Francia, por ejemplo, exige a las plataformas destinar parte de sus ingresos a la producción nacional, mientras que en España se combinan cuotas con incentivos fiscales que pueden cubrir una parte relevante de los costos de producción.
El resultado ha sido un auge en la industria audiovisual europea. Reino Unido es uno de los principales hubs de producción, con inversiones de Netflix que superan los 6,000 millones de dólares entre 2020 y 2023 y decenas de producciones anuales.
España, por su parte, capta una porción significativa de la inversión de plataformas en la región y ha desarrollado más de un centenar de títulos en los últimos años, impulsada tanto por incentivos públicos como por la demanda global de contenido local, esto de acuerdo con el European Audiovisual Observatory.
Mientras algunos ven en estas políticas una forma de fortalecer industrias creativas locales, otros advierten que las cuotas pueden distorsionar el mercado al privilegiar el cumplimiento regulatorio sobre la calidad o el interés de la audiencia.
Durante su visita a México, Greg Peters, co-CEO de la compañía, advirtió que las cuotas obligatorias, aunque bien intencionadas, pueden tener efectos contraproducentes.
“Hemos visto ejemplos de estructuras de inversión o cuotas que son muy bien intencionadas, porque buscan motivar la producción local, pero muchas veces tienen consecuencias negativas”, señaló en una mesa redonda con medios.