia. En 2016, la firma presentó el iPhone 7, un dispositivo sin entrada de audífonos. La explicación oficial fue técnica, pues al eliminar ese puerto, se liberaba espacio interno para integrar una batería de mayor capacidad y otros componentes.

La decisión fue duramente criticada, pero rápidamente imitada por el resto de la industria. Hoy, la mayoría de los smartphones de gama media y alta ya no cuentan con ese conector.

Aunque el mercado respondió con una explosión de audífonos inalámbricos, la transición no termina de concretarse. Existe un segmento importante de usuarios, en especial jóvenes, que siguen prefiriendo los audífonos con cable por su menor latencia, porque no requieren batería, por su precio accesible o simplemente por hábito y estética.

La desaparición del puerto obligó a crear nuevas soluciones como adaptadores, dongles, hubs y accesorios que permiten conectar audífonos físicos a través del puerto USB-C o Lightning. Paradójicamente, para eliminar una pieza “innecesaria”, la industria terminó multiplicando los objetos alrededor del teléfono.

Adiós a la memoria extraíble

Otra pérdida silenciosa fue la ranura para tarjetas microSD. Durante años permitió a los usuarios ampliar la memoria de sus dispositivos de forma económica. Su eliminación consolidó un modelo donde la capacidad de almacenamiento quedó atada al precio del teléfono y a los servicios en la nube.

El control sobre los datos pasó del usuario al ecosistema: más dependencia de plataformas, más suscripciones y menos autonomía física sobre la información personal.

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2026 y el último vestigio físico: la SIM

Ahora, incluso la tarjeta SIM, uno de los símbolos fundacionales de la telefonía móvil, se encamina a desaparecer.

El sector global de telecomunicaciones entra en 2026 inmerso en transformaciones profundas. Informes de Juniper Research y Data Bridge Market Research señalan que este año será decisivo para la consolidación de la eSIM, la integración de Inteligencia Artificial en redes y la expansión de infraestructuras digitales.

La eSIM elimina por completo el proceso físico de intercambio de chips. Data Bridge Market Research proyecta un crecimiento sostenido del mercado global de eSIM, impulsado por la creciente compatibilidad con smartphones, wearables, autos conectados e Internet de las Cosas.

“Estamos ante un punto de inflexión. Los usuarios ya no quieren adaptarse a las telecomunicaciones; esperan que las telecomunicaciones se adapten a ellos”, afirma Carlos Alberto Torres, director de Growth Marketing en Airalo, empresa dedicada a la venta de eSIM para viajeros.

Evolución-del-smartphone.jpg

Lo que el smartphone perdió en botones, puertos y tarjetas, lo ganó en delgadez, potencia y conectividad. Pero también generó nuevas dependencias de accesorios, de servicios digitales, de plataformas y de ecosistemas cerrados.

El teléfono moderno es más limpio, minimalista y eficiente, pero también menos modificable y más atado a decisiones corporativas que determinan qué podemos o no hacer con el dispositivo que llevamos en el bolsillo.

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