El impacto se observa en las trayectorias internas. Si bien, la formación no garantiza ascensos automáticos dentro de la tienda departamental, sí abre movilidad. Vargas cita un caso en particular. “El director de operaciones de Suburbia terminó su bachillerato con nosotros, siguió estudiando y hoy ocupa ese puesto”.
El modelo también salió de México. Con la operación regional del grupo, la universidad atiende a colaboradores de la cadena Siman en Centroamérica. El objetivo es el mismo, ofrecer estudios a personas que trabajan tiempo completo y no pueden asistir a esquemas presenciales.
El valor diferenciador de esta universidad, según Vargas, es que acerca la formación académica al mercado laboral, una dolencia que se ha observado en la academia que trata de ir a la par de las demandas del mercado. “Nos acercamos a las áreas del negocio para entender qué habilidades necesitan y ajustar los programas”.
Así el proyecto no compite con la operación comercial, más bien funciona como infraestructura de talento, reduce la rotación, cubre vacantes internas y prepara perfiles que el propio retail necesita, desde logística y crédito hasta análisis comercial. Hay colaboradores operativos que migran a áreas administrativas o corporativas porque la educación abre camino antes que la promoción.
Sin embargo, el modelo tampoco es único. Otras empresas del sector han seguido rutas similares. Coppel creó su propia universidad corporativa para que empleados de piso de venta concluyan estudios y evolucionen hacia puestos administrativos o de supervisión. Soriana también apostó por crear una escuela que forme a su talento. Para las compañías, desarrollar talento internamente resulta más viable que buscar perfiles escasos en el mercado.
Al preguntarle a Vargas qué viene para esta casa de estudios nacida desde la industria, responde que la universidad prepara un programa para niños de entre 8 y 12 años en contextos vulnerables que combine deporte, arte e inglés. "La intención es preventiva, si no intervienes antes, el rezago educativo se vuelve permanente”.
Hoy, Vargas está convencida de que el efecto no aparece primero en ventas ni en productividad, aparece en la permanencia. La empresa, dice, deja de ser solo un lugar de trabajo y se vuelve un espacio de trayectoria profesional.