A los 50 no suele pasar de golpe. No hay un día en que alguien llegue a la oficina y diga “ya envejecí”, pasa distinto. Empieza con cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y las juntas se alargan más de lo normal, mientras que la paciencia dura menos y el rendimiento cae sin explicación.
Las empresas lo registran como una disminución en la productividad. El problema es que muchas veces no es desempeño, es biología. El estudio “Edadismo y andropausia en el entorno laboral” del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED), Sin Reglas Mx e Identa Consultores halló que la edad ya opera como un filtro laboral cotidiano.
Una de cada cuatro personas afirma haberse sentido discriminada por su edad en el trabajo, dato relevante porque coincide con otro fenómeno que casi no se discute en las oficinas: las transiciones hormonales.