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La falta de compromiso laboral cuesta 438,000 mdd a las empresas en el mundo

Solo 21% de los trabajadores se declara realmente involucrado; el fenómeno, ligado a liderazgo débil y altos niveles de estrés, impacta productividad, rotación y rentabilidad.
mié 04 marzo 2026 05:55 AM
No 'ponerte la camiseta' en el trabajo crea un problema de 438,000 mdd a las empresas
Los equipos con alto compromiso alcanzan hasta 23% más rentabilidad, presentan 18% menos rotación y registran 81% menos ausentismo, según Gallup. (iStock)

La desmotivación en el trabajo es un problema financiero. Se reconoce en conductas simples, entre ellas que el empleado cumple un horario, responde correos y asiste a juntas, pero deja de proponer y evita responsabilidades adicionales. Es decir, permanece en su puesto, aunque su participación real es mínima.

El costo de la falta de compromiso laboral es medible. Según el informe State of the Global Workplace 2025 de la firma de análisis Gallup, solo 21% de los empleados en el mundo afirma sentirse comprometido con su trabajo y esa desconexión genera pérdidas superiores a 438,000 millones de dólares en productividad.

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El reporte también muestra que el problema no es uniforme, aunque sí estructural. En América Latina el nivel de compromiso ronda 31%, por encima del promedio global, pero aun así lejos de un entorno saludable.

Además, cuatro de cada diez empleados admiten haber experimentado altos niveles de estrés, un indicador que ayuda a explicar por qué la energía mental disponible para trabajar se ha convertido en un recurso escaso.

La falta de compromiso tampoco responde a una generación específica. El estudio señala que el nivel de engagement es prácticamente el mismo entre trabajadores menores y mayores de 35 años, lo que confirma que la desconexión atraviesa rangos de edad y etapas profesionales.

Asimismo, el problema no está en la cantidad de horas trabajadas, está en el nivel de atención y participación que la persona aporta a la organización. Juan Pablo Ventosa, especialista en liderazgo organizacional, explica que las empresas suelen gestionar solo lo que pueden observar.

“Las organizaciones se enfocan en métricas operativas y financieras, pero dejan de lado señales igual de relevantes como la confianza interna, la percepción de justicia o la calidad del liderazgo. Cuando esos intangibles no se gestionan, influyen en sentido contrario a los objetivos corporativos”, dice el socio fundador de Human Performance y profesor de EGADE Business School.

La propia medición de Gallup apunta hacia los liderazgos. A nivel global, apenas 27% de los mandos se declara comprometido, una caída que termina trasladándose a sus equipos y amplificando el problema.

A partir de ahí aparecen efectos concretos como el aumento de la rotación, del ausentismo y del quiet quitting, empleados que permanecen en su puesto, pero reducen su involucramiento al mínimo indispensable.

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La reacción habitual ha sido incrementar controles, reportes y herramientas tecnológicas, aunque el efecto suele ser limitado porque el origen no está en los procesos, sino en la relación entre líder y equipo.

“El compromiso no surge de un dashboard, surge de la calidad de la presencia del líder, de su capacidad de escuchar y de generar un propósito que trascienda lo operativo”, menciona el especialista.

El fenómeno también cambia cómo se entiende la productividad. Durante años se relacionó con salario, incentivos o supervisión, pero las organizaciones comienzan a medir factores menos visibles como la seguridad psicológica, el sentido de pertenencia y la percepción de equidad interna, variables que no aparecen en los estados financieros, pero sí impactan en los resultados.

Los datos también muestran el efecto contrario, ya que los equipos con alto compromiso alcanzan hasta 23% más rentabilidad, presentan 18% menos rotación y registran 81% menos ausentismo, según Gallup.

La consecuencia es que un empleado desconectado no solo reduce su rendimiento individual, también deteriora la colaboración, limita la innovación y afecta la experiencia del cliente, impactos que terminan reflejándose en ventas, costos y crecimiento.

Por eso la conversación deja de pertenecer únicamente a recursos humanos y empieza a instalarse en la dirección general. “Liderar hoy implica medir lo que realmente importa para el desempeño humano. Quien aprenda a gestionar lo que no ve, controlará mejor lo que sí”, advierte Ventosa.

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