“Ante la pregunta de ‘iría a comer un restaurante’, nos encontramos con que el 15% de los mexicanos dicen que irán en cuanto abran, otro 15% dice que no lo hará sino hasta que haya una vacuna. Pero en el medio hay un 70% que responde: sí, pero solo si siento que el lugar es seguro”, dice Germán González, vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentado (Canirac), durante el foro ‘Reapertura segura en la nueva realidad’.
Debido a esto, y luego de nuevas evidencias sobre la posible propagación del coronavirus causante del COVID-19 vía aérea en espacios cerrados, los restauranteros han empezado a sacar mesas a las calles y ofrecer el servicio al aire libre. “¿Qué estamos haciendo para dar esta sensación de seguridad? Pues nos estamos volcando a las aceras. La mejor estrategia hoy es la de tomar la banqueta. Hemos hecho acuerdos con las diferentes alcaldías para que podamos tomar la calle para montar las mesas, con la separación recomendada”, dice González.
Sin menús impresos y sin música
El sector restaurantero ahora opera bajo un protocolo diseñado a partir de experiencias internacionales, sobre todo de Europa y Estados Unidos, de recomendaciones hechas por universidades, por la Organización Mundial de la Salud, por la Secretaría de Salud y por el Instituto Mexicano del Seguro Social.
“México va cuatro o seis semanas atrás que Europa y eso nos ha dado una ventaja en el tiempo: nos ha permitido entender un poco más cómo se propaga el virus, cómo funciona y aprender de las experiencias de otros países”, dice González.
El protocolo al que ahora se ciñe el sector es “un documento vivo” que se actualiza constantemente para mitigar el riesgo de contagio y hacer más seguro ir a las mesas de los restaurantes. Los tres pilares que lo sostienen, dice González, es el lavado frecuente de manos, cubrirse nariz y boca con mascarilla y careta, y mantener la distancia entre personas.
Otras medidas tomadas en los sitios de comida son mantener una distancia de metro y medio entre mesas, sustituir el menú impreso por otro cargado en un código QR, quitar los salseros que se solían poner al centro de la mesa, usar manteles desechables y restringir el sonido ambiente, ya que a mayor ruido, las personas elevan su tono de voz y llegan a salpicar más gotas de saliva.