El modelo “no depende de tarifas dinámicas determinadas por un algoritmo central” que ajuste automáticamente variables como tiempo o demanda, sino de una negociación directa entre conductor y pasajero, sobre la cual se aplica una comisión fija y significativamente más baja que la de otros competidores.
Este panorama además suma a la reputación de la plataforma. El reporte identifica una percepción elevada de transparencia, pues 94.8% de los usuarios considera muy clara la información de precios, al conocerse antes de iniciar el trayecto.
Mientras plataformas como Uber y DiDi operan con esquemas de comisión que pueden oscilar entre 15% y 30% y 10% a 30%, respectivamente, el modelo de inDrive aplica una comisión entre 9.9% y 12% por viaje, de acuerdo con datos de la FinTech de financiamiento vehicular para flotillas, Floty.
En términos económicos, esta diferencia reduce el margen de intermediación capturado por la plataforma y redistribuye una mayor proporción del ingreso hacia quien presta el servicio, sin trasladar necesariamente un mayor costo al usuario final.
Otro componente estructural que incide en el precio final es la arquitectura de pagos. Mientras varias plataformas han migrado hacia esquemas predominantemente digitales, el modelo mantiene el efectivo y las transferencias como opciones centrales. Esto, según la Garza, reduce costos asociados a procesamiento de tarjetas y permite trasladar ese ahorro al usuario.
En un país donde la bancarización sigue siendo desigual, esta decisión no es menor: amplía la base potencial de usuarios y modifica el perfil de adopción tecnológica. De hecho, el estudio señala que 50.31% de los pasajeros utilizó esta aplicación como su primer punto de entrada a servicios de movilidad digital, y que 51% incrementó su uso general del ecosistema tras adoptarla.