Cada ausencia responde a decisiones tecnológicas, económicas y estéticas, pero también redefine la forma en que usamos, poseemos y entendemos nuestros dispositivos. Esta historia no es solo sobre lo que ganaron los smartphones, sino sobre todo lo que fueron dejando atrás para convertirse en lo que hoy llevamos en el bolsillo.
Del botón al vidrio: cuando escribir era presionar
Antes de que el teléfono fuera una superficie de vidrio, escribir un mensaje era un ejercicio casi mecánico. Los primeros móviles funcionaban con un teclado numérico en el que cada letra exigía presionar varias veces el mismo botón: una vez para la “A”, dos para la “B”, tres para la “C”. Enviar un SMS requería memoria, paciencia y destreza.
Con el crecimiento de la mensajería móvil, llegó la etapa del teclado QWERTY físico. BlackBerry se convirtió en su mayor exponente y símbolo de productividad, al ofrecer correos, chats y documentos en un dispositivo que permitía escribir con ambas manos y gran velocidad. Para millones de usuarios, aquel teclado no era un accesorio, era el teléfono.
La ruptura ocurrió en 2007 con la llegada del iPhone. Apple eliminó por completo los botones físicos del frente y apostó por una pantalla táctil que podía transformarse según la aplicación. Lo que al principio parecía una pérdida de precisión terminó convirtiéndose en la base del smartphone moderno, con más espacio para el contenido y menos piezas móviles, pero también se llevó consigo el dinamismo de diseño que presentaban los equipos previo a ello.
El cargador que dejó de incluirse
Poco después, otro objeto cotidiano empezó a desaparecer de la caja: el enchufe de carga. Aunque la mayoría de las marcas aún incluyen el cable USB Tipo-C, dejaron de ofrecer el adaptador bajo el argumento de reducir el impacto ambiental.
Sin embargo, no existe consenso claro de que esta medida haya disminuido significativamente la contaminación. Aunque los fabricantes sostienen que reducen residuos electrónicos y emisiones de carbono, la realidad es más compleja pues el mercado de accesorios se disparó, los residuos electrónicos globales continúan aumentando y los precios de los teléfonos no disminuyeron.
De acuerdo con Global Market Insights, el mercado de accesorios móviles fue valorado en 89,700 millones de dólares en 2024 y se espera que alcance 161,400 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual del 6% entre 2025 y 2034.
El auge de los smartphones (el 78% de la población mundial posee un dispositivo móvil, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones) impulsa directamente la demanda de cargadores, cables, audífonos, bancos de energía y fundas.
La desaparición de piezas dentro de la caja no eliminó el consumo, simplemente lo desplazó.