Dentro de este advierte que la riqueza se concentra cada vez más en una pequeña élite conformada por 22 milmillonarios, quienes acumulan una fortuna conjunta de 219,300 millones de dólares, equivalente al tamaño de las economías de Jalisco y Guanajuato juntas.
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Los cuatro empresarios que concentran parte de la mayor riqueza del país
El informe señala que la concentración de la riqueza no responde únicamente al éxito empresarial, sino también a un modelo económico que ha permitido que las grandes fortunas crezcan mucho más rápido que la economía nacional.
En ese escenario aparecen cuatro nombres que desde hace años figuran entre los empresarios más ricos del país:
Carlos Slim Helú
El primero es Carlos Slim Helú, presidente honorario de América Móvil y Grupo Carso, cuya participación en sectores como telecomunicaciones, infraestructura, construcción, comercio y servicios lo ha convertido durante décadas en la persona con mayor patrimonio de México. Según el informe, su fortuna alcanzó 107,100 millones de dólares en 2025 y, desde 2020, aumentó en promedio 273 dólares por segundo, lo que implica que diariamente ganó 23,650,891 dólares diarios.
Carlos Slim
Germán Larrea
Otro de los principales integrantes de esta élite es Germán Larrea, presidente ejecutivo de Grupo México, conglomerado con operaciones mineras, ferroviarias y de infraestructura. En los últimos cinco años, Larrea logró multiplicar su fortuna 2.4 veces.
Es dueño de Grupo México, la empresa responsable del derrame de una mina de cobre en Sonora.(Foto: Moisés Pablo/Cuartoscuro)
Baillères
La lista también incluye a la familia Baillères, heredera del Grupo BAL, uno de los conglomerados privados más diversificados de México. Bajo este corporativo se encuentran empresas como Industrias Peñoles, Fresnillo plc, Grupo Nacional Provincial (GNP), Profuturo y El Palacio de Hierro, además de inversiones en salud, educación y servicios financieros.
(Alfredo Pelcastre / Mondaphoto)
Aramburuzabala
La cuarta figura entre los milmillonarios es María Asunción Aramburuzabala, empresaria e inversionista que consolidó su patrimonio tras la participación de su familia en Grupo Modelo y que actualmente encabeza Tresalia Capital.
María Asunción Aramburuzabala se mantiene desde hace años como la mujer más rica de México.(Jesús Almazán)
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El número de milmillonarios creció, pero también lo hizo la desigualdad
A noviembre de 2025, el país registra 22 milmillonarios, la organización señala que nunca antes habían sido tantos ni habían concentrado tanta riqueza.
Entre 1996 y 2025, el número de milmillonarios pasó de 15 a 22 personas, mientras que el valor conjunto de sus fortunas aumentó de 52,300 millones de dólares a 219,300 millones, es decir, se multiplicó 4.2 veces en apenas tres décadas, con un crecimiento promedio anual real de 8.8%.
Más allá del crecimiento, el informe analizó los perfiles de quiénes conforman esta élite económica y se encontró que su edad promedio es de 71 años, únicamente tres son mujeres y tres de cada cuatro heredaron su patrimonio.
Además, el 1% más rico de la población, alrededor de 1.3 millones de personas, concentra el 40% de la riqueza privada y recibe el 35% del ingreso nacional. En contraste, 38.5 millones de personas viven con ingresos inferiores a la línea de bienestar, 18.8 millones no tienen acceso a una alimentación nutritiva y 21 millones de mujeres realizan diariamente jornadas completas de trabajo de cuidados no remunerados.
Según Oxfam, desde 1996 por cada peso que creció la economía mexicana, el patrimonio de los milmillonarios aumentó aproximadamente el doble, permitiendo que las grandes fortunas avanzaran a un ritmo muy superior al del ingreso promedio de la población.
Conseguir una "democracia económica"
Entre las medidas planteadas por Oxfam se encuentran fortalecer el papel de la banca de desarrollo para financiar pequeñas y medianas empresas, incrementar la inversión pública en infraestructura, ampliar los sistemas nacionales de cuidados para reducir la carga que recae sobre las mujeres, fortalecer la inspección laboral y ambiental, mejorar la gobernanza del agua y revisar la responsabilidad fiscal de las grandes fortunas.
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Además, explican, se deben evaluar las inversiones públicas y privadas no únicamente por su rentabilidad económica, sino por su impacto en la generación de empleo, la reducción de desigualdades, la igualdad de género y la sostenibilidad ambiental.
A partir de esto se las políticas públicas mexicanas deberán dirigirse a mantener un modelo donde la riqueza continúa concentrándose en una pequeña élite económica o avanzar hacia una "democracia económica", en la que los beneficios del lleguen de manera más amplia entre la población.