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La felicidad puede ser más saludable para unas culturas que para otras

Nuevas investigaciones parecen demostrar que las percepciones culturales de los estados mentales pueden efectivamente mediar su efecto físico.
dom 29 octubre 2017 07:05 AM
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Felicidad Los occidentales valoran más las emociones de alta excitación que los orientales. (Foto: Rawpixel.com/Shutterstock / Rawpixel.com)

Soy una preocupona, lo sé. De esas personas que siempre ven el vaso medio vacío y esperan lo peor, que se detienen en las imperfecciones y rumian un temor existencial, y envidio a las personas que parecen exudar sin esfuerzo entusiasmo y buen humor.

Eso no quiere decir que no haya alegría en mi vida; simplemente no es tan natural en mí como parece para otros. Y sin embargo, a pesar de cumplir con la definición estricta de "lo opuesto a un optimista", nunca pensé etiquetarme como pesimista.

En gran parte eso obedece al estigma asociado con el término. En Estados Unidos, la tiranía de la positividad lo domina todo, tanto así que a menudo me encuentro preocupándome por lo mucho que me preocupo.

Me preocupa mi perspectiva sombría debido al enorme peso que tiene en nuestra cultura el valor de una perspectiva positiva.

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Y me preocupa la forma en que todas mis preocupaciones podrían afectar mi salud y la salud de los que me rodean.

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Hace apenas unos meses, el New York Times informaba que "estudios han demostrado un vínculo indiscutible entre tener una perspectiva positiva y ventajas para la salud como presión arterial baja, menos enfermedades del corazón, mejor control de peso y niveles más saludables de azúcar en la sangre". Un montón de artículos esbozan ideas similares en un marcado estilo maniqueo: los optimistas viven más tiempo; el pesimismo mata.

Pero algunas investigaciones sugieren que las cosas no son tan simples. En 2016, por ejemplo, un estudio de más de 700,000 mujeres británicas no logró encontrar un vínculo entre la felicidad y la longevidad. Lo que plantea la pregunta: ¿Qué hace que este grupo particular de participantes del estudio sea diferente? ¿Podría ser que la cultura juega un papel, que el pueblo británico, en general, es más tolerante y acepta la melancolía y el pesimismo?

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Todo apunta que sí, pues nuevas investigaciones parecen demostrar que las percepciones culturales de los estados mentales pueden efectivamente mediar su efecto físico.

En un estudio publicado el mes pasado en la revista Psychological Science, un equipo de psicólogos de la Universidad de Wisconsin informó que la positividad estaba relacionada con mejores indicadores de salud en los estadounidenses, pero no en los japoneses.

Los autores del estudio analizaron datos de salud de 1,017 estadounidenses y 374 japoneses, tomados de los estudios Midlife en Estados Unidos y Midlife en Japón, ambos financiados por el National Institute on Aging. Los participantes informaron con qué frecuencia habían sentido diez diferentes emociones positivas en los últimos 30 días, y se tomaron muestras de sangre para medir los niveles de lípidos, un indicador de la salud del corazón.

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Aún después de tomar en cuenta cosas como la edad, el género, el estatus socioeconómico y las condiciones médicas crónicas, hubo una diferencia significativa entre los dos grupos: "los adultos estadounidenses que experimentan altos niveles de emociones positivas, como sentirse ‘alegre’ y ‘extremadamente feliz’, tienen más probabilidades de tener perfiles saludables de lípidos en la sangre", explica la principal autora del estudio Jiah Yoo, pero lo mismo no sucedió entre los adultos japoneses.

La discrepancia, añade, "sugiere que las implicaciones para la salud de las emociones positivas pueden no depender totalmente de la naturaleza inherente de las emociones positivas, sino también del contexto cultural estadounidense".

"En la cultura estadounidense, experimentar emociones positivas es visto como deseable e incluso se promueve a través de la socialización", explica Yoo. "Pero en las culturas de Asia Oriental, la gente comúnmente considera que las emociones positivas tienen un lado oscuro, son pasajeras, pueden atraer atención innecesaria de los demás, y pueden ser una distracción para centrarse en tareas importantes".

