“No todas las tecnologías son para todos los países. Por ejemplo, imagina en una ruta a gas en Veracruz-México, donde tienes que ascender 250 kilómetros a más de 3,000 metros sobre el nivel del mar, y en el último tramo de la ruta, bajar a 2,400 metros hacia la Ciudad de México. El gas no tiene la capacidad de potencia para darte un rendimiento óptimo en condiciones extremas, cosa que el diésel sí te da”, ejemplifica el directivo.
Limitar a los potenciales clientes sobre en qué escenarios pueden utilizar determinados tipos de vehículos limitaría sus operaciones, por lo cual la armadora busca tecnologías que tengan un abanico más amplio de utilización y rentabilidad, indica Rivera. Por ello, el directivo –ingeniero eléctrico y mecánico de profesión– es tajante: el salto será prácticamente directo de diésel a electricidad.
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“El auto de pasajeros como híbrido tiene muchísimo tiempo. Cuando empezaron a salir hubo dos: a base de gas y diésel. Todo mundo pensaba que la industria de pasajeros iba a migrar en siete a 10 años a vehículos eléctricos. De eso hace más de 10 años, y el porcentaje de eléctricos sigue siendo muy pequeño. Esto se debe a las implicaciones que la incorporación de una nueva tecnología tiene”, enfatiza.
Para el siguiente año, Rivera considera necesario que “algo ocurra” con la NOM-044, pero teniendo esta variable –y otras como el dinamismo macroeconómico y la inflación–, estima que será muy parecido a 2019.
Entre otros planes que la compañía tiene en puerta, está aumentar en 20% sus puntos de venta durante los siguientes dos años, con lo cual cerraría 2021 con casi 100 instalaciones, en donde el reto continuará siendo conservar la confianza del cliente.
“Nadie compra un camión en un concepto de corto plazo. Son una inversión a mediano y largo plazo, y entre mayor certidumbre tengas de la efectividad que vas a tener en tu inversión, es mayor confianza para ti y para el cliente”, concluyó.