Ese nuevo tipo de expectativas explica la siguiente transformación. Los beneficios dejaron de ser un incentivo y se volvieron una herramienta de permanencia.
En L’Oréal México el 68% de la plantilla está compuesta por mujeres y el 57% ocupa posiciones estratégicas. La empresa ofrece licencias parentales pagadas de 14 semanas para maternidad y 6 para paternidad, cobertura médica que reembolsa al menos 75% de gastos por enfermedades graves y hasta 24 meses de salario en caso de discapacidad.
El objetivo no es reputacional, es organizacional. “El liderazgo actual debe ser humano, nuestra responsabilidad es brindar apoyo integral”, advierte Muñoz.
La permanencia, explica, depende de la seguridad psicológica. Un colaborador que se siente protegido permanece y rinde mejor; sin embargo, no todas las empresas lo logran. Muchas confunden beneficios visibles con cultura. “El error más común es confundir la empatía con la simpatía o con beneficios superficiales”.
La verdadera empatía no consiste en perks -beneficios adicionales al salario y a las prestaciones legales- sino en revisar cargas de trabajo, escuchar y actuar sobre las causas del estrés laboral.
A partir de ahí aparece otro reto. El temor empresarial suele centrarse en la inteligencia artificial. Sin embargo, el riesgo es distinto. “El riesgo no es que la tecnología reemplace a las personas, sino que las personas que no saben usar la tecnología queden rezagadas”.
Para Muñoz, el desafío no es la automatización, es la capacitación. El futuro laboral dependerá más de la capacidad de aprender que de la profesión original.
Ese cambio termina por redefinir la estrategia corporativa. El crecimiento ya no depende solo de innovación o marketing, depende de cultura organizacional.
Las empresas ya no ganan únicamente por su producto, ganan por su gente. Antes la pregunta eje era cómo vender más, ahora es a quién logran convencer de trabajar ahí.