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Investigaciones anteriores han llegado a conclusiones similares. En un estudio realizado por Stanford en el año 2015 con 690 participantes chinos y estadounidenses, por ejemplo, los estadounidenses generalmente buscaban maximizar los sentimientos positivos y minimizar los negativos, mientras que los sujetos chinos eran más proclives a reportar que comúnmente tenían sentimientos encontrados. Los autores del estudio argumentaron que los resultados tenían que ver con diferentes ideas sobre la importancia del individuo. La cultura individualista estadounidense hace más hincapié en que las personas hagan lo que es mejor para sí mismas, mientras que las culturas orientales, más colectivistas, priorizan hacer lo que es mejor para el grupo.

Yoo cree que la influencia cultural en la conexión positividad-salud puede ser el resultado de conductas culturalmente específicas relativas a la salud. "La experiencia frecuente de sentimientos positivos en el contexto occidental estaría alineada con valores y creencias prescritos y, por lo tanto, probablemente motivaría la participación y la búsqueda de conductas saludables", explica. "En contraste, los sentimientos positivos se alinean menos con las normas y las creencias sobre los sentimientos positivos en el contexto del este asiático, y por lo tanto pueden no estar asociados con conductas saludables".

En otras palabras, es posible que el pensamiento positivo solo mejore nuestra salud porque como estadounidenses estamos condicionados a creer que es el estado óptimo, que las emociones y las perspectivas no son tan objetivamente buenas o malas como decimos que son.

Después de todo, experimentar una gama completa de emociones es perfectamente saludable, y al menos un estudio ha demostrado que hay un beneficio en abrazar nuestras emociones negativas. Yoo dice que es posible que la salud mental y física de los estadounidenses mejore si comenzamos a ver la negatividad como más aceptable.

Pero el estudio tiene algunas limitaciones. Una de ellas es que el diseño de este estudio solo puede mostrar correlación, no causalidad. Yoo dice que tampoco aborda el hecho de que "a veces las emociones positivas pueden no ser saludables, incluso en Estados Unidos". De hecho, algunas investigaciones señalan los efectos perjudiciales para la salud de nuestra búsqueda implacable de la positividad y la felicidad.

También está la cuestión de que culturalmente varía lo que significa ser feliz. Por ejemplo, "la concepción estadounidense de la felicidad enfatiza el estar alegre, mientras que la concepción china de la felicidad se centra en ser solemne y reservado. Esto significa que, en Estados Unidos, los estados emocionales positivos de alta excitación son considerados como felicidad, un estado deseable", explicó el psicoterapeuta Nangyeon Lim, profesor de la Universidad Kyungil de Corea del Sur, en un artículo de 2016.

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"Por el contrario, los estados emocionales positivos de baja excitación son considerados como felicidad en China". Emociones de alta excitación son cosas como el miedo, la ira, el nerviosismo, el enfado, el asombro, el entusiasmo, el gozo, la alegría o el entusiasmo; mientras que las emociones de baja excitación abarcan sentirse contento, aburrido, relajado, sereno, triste, tranquilo, decaído, soñoliento, satisfecho, melancólico, complacido, o pacífico.

Luego, no es simplemente que los estadounidenses estén más empeñados en buscar la felicidad, también hay un listón muy alto sobre la intensidad con la que se supone se siente la felicidad. "Los occidentales valoran más las emociones de alta excitación que los orientales, por ello promueven actividades que provocan emociones de alta excitación", señaló Lim. "Incluso los niños de Occidente aprenden a través de los cuentos que las emociones de alta excitación son ideales, y lo contrario es cierto para los niños de Oriente".

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Para mí es reconfortante saber que al menos una cultura puede aceptar y abrazar mi pesimismo, que el desprecio por las personas con mi temperamento no es universal.

Tal vez nunca sea capaz de interiorizar completamente el concepto de que está bien estar triste, pero sí sé que necesito ser más amable conmigo misma, y preocuparme menos cuando no cumplo mis propias expectativas emocionales o las de la sociedad.

Tal vez no necesito estallar de gozo. Tal vez estar contenta puede sentirse igual de bien.

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