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¿Qué pasa cuando una mujer es mentora de hombres en el trabajo?

Orientar a un asesorado para la toma de decisiones y ayudarlo a encontrar la opción que más le convenga es exactamente la definición de buena mentoría.

(CNN) - Estamos acostumbrados a ver a los hombres como mentores: de otros hombres y de jóvenes mujeres, pero a medida de que más mujeres alcanzan posiciones de liderazgo, también estamos viendo un número creciente de mujeres fungir como mentoras de sus pares.

Pero hay una relación mentor-asesorado con la que no estamos familiarizados: mujeres mayores que asesoran a hombres jóvenes.

"Para ser honesta, la mayoría de las investigaciones se centran en la mentoría que dan los hombres a las mujeres. En cambio hay poca investigación que analiza lo contrario: una mujer que asesora a un hombre, porque hay más hombres en las posiciones de liderazgo, por lo que es más probable que ellos sean los mentores", dice Andromachi Athanasopoulou, profesora de comportamiento organizacional en la Universidad Queen Mary de Londres.

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Sin embargo, hay algo acerca de estas relaciones que los expertos dicen que es diferente, sobre todo para el hombre que está siendo asesorado o recibe la mentoría.

Cuando Lori Taylor, vicepresidenta en la división de riesgos de Goldman Sachs, regresó al trabajo después de un receso de seis años para criar a sus hijos, notó que los empleados de ambos sexos se acercaban a ella para pedirle consejo sobre cómo equilibrar las responsabilidades del trabajo y el hogar.

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“Hay algunos hombres que trabajan para mí que tienen largas jornadas y trayectos, y les pregunto ‘¿Quieres trabajar desde casa un día a la semana?'. Hablamos mucho sobre la flexibilidad y las opciones que puedes crear para ti mismo”, cuenta.

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Las mujeres como mentoras

Parte de la razón por la que no vemos tanto estas relaciones es porque las mujeres líderes todavía son relativamente raras. Un estudio reciente de McKinsey & Co. y LeanIn.org señala que las mujeres no son ascendidas a la gerencia tan rápido como sus colegas masculinos. Como resultado, hay menos oportunidades para que las mujeres guíen a los trabajadores junior de cualquier género.

Pero la investigación también muestra que, dado que los hombres y las mujeres son educados de manera diferente (los hombres son más agresivos y asertivos, las mujeres más sumisas y cuidadoras), abordan las relaciones mentor-aprendiz desde perspectivas completamente diferentes.

A las mujeres se les "permite" hacer más preguntas sobre los sentimientos, dice Valerie Schwiebert, profesora de mentoría en la Western Carolina University y autora del libro Mentoring: Creating Connected Empowered Relationships.

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"Los hombres, cuando hacen mentoría, están muy centrados en ‘Así es como subimos la escalera. Estos son los pasos. Deberías conocer a esta persona. Esto es lo debes hacer’. No hay mucho enfoque en cómo te sientes al respecto, en qué necesitas, qué es importante para ti", dice Schwiebert.

Las mujeres también tienen más probabilidades de preocuparse por la química en estas relaciones, dice Athanasopoulou. Los hombres serán mentores de un empleado subalterno sin pensar mucho en la relación o el vínculo. En cambio, las mujeres pasarán más tiempo tratando de establecer esa confianza en la base de la relación.

"Cuando las mujeres hablan de asesorar o dar mentoría a otra persona, tienden a considerar la mentoría como un proceso de dos vías", dice. Los hombres son más proclives a verlo como una transacción y no tanto como una relación, comenta.

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Los hombres como aprendices

Los mensajes que recibimos sobre el género no solo determinan la forma en que damos la mentoría, dice Schwiebert. También cambian la forma en que se recibe.

Mientras que las mujeres han sido socializadas para “cuidar” y "preocuparse de otros" en el lugar de trabajo, los hombres han sido socializados para valorar los ascensos y otros símbolos del éxito.

"Existe esta expectativa de que deberías querer ascender lo más lejos que puedas. Es un lugar vulnerable para que los hombres hablen sobre cosas como ‘Tal vez no quiero ganar mucho dinero, tal vez quiero quedarme donde estoy’", dice Schwiebert.

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Señala un ejemplo de su investigación, donde a un consejero escolar hombre se le ofreció un ascenso a un puesto administrativo, uno que lo pondría en camino de convertirse algún día en director o superintendente. Amaba su trabajo actual, pero sabía que debía querer subir de escalafón, pues significaba más prestigio y más poder. Cuando les preguntó a las mujeres mentoras su opinión lo ayudaron a ver la experiencia desde otro ángulo.

"Le dijeron: ‘Eres muy bueno con los estudiantes. Los amas tanto. Si te conviertes en un director y lo aceptas, ¿es eso lo que quieres?, ¿quieres continuar y ser administrador y hacer cambios a nivel administrativo, o tu verdadera pasión es trabajar con los niños?'. Él terminó rechazando esa posición, porque su decisión fue que realmente quería centrarse en lo que amaba, recuerda Schwiebert.

Para la experta, orientar a un asesorado a través de ese tipo de toma de decisiones y ayudarlo a encontrar la opción que más le convenga es exactamente la definición de buena mentoría.

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