SpaceX reduce drásticamente el costo de acceso al espacio, mientras Starlink aporta conectividad global y xAI desarrolla modelos que requieren cantidades masivas de cómputo.
Otra iniciativa es la de Sophia Space, una empresa que ya prueba servidores modulares tipo “tile” diseñados para enfriarse de manera pasiva en órbita, sin ventiladores ni sistemas de refrigeración líquida.
Por su parte, investigadores de la Universidad de Cornell, en el paper titulado Towards a future space-based, highly scalable AI infrastructure system design, señalan que la siguiente etapa de este tipo de infraestructuras es procesar grandes volúmenes de datos lo más cerca posible de donde se generan, reduciendo latencia y dependencia de estaciones terrestres.
SpaceX concentra hoy más del 60% de los lanzamientos orbitales comerciales del mundo. Esa escala le permite experimentar con modelos de negocio que serían prohibitivos para otros actores. Lanzar hardware al espacio sigue siendo caro, pero es cada vez menos costoso para quien controla los cohetes.
Ahora bien, construir un centro de datos terrestre de hiperescala cuesta entre 5,000 y 10,000 millones de dólares, por lo que un sistema orbital tendría costos iniciales aún mayores, pero podría compensarlos con menores gastos energéticos, mayor vida útil del hardware y capacidad de expansión casi infinita.