La brecha que una tienda no puede cerrar sola
El reto, sin embargo, es mucho más grande que una sola tienda. Aunque el programa busca impactar a 1,000 mujeres en tres años, la brecha que enfrenta México sigue siendo estructural y atraviesa desde los cuidados hasta la violencia y las condiciones laborales.
Fernanda García, directora de Sociedad Incluyente en el IMCO, recordó que solo 46% de las mujeres en México tiene un empleo, frente a más de 75% de los hombres, una de las diferencias más amplias de América Latina.
Además, una de cada cuatro mujeres no tiene ingresos propios, una cifra que deja ver el tamaño del problema cuando se habla de autonomía económica. “No tener ingresos implica no tener libertad para tomar decisiones”, señaló.
Desde su perspectiva, iniciativas como la de Starbucks funcionan como catalizadores para acercar herramientas, redes y acompañamiento, aunque el verdadero cambio requiere medidas mucho más profundas a nivel país.
“Si queremos cerrar la brecha económica, necesitamos atender la desigualdad de cuidados”, explicó. Para García, México sigue arrastrando una ausencia histórica: no existe una política nacional de cuidados ni una institución pública encargada de coordinar servicios para niños, adultos mayores o personas con discapacidad.
Esa ausencia termina impactando directamente la vida laboral de millones de mujeres. Muchas no trabajan porque no tienen con quién dejar a sus hijos o porque no encuentran guarderías accesibles, cercanas o con disponibilidad.
A eso se suma otro fenómeno que comienza a tensar nuevamente la participación femenina en el trabajo: el regreso a la presencialidad. El IMCO analizó a 200 empresas que cotizan en bolsa y encontró que hace algunos años 37% ofrecía esquemas flexibles, mientras que hoy la cifra cayó a 18%.
“Las empresas están regresando a modelos más presenciales y eso puede limitar el tipo de empleo al que acceden las mujeres”, advirtió.
La violencia también aparece como otra barrera silenciosa. García explicó que el miedo al acoso o a las agresiones en el transporte limita la movilidad de muchas mujeres y, con ello, las oportunidades laborales a las que pueden aspirar.
Aunque algunas empresas han avanzado con protocolos contra la violencia o programas de capacitación, el IMCO detecta que todavía faltan medidas estructurales como políticas de igualdad salarial, flexibilidad laboral o mecanismos que eviten que las mujeres abandonen sus carreras por la carga de cuidados.
Por eso, proyectos como el de Starbucks y Fundación Marisa funcionan más como una pieza dentro de una conversación a nivel macro. Una que no solo habla de empleo, sino de tiempo, seguridad, autonomía y de quién carga hoy con el peso invisible de sostener una casa mientras intenta construir una vida profesional.