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‘Lo veo y lo tengo’: lentes inteligentes permitirán pagar con la mirada, pero a costa de tus datos

Aunque los lentes inteligentes ya se instalaron como una opción de consumo masivo, las preocupaciones en torno al uso de los datos siguen latentes.
Una mujer realiza una prueba de unos lentes inteligentes en una tienda de California. Al fondo, el aparador muestra más de estos dispositivos.
La integración de pagos en los lentes, comenta una analista de Kaspersky, no es un problema en sí misma. Más bien, el efecto negativo provendría de cómo la información se vincula con otros datos que podrían generar un perfil más detallado del usuario. (Justin Sullivan/Getty Images)

Imagina que sales de casa y no te pusiste bloqueador solar. De repente, cuando pasas al lado del aparador de una tienda ves la crema que necesitabas y decides comprarla. A la hora de pagar, sin embargo, no necesitarás sacar dinero en efectivo, tu tarjeta o incluso tu celular para hacerlo, porque todo ese proceso lo podrás realizar desde tus lentes inteligentes… a costa de tu información.

Ese futuro, aunque todavía no existe, está más cerca. Hace un par de semanas, Qualcomm y Mastercard presentaron una función llamada agente comercial. Aún está en desarrollo, pero propone que los usuarios hagan transacciones desde sus smart glasses y con los que Meta promete transformar el entorno físico en una tienda, pues al usuario solo le bastará fijar la mirada en un producto y dictar un comando de voz para procesar su pago. No obstante, esto implica un nuevo nivel en el debate de la privacidad.

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La integración de pagos en los lentes, comenta María Isabel Manjarrez, analista senior de seguridad del equipo global de investigación para América Latina en Kaspersky, no es un problema en sí misma. Más bien, el efecto negativo provendría de cómo la información se vincula con otros datos, como ubicación, intereses, productos observados, búsquedas, comportamiento de compra y transacciones que podrían generar un perfil mucho más detallado del usuario.

“Desde el punto de vista de privacidad ”, explica, “la preocupación no debería centrarse únicamente en el pago, sino en qué información se vincula con esa transacción y para qué otros fines puede utilizarse. Cuantos más datos se conecten entre sí, mayor debe ser la transparencia y el control que tenga el usuario sobre su uso”.

Así podrás comprar con tus lentes inteligentes

De acuerdo con una demostración que Francisco Cheng, director senior de marketing de productos en Qualcomm hizo a Expansión durante el Snapdragon Summit 2026 , la persona equipada con los lentes inteligentes puede ingresar al lobby de un hotel y utilizar el dispositivo para observar las actividades disponibles. En ese contexto, el sistema combina señales de contexto y preferencias del usuario para determinar qué opciones comerciales le pueden resultar relevantes.

Esta función no dependerá de una sola marca de lentes y todo sucederá en el smartphone, pues los lentes son una extensión, detalla Cheng, pero agrega que son capaces de “entender tus preferencias personales y de darte una experiencia curada para ti, basada en precio, tus gustos y cosas que te desagradan”.

Posteriormente, a través de la conectividad y tecnología de Mastercard, el usuario revisa las propuestas de producto y da su consentimiento expreso para realizar su compra. Es entonces cuando el flujo se completa y el usuario puede salir de la tienda con su producto en las manos.

Cheng afirma que para esta función se usará “almacenamiento seguro, estamos tratando de mantener la mayor cantidad posible de esa data personal en el teléfono”, pero aunque comprar desde unos lentes inteligentes pueda parecer una acción del futuro, representa la oportunidad de hacer una mayor personalización en la publicidad.

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Con los lentes inteligentes, empresas deben transparentar cómo usan los datos

Para Roberto Borda, gerente de marketing de LoJack, la combinación de cámaras, IA y dispositivos inteligentes abre una nueva era para la personalización publicitaria , porque permite interpretar el contexto de una persona.

“Ya no hablamos solo de lo que una persona buscó o compró, sino qué está observando, durante cuánto tiempo, en qué contexto y cómo interactúa con ese entorno”, señala. “Estas señales pueden complementar otros datos para construir experiencias mucho más relevantes”.

Para Manjarrez, esta conectividad con lo que el usuario ve e interactúa complejiza la situación a nivel de privacidad, debido a que “como ocurre con cualquier dispositivo conectado, existe un riesgo de que esa información llegue a terceros, en particular cuando debe enviarse a servicios externos para procesar una función con otras aplicaciones”.

Esto no significa, acota la especialista, que todos los datos terminen automáticamente en manos de terceros, pero sí hace necesario revisar qué información recopila el dispositivo, con qué finalidad, durante cuánto tiempo se conserva y quién puede acceder a ella, pues que la cámara no esté tomando una foto o video no significa que el dispositivo esté completamente inactivo.

“Es importante no reducir la conversación únicamente a si el dispositivo ‘graba’ o no”, puntualiza. “Un equipo puede no estar almacenando un video y, al mismo tiempo, utilizar determinados sensores para ejecutar una función. Por eso el usuario debería conocer no solo cuándo se genera una grabación, sino también qué sensores están activos, qué información se procesa y si esos datos salen o no del dispositivo”.

En este sentido, Borda es contundente al decir que uno de los grandes retos alrededor de este tema será que la personalización avance al mismo ritmo que la confianza , ya que si bien la tecnología puede identificar señales de interés, las marcas “deben tener claridad sobre cuándo es pertinente usarla y, sobre todo, hacerlo de manera transparente, responsable y humana”.

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De acuerdo con cifras de Deloitte, el 70% de las personas consideran que las empresas de tecnología no son claras acerca de sus políticas de privacidad y seguridad, además de que tampoco les resulta sencillo controlar la información que estas compañías recopilan.

Al respecto, Manjarrez agrega que la personalización no es necesariamente un problema por sí misma. Desde su análisis, el riesgo aparece cuando el usuario no sabe qué información está siendo utilizada, cuando resulta difícil desactivar ese procesamiento o cuando datos recopilados para prestar una función terminan utilizándose para propósitos adicionales que la persona no esperaba.

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